Las protestas se extienden en China contra la política de covid cero

INTERNACIONALES Por Guillermo ABRIL |Inma BONET BAILÉN
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Las protestas contra el férreo cerrojazo antipandémico comienzan a extenderse en China. Jóvenes y estudiantes lideraron el sábado por la noche varios focos de manifestaciones en distintos puntos del país, con el epicentro en Shanghái. Sosteniendo folios en blanco, que se han convertido en el símbolo de estas protestas, y al grito de “¡queremos libertad!” o “¡abrid China!”, cientos de residentes del centro financiero del gigante asiático se congregaron en la calle Urumqi, homónima de la capital de la región de Xinjiang, donde el jueves murieron 10 personas en el incendio de un edificio. Según atestiguan numerosos vídeos que han circulado a toda velocidad en redes sociales, de pronto, comenzaron a escucharse duros mensajes contra el Partido Comunista chino y su líder, el presidente Xi Jinping, al que le han reclamado que dé un paso atrás con un “¡Xi Jinping! ¡Dimisión!”, algo que hasta hace poco parecía raro y extraordinario en el gigante asiático. Con la mecha prendida, ya este domingo las protestas han llegado a la capital del país. Cientos de personas se han congregado en Pekín con proclamas como “¡No queremos PCR, queremos libertad!” junto al río Liangma, rodeados por un fuerte despliegue policial. Pasada la medianoche, hora local, las manifestaciones continuaban, pero con menor fuelle. Y en el aire flotaba la incógnita de si las protestas seguirán ganando intensidad en los próximos días.

La elección de la ubicación para la concentración de Shanghái, que ha reunido a entre 500 y 1.000 personas ―según el recuento de un reportero europeo sobre el terreno―, no es casual. El cansancio y la ira acumulada tras casi tres años de estricta política de covid cero necesitaban de una chispa, y esa parece haber sido la tragedia ocurrida esta semana en Urumqi. Una parte de la población ha interpretado que las 10 víctimas del incendio podrían haberse salvado si no se hubieran aplicado las medidas sanitarias que mantenían la zona semiconfinada y protegida con barreras que impidieron a los bomberos llegar a tiempo. Las imágenes del edificio en llamas y las llamadas de auxilio desde su interior han hecho estallar las redes sociales chinas, que desde el jueves reclaman a las autoridades una relajación de los protocolos antipandémicos.

“Hemos querido tomar el relevo, aportar nuestra parte”, dice en Pekín, entre el barullo de gritos, una mujer de 32 años, que solo se identifica como T. Tras ver en redes sociales publicaciones de las protestas en otras ciudades, ha querido sumarse para hacer oír “una voz mutua”, “una voz alta que despierte al pueblo”. Unos mechones de pelo teñido asoman bajo la capucha de la sudadera. Cuenta que es música en una banda. Habla buen inglés. Y no tiene mucha esperanza de que logren cambiar nada porque quienes tienen que oírles “no escuchan”. “Personalmente, estoy en contra del régimen de Xi”, zanja, mientras los manifestantes comienzan a entonar La internacional.

 

Himno nacional

La mezcla de cánticos es llamativa. En un altavoz que alguien ha traído se escucha aquel tema épico que compuso David Bowie: “We can be heroes just for one day [podemos ser héroes solo por un día]”. “¡Freedom, freedom! [libertad]”, gritan en un momento en inglés. De pronto, la multitud canta el himno nacional chino, de poderosa letra antiesclavista. Y luego regresan a las consignas más repetidas: “¡Terminad con los confinamientos, terminad con las medidas anticovid!”, “¡no queremos ser esclavos, queremos ser ciudadanos!”. A Yang Mai, de 31 años, lo empujan en silla de ruedas sus amigos. Lleva la pierna escayolada, pero dice que era su “responsabilidad como artista” estar presente y “alzar su voz”. Según Yang, no se veía una protesta similar “desde hace 30 años”, en referencia a las revueltas estudiantiles de Tiananmen que acabaron con una matanza en 1989. “Bajo las circunstancias actuales, tenemos que tomar acciones”, dice.

“Queremos volver a tener una vida normal”, dice otro de los manifestantes, un estudiante de 22 años, que da el nombre de Peach para identificarse. Lleva un taco de folios en blanco bajo el brazo, para extender al resto. Muchos lo alzan mientras caminan por la calle, envueltos en todo momento por la policía, que guarda calma y no interviene, pero sí marca territorio. El tipo del taco de folios explica que quieren hacer de este color un símbolo equivalente al arcoíris para el movimiento LGBT: el blanco es una referencia a la censura y a la vez un mensaje que no puede ser ahogado.

Periodistas extranjeros están informando este domingo a través de Twitter de que se ha iniciado una nueva manifestación improvisada contra la policía en la calle shanghainesa donde el día anterior se celebraron las concentraciones. Varias personas han acudido con flores al lugar, que los agentes no les han dejado depositar en el suelo. La multitud está pidiendo la liberación de los detenidos, según las imágenes que se están compartiendo en directo. También circulan vídeos de una enorme marcha en Wuhan, la primera ciudad del planeta en la que se detectaron casos de covid-19. Cientos de personas han salido a la calle para mostrar su oposición a las medidas, y algunos están derribando planchas de chapa colocadas delante de zonas confinadas.

Las protestas que comenzaron el viernes por la noche en las calles de Urumqi se han extendido especialmente por las Facultades de Imagen y Comunicación de grandes urbes como Nanjing, Xi’an, Chengdu o Guangzhou, donde se han congregado estudiantes en vigilias por los fallecidos de Xinjiang. Las concentraciones han dejado emotivas imágenes en las que decenas de jóvenes coreaban al unísono “larga vida al pueblo” y cantaban La Internacional, mientras encendían las luces de sus teléfonos móviles. Las protestas recuerdan a las que se organizaron tras la muerte por covid de Li Wenliang, uno de los primeros médicos que alertó en Wuhan sobre la aparición de un nuevo virus contagioso, cuyos mensajes fueron acallados de inmediato.

En Pekín, uno de los primeros conatos de protesta ha arrancado a mediodía (hora local) de este domingo, cuando una multitud de estudiantes se ha concentrado en la prestigiosa Universidad Tsinghua, para reivindicar “libertad de expresión” y “democracia como Estado de derecho”. Los campus de las grandes ciudades de China tienen el acceso y la salida de los estudiantes muy restringida desde el inicio de la pandemia.

Además del folio en blanco, entre los manifestantes también se ha extendido el uso de mascarillas con la inscripción “404″, en referencia a la recurrente censura en redes de todo tipo de mensajes relacionados con incidentes relativos a la pandemia. 404 es el código de error que más aparece estos días al intentar abrir una página o un archivo en las publicaciones de WeChat o Weibo. Incluso algunos versos de La Marcha de los Voluntarios, el himno nacional, han sido bloqueados por ser parte de los cánticos más comunes.

 

China pisa territorio desconocido

La tragedia de Xinjiang ha aumentado la ira de la población en un momento en que China pisa territorio desconocido al registrar la mayor cifra de contagios desde el inicio de la pandemia [el sábado, registró 307.802 casos sintomáticos en el territorio continental y 39.791 nuevas infecciones, el cuarto récord diario consecutivo, según las cifras difundidas este domingo por la Comisión Nacional de Salud, informa Reuters]. Tres años después de que se detectaran los primeros casos, el Gobierno chino continúa empeñado en implementar duros confinamientos y testeos masivos para contener la transmisión del virus. Durante este tiempo, la amplia mayoría de la población ha aceptado que este control era necesario para evitar las altas cifras de fallecidos que se han registrado en Estados Unidos, India o Europa, pero la paciencia parece haber llegado a un límite este año, cuando se está viendo que otras naciones, tras promover la vacunación, han regresado a una vida similar a la anterior a 2020, incluso si continúan registrando infecciones.

Este domingo, el Diario del Pueblo, el principal periódico del Partido Comunista, publica un editorial en el que enfatiza la necesidad de perseverancia y llama a continuar adhiriéndose a la política de covid cero. Una buena parte de los residentes de Pekín se encuentran en estos momentos encerrados en sus casas, y los restaurantes, parques y colegios clausurados, mientras cada día se superan las cifras de positivos. Grandes ciudades como Guangzhou y Chongqing están prácticamente confinadas por completo.

Fuente: El País

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