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La crisis de los 40

OPINIÓN 15/12/2023 Luis Mendelberg*
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La crisis de los 40 es un período de cuestionamiento personal signado por la frustración por no haber estado a la altura de las propias expectativas. Los síntomas incluyen la irritabilidad, el bajo estado de ánimo y la necesidad de cambios de estilo de vida. El 10/12, cuando Milei asumió como nuevo presidente, se cumplieron 40 años de que Alfonsín hiciera lo propio, inaugurando el período democrático. Las expectativas eran altas: “con la democracia se come, se cura y se educa”, prometió en su discurso de asunción. La frustración, cuatro décadas después, también es alta en este “período de cuestionamiento personal”.

En 2019, CNN hablaba de “primavera latinoamericana” cuando varios países de la región sufrían manifestaciones en las calles que derivaron en terremotos políticos. Los pueblos se movilizaron para expresar su insatisfacción, cada uno a partir de distintos detonantes. Sin embargo, la Argentina no tuvo un estallido masivo en las calles en el cual los ciudadanos manifestaran su disconformidad.

No faltaron razones para que los argentinos salieran a protestar: Argentina es el país con el menor crecimiento de PBI per cápita en los últimos 40 años, comparada con los países de la primavera latinoamericana. Medido en dólares a precios constantes, la economía argentina creció un 34%, parejo con el 37% de Ecuador. Brasil, con un rendimiento magro, registra un 57%, mientras que Bolivia creció un 74%. Perú, Colombia y Chile superaron el 100%. Si miramos la variación del IDH, la inflación o la pobreza, la foto es similar: Argentina tiene resultados por debajo de sus pares desde el retorno de la democracia, la cual traería alimentación, salud y educación pero viene fracasando en entregarlas.

Podríamos pensar a la Argentina como una olla a presión que desde hace años genera en su interior más y más calor. Las protestas en las calles chilenas y las destituciones de presidentes peruanos funcionaron como válvulas de escape que largaron el vapor que concentraban sus ollas. En Argentina no tuvimos procesos similares, por lo que la olla acumula vapor y presión desde hace años. No debería sorprender que los ciudadanos eligieran, otra vez, reemplazar a un gobierno sin darle la posibilidad de reelegir. La alternancia podría, contraintuitivamente, calentar más la olla: el hecho de haber tenido gobiernos de distintos colores políticos y que ninguno frenara la decadencia sumó a un sentir generalizado de irritabilidad, bajo estado de ánimo y necesidad de cambios de estilo de vida.

La victoria de Milei funciona como la válvula de seguridad de la olla, encargada de liberar la presión cuando algo funciona mal. Milei libera presiones porque es, dentro de la democracia, la forma más extremista que encontraron los argentinos para decirle a sus gobernantes que estaban enojados y desilusionados con ellos. Si el péndulo político oscilaba entre peronismo y antiperonismo, Milei viene a inaugurar una nueva dimensión: sistema - antisistema. Salir de la vieja dimensión es liberar un poco del calor que volvía a la olla un explosivo en potencia.

La victoria de Milei podría ser consecuencia de no haber liberado el vapor a tiempo, cuando la región lo hacía en 2019. Es tal la dimensión del enojo, tan poderosa la crisis, que, pese a haber elegido una válvula de seguridad, la olla todavía quema. Si el gobierno fracasa en mejorar la calidad de vida de los argentinos, la temperatura seguirá subiendo peligrosamente. El péndulo, que abandonó su antigua dimensión, tendría que o bien volver a una opción sistémica (como sucedió en Estados Unidos y Brasil), o bien pasar a una nueva dimensión que desconocemos, descartando la opción antisistémica que representa Milei. El éxito de Milei, entonces, se vuelve crucial para bajar la temperatura de una olla que pasó hace rato el punto de ebullición.

La Argentina enfrenta su crisis de los 40 en un momento bisagra. Parada frente al espejo que refleja el paso del tiempo, la sociedad se reconoce vieja, lenta, sabe que no es como pensó que sería cuando llegara aquí. Entonces decide cambiar, bajo la esperanza de que los próximos cuarenta años sean mejores que los últimos. Porque como cualquier otra, la crisis de los 40 también es una oportunidad: la oportunidad de vivir mejor. Veremos en qué lugar de la historia nos encuentran los próximos cuatro años y, sobre todo, los próximos cuarenta.

 

 

* Para www.infobae.com

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