


La CGT se prepara para dar batalla contra la reforma laboral y tensar su interna
POLÍTICA Agencia de Noticias del Interior
- La CGT buscará frenar o modificar la reforma laboral de Milei durante enero.
- La conducción cegetista es mayoritariamente dialoguista, pero convive con un ala dura.
- Habrá presión sobre gobernadores y legisladores para bloquear la sanción del proyecto.
- El Gobierno es interpelado a través de canales políticos informales para atenuar la reforma.
- Un nuevo paro general en marzo aparece como escenario probable.
- El conflicto sindical se cruza con la disputa electoral rumbo a 2027.
La Confederación General del Trabajo (CGT) encara el inicio de 2026 con un objetivo prioritario: intentar torcer el rumbo de la reforma laboral impulsada por el presidente Javier Milei. La estrategia sindical combina negociación, presión política y la amenaza latente de un nuevo paro general, en una carrera contrarreloj atravesada por la propia interna cegetista y por el trasfondo de la disputa electoral que ya empieza a proyectarse hacia 2027.
Durante enero, la central obrera buscará forzar cambios sustanciales en el proyecto oficial y, aun si logra atenuar algunos de sus artículos más conflictivos, trabajará para impedir su sanción tal como fue concebida por el Gobierno. El desafío no es menor: la conducción actual de la CGT, definida el 5 de octubre pasado, tiene un perfil mayoritariamente dialoguista, pero convive con un ala dura que rechaza de plano cualquier reforma laboral y presiona por una escalada de protestas.
El triunvirato integrado por Octavio Argüello, Jorge Sola y Cristian Jerónimo expresa ese sesgo negociador. Detrás de ellos gravitan dirigentes de peso que marcaron el rumbo de la CGT en los últimos años. Hugo Moyano respalda a Argüello; “los Gordos” Héctor Daer y Armando Cavalieri promovieron a Sola; y Gerardo Martínez, junto a un sector ferroviario liderado por Sergio Sasia, fue clave para el ascenso de Jerónimo. Se trata de un núcleo sindical habituado al diálogo con los gobiernos de turno, aunque no exento de tensiones internas. Daer, por ejemplo, sostiene una postura más confrontativa frente a la administración Milei, una actitud que sus adversarios atribuyen a su alineamiento político con Axel Kicillof.
Dentro del Consejo Directivo de la CGT, integrado por 36 sindicatos, al menos diez se identifican con posiciones abiertamente opositoras. Allí conviven gremios alineados con el kirchnerismo, como la UOM y los bancarios; sindicatos del transporte, como Dragado y Balizamiento, Aeronavegantes y La Fraternidad; y organizaciones enfrentadas de lleno con el Gobierno, como la UATRE, cuya obra social permanece intervenida. Sin embargo, el resto de la conducción, aun con un perfil más moderado, no está dispuesta a pagar costos políticos elevados si la negociación no arroja resultados concretos.
Ese equilibrio inestable explica la estrategia cegetista para enero. La CGT reforzará contactos con gobernadores y legisladores con el objetivo de bloquear los votos necesarios para que el oficialismo sancione la reforma laboral sin modificaciones. Al mismo tiempo, intentará influir en el Ejecutivo a través de sus canales informales con figuras clave del oficialismo, como el asesor presidencial Santiago Caputo y los Menem, Martín y “Lule”, cercanos a Karina Milei, en busca de una versión menos agresiva para el sindicalismo.
Pese a esos esfuerzos, en la central obrera predomina el escepticismo. La experiencia reciente de la Ley Bases funciona como antecedente: aun cuando el Gobierno aceptó eliminar decenas de artículos del capítulo laboral para facilitar su aprobación, la CGT no acompañó la iniciativa. Por eso, incluso si logra desactivar algunos puntos sensibles de la reforma laboral, el escenario más probable es un nuevo paro general hacia marzo, tanto para marcar un rechazo conceptual como para contener las presiones internas del ala dura.
La movilización del 18 de diciembre a Plaza de Mayo dejó una señal clara en ese sentido. Allí, los cotitulares de la CGT advirtieron que, si el Gobierno no accedía a negociar, avanzaría una nueva huelga. El mensaje apuntó a la Casa Rosada, pero también buscó desactivar reclamos más radicalizados dentro de la propia estructura sindical.
El factor político-electoral atraviesa toda la discusión. Sectores de la CGT que apuestan al proyecto presidencial de Kicillof consideran que el endurecimiento sindical puede ser una herramienta para desgastar a Milei. En ese esquema, marzo aparece como un mes clave, con la expectativa de un aumento de cierres de empresas y despidos tras el receso estival. Si el Gobierno insiste en avanzar sin concesiones, dialoguistas y duros coincidirán en un mismo objetivo: frenar la reforma laboral y convertir el conflicto sindical en un obstáculo central para las aspiraciones reeleccionistas del Presidente.





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