Inflación, pesos y febrero: las dudas que reaparecen detrás de los precios

ECONOMÍA Agencia de Noticias del Interior
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  • El aumento de precios de alimentos en febrero reavivó dudas sobre el control de la inflación.
  • La explicación estacional pierde fuerza frente al comportamiento de la carne.
  • Reaparece el temor a la “trampa de febrero” vinculada a la política monetaria.
  • El Gobierno destaca la compra de reservas como señal de fortaleza.
  • Críticos advierten sobre la expansión de pesos y las tasas de interés altas.
  • Los próximos vencimientos de deuda serán una prueba clave para el esquema económico.

La discusión sobre la medición del Índice de Precios al Consumidor volvió a encender alertas en el frente económico y reavivó un interrogante sensible: si la inflación está realmente bajo control o si existen tensiones latentes que aún no se reflejan de lleno en los indicadores oficiales. Esa inquietud encontró un primer respaldo en los relevamientos semanales de precios de alimentos, que muestran para febrero un aumento del 2,5% en el rubro más relevante de la canasta básica.

El dato resulta llamativo porque corta una racha de diez semanas consecutivas con variaciones por debajo del 1%. La brusca aceleración reabrió un debate clásico entre los economistas. Por un lado, quienes buscan explicaciones estacionales; por otro, los que vuelven a poner el foco en la cantidad de pesos en circulación y en el riesgo de una expansión monetaria superior a la demanda real del mercado.

La hipótesis estacional pierde fuerza cuando se observa el comportamiento de la carne, el componente de mayor peso en el índice oficial. Luego del habitual ajuste de fin de año, su variación fue acotada, lo que debilita la idea de un fenómeno típico del verano. En ese contexto, reaparece un concepto conocido en la jerga económica: la “trampa de febrero”, asociada a un relajamiento monetario posterior al pico de demanda de dinero de diciembre, que suele derivar en presiones inflacionarias y cambiarias.

En esta oportunidad, el escenario presenta particularidades. La economía atraviesa un período de fuerte ingreso de divisas por emisiones de deuda corporativa, lo que permitió al Banco Central acelerar la compra de dólares y reforzar las reservas. Desde el Gobierno se describe este proceso como un círculo virtuoso: mayor acumulación de reservas, fortalecimiento del peso y aumento de la demanda de activos en moneda local.

Sin embargo, no todos comparten esa lectura optimista. Una corriente creciente de analistas advierte que la compra de dólares tiene como contracara una expansión monetaria que podría trasladarse a precios. A esa preocupación se suma el mecanismo mediante el cual el Banco Central adquiere bonos ajustados al tipo de cambio, facilitando al Tesoro la obtención de dólares para afrontar pagos de deuda externa. Para los críticos, el aumento de reservas no puede analizarse aisladamente sin considerar su impacto sobre la cantidad de dinero.

Las tensiones también se reflejan en el mercado financiero. En las últimas licitaciones, el Tesoro debió convalidar tasas de interés más elevadas para asegurar la renovación de los vencimientos y evitar que los inversores migren hacia el dólar. Desde una visión oficial, esa “aspiradora” de pesos demuestra prudencia y atención a los riesgos estacionales. De hecho, algunos agregados monetarios muestran una contracción reciente, señalada como prueba de cautela.

Pero la lectura cambia cuando se analizan los promedios mensuales. Informes privados señalan que, pese a una leve caída de la base monetaria medida de punta a punta, la economía operó durante enero con niveles de monetización superiores a los de diciembre. La compra de divisas por parte del sector público aparece nuevamente como el factor clave detrás de esa expansión.

En este contexto, persiste una divergencia de fondo. Para el Gobierno, la demanda de pesos está creciendo luego de un período de dolarización extrema, lo que permitiría absorber sin sobresaltos una mayor base monetaria. Para sus críticos, en cambio, la emisión continúa, aunque a un ritmo más moderado, y se sostiene mediante un esquema de deuda en pesos con tasas elevadas que tarde o temprano vuelve a presionar sobre el equilibrio fiscal y monetario.

El mes avanza con vencimientos relevantes por delante y con un interrogante abierto: si febrero confirmará la calma inflacionaria que promete el oficialismo o si, una vez más, expondrá las fragilidades de un equilibrio que depende de decisiones finas y de una confianza que aún se está construyendo.

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