El nuevo mapa de los alquileres: la extinción de la vieja ley abre paso a la negociación y la competencia

ECONOMÍA Marian SANZOTTI

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El mercado inmobiliario argentino consolida su transformación definitiva. El inicio de julio marca el principio del fin para la controvertida Ley de Alquileres de 2020, cuyos últimos contratos remanentes afrontarán un ajuste anual por el Índice de Contratos de Locación (ICL) fijado en 31,54%. Este porcentaje refleja una paulatina desaceleración respecto a los meses previos y constituye uno de los últimos coletazos de un régimen que, según estiman los especialistas del sector inmobiliario, quedará prácticamente extinguido entre septiembre y diciembre, unificando el mercado bajo la plena libertad contractual impuesta por el DNU 70/2023.

La paulatina desaparición de la rigidez legal anterior alteró drásticamente la dinámica locativa cotidiana. Los convenios actuales se estructuran de forma mayoritaria bajo actualizaciones trimestrales o cuatrimestrales, utilizando el Índice de Precios al Consumidor (IPC) como el parámetro de ajuste predilecto, mientras que el ICL conserva vigencia en diversas provincias del interior. Esta flexibilidad dejó atrás los saltos abruptos de precios que asfixiaban a los inquilinos y, en simultáneo, protege el valor real de los ingresos de los propietarios frente a los embates de la inflación.

El cambio más disruptivo se evidencia en el volumen de unidades disponibles y los plazos de colocación. La plaza porteña abandonó la escasez crítica del año pasado para registrar un salto monumental: la oferta de departamentos para vivienda permanente trepó de 500 a 17.000 unidades. Este ingreso masivo de inmuebles forzó a los dueños a competir agresivamente en términos de precio y calidad, configurando un mercado selectivo donde la demanda ya no convalida cualquier tasación debido a que el poder adquisitivo familiar perdió cerca del 50% en los últimos tres años.

En este nuevo contexto, las variables de decisión económica se recalcularon por completo. Las expensas ganaron un protagonismo inédito, representando hoy entre el 40% y el 45% del costo total del alquiler, un factor que empuja a los inquilinos a priorizar consorcios con gastos comunes bajos. Ante este escenario altamente competitivo, la permanencia de un buen locatario pasó a ser la prioridad número uno de los arrendadores. Los expertos advierten que renovar los contratos vigentes suele ser más rentable que buscar nuevos inquilinos, ya que afrontar los costos fijos de un inmueble vacío durante dos o tres meses diluye velozmente cualquier presunto beneficio económico.

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