


El dilema del costo financiero: por qué la baja del riesgo país no apura el regreso de la Argentina a los mercados
ECONOMÍA David FRENKEL
A pesar del optimismo que generó la reciente mejora en las calificaciones crediticias del país, el Palacio de Hacienda mantiene una postura de extrema prudencia. Tras las revisiones soberanas de Fitch y Standard & Poor's, el riesgo país perforó la barrera de los 420 puntos básicos, alcanzando mínimos que no se registraban desde hacía años. No obstante, frente a las crecientes presiones de diversos sectores para que el Gobierno aproveche esta ventana y emita nueva deuda externa, el secretario de Finanzas, Federico Furiase, descartó de plano esa alternativa, explicando que el indicador local ya no es la única variable a ponderar.
La clave de la negativa oficial radica en las severas condiciones del contexto macroeconómico global. El funcionario aclaró que la sobretasa local representa solo el primer eslabón del costo financiero total, el cual hoy se encuentra condicionado por factores externos inusuales. En la actualidad, la tasa de interés libre de riesgo de los bonos de Estados Unidos se ubica en un elevado 4,5%, convirtiéndose en el componente más caro a la hora de estructurar un crédito en dólares para el Tesoro. Esta rigidez de la Reserva Federal (Fed), que mantiene un abierto foco de conflicto con el presidente Donald Trump por su resistencia a bajar las tasas para contener la inflación, encarece cualquier intento de colocación soberana tradicional en el mercado global.
Para eludir estas condiciones desfavorables, la estrategia oficial se ha volcado hacia herramientas de financiamiento alternativo. El Ejecutivo recurrió a préstamos garantizados por organismos multilaterales, una vía que permite captar divisas a tasas considerablemente inferiores a las del mercado abierto. Gracias a esta ingeniería, el Tesoro consolidó depósitos por USD 4.200 millones en el Banco Central, logrando blindar por completo las obligaciones financieras de corto plazo y garantizando que los vencimientos de deuda en moneda extranjera proyectados para todo 2027 ya se encuentran plenamente prefinanciados.
En paralelo, las autoridades celebraron la solidez del programa monetario, destacando que el Banco Central acumuló USD 11.000 millones en reservas durante el primer semestre, superando con holgura las metas pautadas con el Fondo Monetario Internacional. Furiase enfatizó que este proceso de acumulación se concretó bajo el esquema cambiario vigente, sin convalidar devaluaciones bruscas del peso. Al evitar un salto devaluatorio como el que sugerían diversos analistas tras los comicios legislativos, el equipo económico logró amortiguar el impacto sobre los índices de inflación, protegiendo de manera directa el poder adquisitivo de la población en un escenario de estabilización.







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