Oscar Zago apuntó contra Sturzenegger y cuestionó al Gobierno por una “derrota innecesaria” en el Senado

POLÍTICA Agencia de Noticias del Interior

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  • Oscar Zago cuestionó la estrategia parlamentaria utilizada por el Gobierno durante el tratamiento del proyecto.
  • El diputado responsabilizó directamente a Federico Sturzenegger por el resultado de la votación en el Senado.
  • La iniciativa obtuvo media sanción, pero perdió los capítulos referidos a tierras y manejo del fuego.
  • Zago consideró que la modificación del proyecto constituyó una derrota política que podría haberse evitado.
  • El legislador también criticó las disputas internas del oficialismo posteriores a los tropiezos legislativos.
  • El episodio volvió a mostrar las dificultades de La Libertad Avanza para construir mayorías estables en el Congreso.

El diputado nacional y jefe del bloque del Movimiento de Integración y Desarrollo (MID), Oscar Zago, cuestionó el manejo político del Gobierno durante el tratamiento del proyecto de inviolabilidad de la propiedad privada y consideró que la eliminación de artículos centrales de la iniciativa expuso una falla en la estrategia parlamentaria del oficialismo. Para el legislador, el resultado de la votación en el Senado pudo haberse evitado con una negociación previa más eficaz y una evaluación más cuidadosa de los apoyos disponibles.

Zago concentró buena parte de sus críticas en el ministro de Desregulación y Transformación del Estado, Federico Sturzenegger, a quien responsabilizó directamente por el diseño y el envío de la iniciativa al Congreso. Según su interpretación, el funcionario volvió a utilizar una metodología que prioriza el impulso de las reformas por encima de la construcción de consensos necesarios para convertirlas en leyes.

El diputado cuestionó particularmente la dinámica de avanzar con proyectos de alto impacto político para recién después intentar resolver las dificultades parlamentarias. A su entender, esa forma de actuar puede funcionar cuando el oficialismo cuenta con una mayoría suficiente, pero se vuelve problemática en un Congreso donde La Libertad Avanza necesita negociar prácticamente cada iniciativa relevante.

La votación del Senado terminó convirtiéndose, precisamente, en un ejemplo de esa dificultad. El proyecto consiguió media sanción, pero tuvo que resignar capítulos vinculados con la extranjerización de tierras y el manejo del fuego para alcanzar los votos necesarios. Esos cambios permitieron que el oficialismo evitara una derrota total, aunque al mismo tiempo dejaron expuesta la imposibilidad de sostener integralmente el texto que había llegado originalmente al recinto.

Para Zago, esa situación no debería presentarse simplemente como una consecuencia inevitable de la negociación parlamentaria. Por el contrario, consideró que representó una pérdida política que podría haberse evitado si el Gobierno hubiese construido previamente los acuerdos necesarios. En ese sentido, calificó el resultado como una “derrota innecesaria” y cuestionó que después de los tropiezos legislativos aparezcan discusiones internas destinadas a determinar responsabilidades.

El legislador también apuntó contra la dinámica interna del oficialismo y mencionó particularmente a Patricia Bullrich. Según su lectura, después de una derrota parlamentaria suelen aparecer dirigentes que anticipan el resultado negativo o que recuerdan haber advertido previamente sobre las dificultades. Esa lógica, sostuvo, termina desplazando el debate sobre los errores de planificación hacia una disputa interna sobre quién tenía razón.

La crítica de Zago pone nuevamente sobre la mesa uno de los principales desafíos políticos que enfrenta la administración de Javier Milei: transformar una agenda de reformas ambiciosa en una agenda legislativa capaz de reunir mayorías. La falta de una estructura parlamentaria propia obliga al Gobierno a negociar con distintos bloques, incluidos sectores que comparten algunos de sus objetivos pero que no necesariamente están dispuestos a acompañar todas sus propuestas.

En ese contexto, los proyectos impulsados por Sturzenegger suelen convertirse en una prueba particularmente exigente. Su agenda de desregulación y transformación del Estado apunta a modificar estructuras consolidadas y, por esa razón, requiere acuerdos políticos que exceden la voluntad del Poder Ejecutivo.

Zago sostuvo que el oficialismo debería asumir esa realidad en lugar de buscar responsables una vez producida la dificultad. Su cuestionamiento apunta, en definitiva, al proceso previo a la votación: la capacidad de anticipar objeciones, negociar modificaciones y garantizar los votos antes de enviar una iniciativa al recinto.

El episodio también revela las tensiones que pueden aparecer entre la lógica ejecutiva del Gobierno y la dinámica propia del Congreso. Mientras el Poder Ejecutivo pretende avanzar rápidamente con reformas, los bloques legislativos imponen tiempos, condiciones y modificaciones que pueden alterar sustancialmente los proyectos.

La eliminación de los capítulos sobre tierras y manejo del fuego constituye así algo más que una modificación puntual del proyecto. Para Zago, es el resultado visible de una estrategia política que no logró construir los consensos necesarios antes de llegar al Senado.

La discusión sobre quién debe asumir el costo político de la votación probablemente continúe cuando la iniciativa avance hacia Diputados. Pero el planteo del jefe del MID apunta a una cuestión más profunda: si el Gobierno pretende sostener una agenda reformista durante los próximos años, necesitará algo más que convicción sobre sus objetivos. También deberá demostrar capacidad para negociar, construir mayorías y evitar que cada desacuerdo parlamentario termine transformándose en una crisis interna.

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