La economía rebotó en junio, pero el crecimiento sigue débil y con fuertes diferencias entre sectores

ECONOMÍA Agencia de Noticias del Interior

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  • La actividad económica creció 0,8% en junio y logró revertir dos meses consecutivos de caídas.
  • El EMAE aumentó 2,7% interanual, pero el promedio del segundo trimestre quedó 0,9% debajo del primero.
  • Minería, energía y pesca impulsaron la recuperación, mientras construcción y comercio volvieron a retroceder.
  • Los sectores que concentran más empleo siguen mostrando dificultades para recuperar actividad de manera sostenida.
  • El consumo y el crédito enfrentan obstáculos por los salarios, el endeudamiento, la morosidad y las tasas de interés.
  • Las exportaciones de agro, minería y energía aparecen como la principal fuente potencial de crecimiento durante el segundo semestre.

La actividad económica argentina mostró en junio una recuperación mensual del 0,8% y logró interrumpir una racha de dos meses consecutivos de retrocesos. Sin embargo, el dato no alcanza para modificar el panorama general: durante el segundo trimestre la economía volvió a ubicarse por debajo del nivel registrado en los primeros meses del año, mientras persiste una marcada diferencia entre los sectores vinculados a los recursos naturales y aquellos que concentran la mayor parte del empleo.

El Estimador Mensual de Actividad Económica (EMAE) registró en junio una mejora del 2,7% respecto del mismo mes de 2025. A pesar de esa variación positiva, la serie desestacionalizada mostró que el nivel de actividad todavía se encuentra por debajo de los registros de marzo, enero y diciembre del año pasado. Además, el promedio correspondiente al segundo trimestre quedó 0,9% por debajo del trimestre anterior.

El resultado refleja el impacto que tuvieron las caídas de abril y mayo sobre la dinámica general de la economía. En el primer semestre, la actividad acumuló un crecimiento interanual de apenas 1,9%, una cifra considerablemente inferior al 4,5% registrado durante 2025. De esta manera, la recuperación perdió impulso y comenzó a mostrar un comportamiento caracterizado por avances y retrocesos.

La disparidad entre sectores constituye uno de los principales rasgos del escenario actual. Las actividades vinculadas con la minería, la energía y la pesca fueron determinantes para explicar la mejora de junio. La minería y la energía avanzaron 0,4%, mientras que la pesca mostró un incremento superior al 30%.

En cambio, varios sectores vinculados directamente con el mercado interno continúan atravesando dificultades. Si bien la industria logró recuperar alrededor de 1% durante el mes, la construcción y el comercio volvieron a registrar caídas cercanas al 1%. El comportamiento evidencia que el crecimiento no está alcanzando de manera uniforme a las distintas ramas de la economía.

La diferencia adquiere especial relevancia por su impacto sobre el empleo. Industria, construcción y comercio concentran una proporción significativa de los puestos de trabajo privados registrados, mientras que las actividades extractivas presentan una mayor intensidad de capital y generan relativamente menos empleo en relación con el volumen producido.

Por ese motivo, una expansión apoyada principalmente en minería, energía y otros recursos naturales puede mejorar los indicadores generales de actividad sin generar una recuperación equivalente de los ingresos laborales o de la demanda interna. El fenómeno ayuda a explicar por qué la mejora estadística del EMAE todavía no se traduce en una percepción generalizada de recuperación económica.

Las perspectivas para los próximos meses tampoco aparecen despejadas. Uno de los factores que el Gobierno esperaba que impulsara la actividad era la recuperación de los salarios reales, acompañada por una reducción de las tasas de interés que permitiera reactivar el crédito. Sin embargo, ambos procesos avanzan con mayor lentitud de la prevista.

El consumo enfrenta además el peso del endeudamiento y la morosidad. Incluso en un escenario favorable en el que los ingresos logren superar a la inflación, la mejora de la demanda podría ser limitada mientras las familias y empresas mantengan elevados niveles de obligaciones financieras.

La inversión tampoco aparece como un motor inmediato. Después de varios trimestres de retroceso, las empresas podrían adoptar una posición más cautelosa frente a un escenario marcado por la incertidumbre política y electoral. A esto se suma un gasto público que continúa restringido, lo que reduce las posibilidades de que la demanda interna encuentre un impulso adicional.

En este contexto, las exportaciones aparecen como una de las principales fuentes de crecimiento para la segunda mitad del año. El agro, la minería y la energía concentran buena parte de las expectativas, aunque el desempeño de esos sectores no necesariamente garantiza una recuperación homogénea del empleo y el consumo.

El dato de junio también obliga a revisar las proyecciones para todo 2026. Si la actividad permaneciera durante el resto del año en el nivel alcanzado en junio, el crecimiento anual sería de apenas 1,2%. Para alcanzar las estimaciones privadas cercanas al 2,7%, sería necesario que la economía acelerara su ritmo durante el tercer y cuarto trimestre.

El escenario no resulta imposible, pero los indicadores disponibles todavía no muestran una recuperación firme. La economía consiguió superar el piso alcanzado durante la etapa más crítica del programa de ajuste, aunque continúa atravesando una etapa de estancamiento, con subas y bajas y una recuperación concentrada en pocos sectores.

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