Preocupado por el conflicto sindical, el Gobierno apuesta a Kelly Olmos para apuntalar la débil unidad de la CGT

POLÍTICA Por Brenda Struminger*
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Mientras crece el conflicto sindical y se profundizan las internas en el Frente de Todos, la Casa Rosada apuesta al desembarco de Kelly Olmos en el Ministerio de Trabajo, que se formalizará hoy tras la salida de Claudio Moroni, para apuntalar la frágil unidad de la CGT. La preocupación por una fractura de hecho en la central obrera aumenta a medida que se acerca fin de año, en un contexto de altísima inflación y negociaciones paritarias complicadas, en particular, en el gremio de Camioneros.

Hostigado por el kirchnerismo -que en su último movimiento forzó la salida de su amigo Moroni-, Alberto Fernández observa con preocupación el acercamiento entre La Cámpora y Pablo Moyano. Una alianza circunstancial que se evidencia con claridad en la organización, para el Día de la Lealtad, de un acto paralelo al que preparan los gremios grandes de la CGT, cercanos al Presidente. A pesar de los intentos de los moderados del oficialismo para unificar las demostraciones de fuerza en la jornada, el líder camionero y los referentes del camporismo están decididos y ultiman detalles para confirmar la convocatoria a una manifestación el próximo lunes 17 de octubre en la Plaza de Mayo junto a la CTA y otras organizaciones volcadas a la izquierda sin el primer mandatario.

El escenario de división para la histórica jornada se perfila desde hace semanas, pero estalló con el conflicto de la industria de los neumáticos. En parte, a partir de los pases de factura contra Moroni por las dificultades que experimentó para evitar el paro de trabajadores que terminó frenando la cadena de producción y puso en riesgo la fabricación de vehículos en el país.

En el complicado contexto sindical, Alberto Fernández viene trabajando mantener amalgamada la central sindical. Por caso, hace dos semanas llamó de apuro a Pablo Moyano para disuadirlo de escindir la CGT y después lo invitó a cenar a Olivos. En ese momento le juró que no buscaba apartarlo de la mesa de discusiones sobre temas laborales, como le reprochaba el camionero desde hacía meses (y esa semana, en particular, porque no lo habían invitado a un encuentro en la quinta residencial con Héctor Daer, Carlos Acuña, y el resto de los jefes de los gremios más importantes).

Este miércoles, el Presidente recibió durante más de una hora a Kelly Olmos, referente del PJ porteño y muy cercana al vicejefe de Gabinete, Juan Manuel Olmos, hombre de extrema confianza de Alberto Fernández. Hablaron de las paritarias, del bono de fin de año, y de la relación con los gremios y los empresarios. Según pudo reconstruir Infobae, el principal énfasis estuvo puesto en que la nueva ministra privilegie, a toda costa, “el diálogo con todos los sectores”, según reveló un alto funcionario que está al tanto de la conversación privada que mantuvieron en el despacho presidencial.

“Le pidió que no privilegie a ningún sector. Que hable con todos en igualdad de condiciones”, informó. Y destacó que el motivo principal por el que se eligió a Olmos como ministra de Trabajo fue dejar atrás los cuestionamientos que llegaban a la Casa Rosada sobre los lazos de Moroni con “los Gordos” por sobre otros sectores más chicos, combativos o de izquierda, según el caso, y su cercanía con una parte del empresariado.

Desde los distintos campamentos de la CGT le habían hecho llegar al primer mandatario varias propuestas de dirigentes propios para ocupar el lugar de Moroni, pero todos fueron rechazados. “Cada grupito tenía un candidato. Kelly es la muestra de que la directiva principal es dialogar con todos”, enfatizaron en Balcarce 50, decididos a paliar el enojo del moyanismo.

En segundo lugar en el orden de prioridades, Alberto Fernández le pidió a Olmos que “se concentre, como objetivo central, en la mejora del salario, en la medida que pueda”. Un pedido que responde al reclamo más reciente que le hizo el camporismo al Ejecutivo, en la voz del ministro de Desarrollo bonaerense, Andrés “Cuervo” Larroque.

Hace dos semanas, el secretario general de La Cámpora le dejó conocer al ala moderada el malestar que había provocado en el sector duro la demora en la resolución del conflicto con los trabajadores de neumáticos. Y deslizó, también, un tiro por elevación a Sergio Massa, que se había mostrado muy crítico del SUTNA de Alejandro Crespo por haber llevado al límite las medidas de fuerza. Después, el propio jefe de la fuerza, Máximo Kirchner, ahondó en esa postura y pidió enfocarse en la defensa de los trabajadores.

En la charla en la Casa Rosada, el Presidente y la futura ministra también hablaron de la entrega de bonos de fin de año, pero no se detuvieron en números. “Bonos va a haber. Hay que ver de cuánto. Pero para diciembre falta una eternidad”, eludieron en la sede del Gobierno.

Kelly Olmos está habituada a destacar, cuando habla con sus íntimos, que su intención histórica es trabajar por la unidad del peronismo. “Ni sectorizar, ni segregar”, suele repetir. En los últimos días, dijeron cerca suyo, habló con José Luis Lingeri (Obras Sanitarias), con Andrés Rodríguez (UPCN) y con Héctor Daer (Sanidad), con quien mantiene buen vínculo desde la arena porteña. Pero la pregunta más incómoda es por un eventual diálogo con Pablo Moyano. “Ahora es muy temprano para decir algo. Dejemos que llegue y después vemos las definiciones”, dijeron cerca de la futura ministra. Pero deslizaron que “su idea es juntarse con todos”.

En un escenario de internas descarnadas tanto en el mundo sindical como en el FdT, para Alberto Fernández sería un triunfo descomunal lograr una foto conjunta entre Kelly y “los gordos” de la CGT junto a Pablo Moyano, Omar Plaini (Canillitas) y el titular de la CTA de los Trabajadores, Hugo Yasky, ya sea en la sede de Trabajo o en la Casa Rosada. Pero las posibilidades, hoy, parecen distantes. Como mínimo, aspira a que la nueva cabeza de la cartera laboral pueda gestar una serie de reuniones con cada sector y apaciguar los ánimos belicosos que parecen avecinarse.

Mientras la Casa Rosada se concentra en evitar un desgaste mayor del Gobierno, los empresarios miran con desconfianza el arribo de Kelly Olmos. Según pudo reconstruir Infobae, hay un temor generalizado a que la nueva ministra privilegie a los sectores más duros para “congraciarse” y mantenerlos conformes, según dijo el referente de una importante cámara de transportistas que participa de las tensas negociaciones paritarias con Camioneros.

Desde el Gobierno parecieron darles la razón. “El Ministerio tiene que conciliar y ayudar en las paritarias, teniendo en claro que el objetivo del Gobierno y del peronismo es defender a los trabajadores, no cuidar a los empresarios”, dijo un importante funcionario del Gobierno.

Este viernes, Alberto Fernández participará del coloquio empresario de IDEA que se celebra en Mar del Plata y, aunque se mantiene la reserva sobre el mensaje que dará durante su discurso, en su entorno deslizaron una pista: “Va a ir en la línea que Alberto ya planteó: ellos tienen que contribuir y hasta ahora no lo han hecho. Nadie les pide que hagan filantropía, pero sí que achiquen sus márgenes de ganancias”, dijeron.

Olmos asumió ayer su cargo, junto a Victoria Tolosa Paz (Desarrollo Social) y Ayelén Mazzina (Mujeres, Géneros y Diversidad), durante un acto con 400 invitados del mundo político, sindical, y del feminismo en el Parque Colón de la Casa Rosada. 

El Presidente busca enviar, a través de la reemplazante de Moroni, un mensaje de armonía al movimiento sindical, después de las críticas que recibió de los gremialistas amigos por rechazar su injerencia sobre el perfil del nuevo ministro de Trabajo. Aspira, con el nombramiento de la dirigente porteña, a apuntalar la casi inexistente unidad de la CGT, en un contexto inflacionario y en la previa de un año electoral que encuentra agrietado al peronismo, tanto en sus vertientes políticas, como sindicales.

 

 

* Para www.infobae.com

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