

La Gran Reasignación: la economía mutó su ADN productivo en dos años de gestión
ECONOMÍA Christian BUTELER
La publicación del Estimador Mensual de Actividad Económica (EMAE) de noviembre de 2025 por parte del INDEC ha pasado de ser una mera actualización estadística a convertirse en el balance definitivo de los primeros dos años de la actual administración. Si bien el titular de corto plazo destaca una contracción interanual del 0,3%, el verdadero valor del informe radica en la posibilidad de contrastar la fotografía actual con la de noviembre de 2023, el punto de partida exacto antes del cambio de régimen económico.
Para el inversor sofisticado, la lectura es clara: Argentina no es hoy una economía más grande ni más chica que hace dos años; es una economía distinta.
Al observar el índice de la serie original (Base 2004=100), el nivel general de actividad en noviembre de 2023 se ubicaba en 146,4 puntos. Dos años después, en noviembre de 2025, ese indicador marca 147,6 puntos. La variación punta a punta es de apenas un +0,8%. Estadísticamente, el país ha empatado con el tiempo. Pero este "empate" esconde una violenta reconfiguración de los precios relativos y de la matriz productiva, donde sectores enteros se han contraído a tasas de dos dígitos para dar espacio al despegue de otros.
El nuevo motor: finanzas, energía y consumo selectivo
Si se busca entender dónde se generó valor en estos 24 meses, la respuesta no está en las fábricas, sino en las finanzas y en los pozos de Vaca Muerta.
El gran ganador del modelo, por un margen abrumador, es la Intermediación Financiera. Este sector ha protagonizado un rally de productividad inédito. En noviembre de 2023, su índice de actividad era de 159,0; hoy, el INDEC reporta un nivel de 194,0. Esto representa una expansión real del 22% en el bienio.
Este salto no es casualidad. Si bien en el último informe se destaca la mayor actividad de los agentes y sociedades de bolsa, observando los dos años el salto viene como consecuencia del incremento de los depósitos y los créditos en términos reales, como así también del spread de tasas entre ambos. El sector financiero ha dejado de ser un mero lubricante de la actividad real para convertirse en un fin en sí mismo, capturando una porción creciente del PBI.
Un análisis estrictamente porcentual situaría al sector de la Pesca como el principal "ganador" del bienio, con un incremento superior al 80%. Sin embargo, la prudencia analítica obliga a excluir esta cifra del podio estructural. El extraordinario salto responde a una anomalía de la base de comparación: en noviembre de 2023, la actividad pesquera sufrió una parálisis casi total debido a conflictos gremiales, situando su índice en un piso de 54,3 puntos. Incluir este rebote como un éxito del modelo económico actual sería incurrir en un sesgo de "ruido estadístico". Por tanto, se prioriza sectores cuyas trayectorias reflejan cambios genuinos en la demanda, garantizando una radiografía fiel de la salud productiva del país sin las distorsiones de eventos fortuitos o estacionales.
El segundo pilar de este nuevo esquema es la Explotación de minas y canteras. Impulsado por la maduración de las inversiones en hidrocarburos no convencionales y litio, el sector pasó de un índice de 105,5 en noviembre de 2023 a 121,7 en la actualidad. Un crecimiento del 15,3% en dos años que confirma el giro hacia una economía primarizada-extractiva como fuente genuina de divisas. A este grupo se suma Hoteles y Restaurantes, que con un crecimiento del 17,3% en el bienio (pasando de 160,3 a 188,0), refleja un fenómeno de consumo inelástico en los sectores de mayores ingresos.
El podio de los ganadores lo completa el Agro (Agricultura, ganadería, caza y silvicultura). Aunque su comparación se ve beneficiada por la base baja que dejó la sequía de 2023, la recuperación es estructural. El índice saltó de 78,8 (nov 23) a 88,5 (nov 25), una mejora del 12,3%. El campo ha vuelto a ser el garante de la estabilidad externa, aunque su derrame hacia el resto de la economía doméstica parece haberse ralentizado.
La cara oculta: la desindustrialización silenciosa
La contracara de la expansión financiera y extractiva es el retroceso de la "economía real" tradicional, aquella que es intensiva en mano de obra y depende del mercado interno. Al comparar los datos de noviembre 2025 contra el inicio de la gestión, los números son rojos y profundos.
La Industria Manufacturera es la gran víctima del ajuste de precios relativos y la apertura comercial. Hace dos años, el índice fabril marcaba 132,8 puntos; hoy lucha por sostenerse en 120,2. La caída acumulada del 9,5% en el nivel de actividad industrial en 24 meses equivale a un proceso de desindustrialización acelerada. Fábricas con mayor capacidad ociosa y una competencia externa más agresiva explican este retroceso que parece no encontrar piso.
Aún más dramática es la situación de la Construcción. Este sector ha sido la variable de ajuste fiscal por excelencia, tras el freno casi total de la obra pública. Los datos del INDEC son lapidarios: de un nivel de actividad de 149,6 en noviembre de 2023, el sector se desplomó a 125,3 en noviembre de 2025. Una destrucción de valor del 16,2%. No se trata de una recesión cíclica, sino de un cambio de tamaño del sector, que ahora debe sobrevivir exclusivamente con la inversión privada, la cual aún no logra compensar la retirada del Estado.
El Comercio mayorista y minorista refleja el impacto de este reordenamiento en el bolsillo de los hogares. Con una caída del salario real en dólares y el encarecimiento de los servicios, el consumo masivo se ha retraído. El índice de comercio pasó de 158,7 a 149,1 en dos años, una baja del 6% que explica la sensación térmica de recesión en la calle, a pesar de que el PBI general se mantenga estable.
Esto explica muchas veces la distorsión entre los números oficiales de la economía con la sensación de la gente, sobre todo en las zonas urbanas. Es allí dónde mayor impacto tienen los sectores que muestran un fuerte retroceso.
Servicios públicos y la heterogeneidad
Un párrafo aparte merecen los servicios de utilidad pública (Electricidad, gas y agua). A pesar de la suba de tarifas y la normalización del sector, la actividad medida en volumen físico ha caído: de un índice de 142,7 en 2023 a 138,2 en 2025, una baja del 3,1%. Esto podría interpretarse como una mayor eficiencia en el consumo ante las señales de precios, o bien como una menor demanda industrial correlacionada con la caída manufacturera.
Por otro lado, sectores defensivos como Enseñanza (+1,5% en el bienio, pasando de 172,7 a 175,3) y Servicios sociales y de salud (-0,8%, de 178,9 a 177,4) muestran una estabilidad que contrasta con la volatilidad del resto de la economía, actuando como amortiguadores sociales en medio del ajuste.
Conclusión: un país, dos velocidades
El análisis de los primeros dos años de gestión a la luz del EMAE de noviembre 2025 arroja una conclusión ineludible para la toma de decisiones de inversión: el modelo económico ha logrado cambiar los incentivos de raíz.
Argentina ha dejado de ser un país impulsado por el consumo interno y la protección industrial (el modelo vigente hasta noviembre de 2023) para transformarse en una plataforma de servicios financieros y exportación de materias primas.
El desafío para 2026 será ver si los sectores ganadores pueden generar el arrastre suficiente para sacar del pozo a los perdedores. Hasta ahora, el "efecto derrame" no aparece en las estadísticas del INDEC. La economía empata en el promedio, pero la grieta productiva nunca ha sido tan profunda.
Fuente: Ámbito








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