Bajo la lupa: la AFA rinde cuentas ante la IGJ en medio de sospechas por el destino de fondos récord

POLÍTICA Agencia de Noticias del Interior
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  • La AFA presentó un informe a la IGJ para justificar su balance récord 2023/2024.
  • El organismo de control considera que el nivel de detalle de la presentación es insuficiente.
  • Los ingresos crecieron exponencialmente tras el Mundial, pero los gastos operativos también son inéditos.
  • Se investiga la participación de intermediarios en contratos internacionales y derechos comerciales.
  • El rubro de gastos de selecciones supera los 39.500 millones de pesos sin criterios claros.
  • La IGJ no descarta nombrar veedores si la AFA no aporta mayor transparencia a sus cuentas.

La Asociación del Fútbol Argentino (AFA) atraviesa un momento de máxima tensión administrativa tras presentar un informe complementario ante la Inspección General de Justicia (IGJ). El documento, que lleva la firma de su presidente Claudio “Chiqui” Tapia, intenta responder a las severas observaciones formuladas por el organismo de control sobre los estados contables de la entidad. Sin embargo, lejos de disipar las dudas, el descargo ha sido recibido con escepticismo por los técnicos del organismo que conduce Daniel Vítolo, quienes advierten un bajo nivel de detalle en la justificación de cifras que son, por lejos, las más voluminosas en la historia reciente del fútbol nacional.

El foco del conflicto se centra en el balance correspondiente al ejercicio económico 2023/2024, el cual cristaliza el denominado “efecto Qatar”. Tras la consagración de la Selección Nacional en el Mundial de 2022, la AFA experimentó un salto exponencial en sus ingresos, impulsado por derechos de televisión, contratos internacionales y aportes millonarios de FIFA y Conmebol. No obstante, este crecimiento abrupto del volumen de negocios no ha llegado solo: el período también registra niveles inéditos de gasto operativo y una gestión de recursos mediada por intermediarios que hoy se encuentran bajo investigación judicial, tanto en Argentina como en los Estados Unidos.

La IGJ ha puesto especial énfasis en la falta de desagregación de rubros que aparecen presentados de manera global. El escrito de la AFA se defiende argumentando que la información volcada surge de los registros formales de la entidad y guarda concordancia con los importes expuestos oportunamente. Pero para el ente regulador, esta respuesta elude los puntos centrales de la intimación: el origen real de los fondos, los criterios de asignación del gasto y la trazabilidad de partidas que involucran miles de millones de pesos. Uno de los puntos más controvertidos es el rubro de “Otros Créditos – Varios”, que supera los 7.500 millones de pesos, compuesto mayoritariamente por créditos vinculados a partidos de la Selección sin especificar plazos de recupero ni controles de efectividad.

En el capítulo de gastos, la situación no es menos compleja. El informe revela que el rubro “Selecciones Nacionales” consumió más de 39.500 millones de pesos, de los cuales la mayor parte se destinó a remuneraciones y primas del cuerpo técnico tras la renovación de contratos post-Mundial. Si bien la AFA atribuye estos montos a factores objetivos derivados del éxito deportivo, la ausencia de detalles sobre cláusulas especiales o mecanismos de control interno alimenta las sospechas de discrecionalidad. Lo mismo sucede en el área de “Administración y Gestión”, donde se registran gastos multimillonarios en pasajes, traslados y eventos institucionales sin identificar proveedores ni criterios de contratación claros.

La figura de Claudio Tapia queda en el centro de esta pulseada política y contable. Al firmar personalmente el informe, el dirigente avala una gestión que ha sido cuestionada por no acompañar su bonanza económica con un incremento equivalente en sus niveles de transparencia. Para la IGJ, el expediente sigue abierto y no se descarta la exigencia de nueva documentación o, en una instancia más severa, la designación de veedores que supervisen las finanzas de la calle Viamonte. El balance del éxito deportivo, paradójicamente, se ha convertido en el mayor dolor de cabeza administrativo para la conducción del fútbol argentino, que ahora debe demostrar que sus cuentas son tan sólidas como sus resultados en la cancha.

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