La energía y la minería profundizan la brecha salarial y consolidan un mercado laboral propio

ECONOMÍA Agencia de Noticias del Interior
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  • La energía y la minería lideran el ranking salarial y se distancian de la media nacional
  • Las empresas proyectan aumentos del 36%, por encima de la inflación esperada
  • La Patagonia concentra los salarios más altos, impulsada por Vaca Muerta y la minería
  • Los perfiles técnicos especializados explican gran parte de la brecha de ingresos
  • La retención de talento y la rotación son desafíos centrales del sector
  • La tecnología y la automatización comienzan a redefinir las habilidades demandadas

El mercado laboral argentino exhibe para 2026 un escenario cada vez más fragmentado, con sectores que evolucionan a ritmos muy distintos del promedio de la economía. En ese mapa desigual, la industria de la energía y la minería se consolida como un ecosistema con reglas propias, donde los niveles salariales, la dinámica de contratación y las estrategias de retención de talento se ubican muy por encima de la media nacional.

Mientras el conjunto de la economía busca estabilizar variables tras años de alta volatilidad, los indicadores técnicos muestran que este segmento no solo preserva su atractivo, sino que amplía la distancia respecto del resto de los sectores productivos. La proyección de ajustes salariales para el personal fuera de convenio es una de las señales más claras: las empresas prevén incrementos anuales del 36% para 2025, un porcentaje que supera en casi ocho puntos al IPC esperado, estimado en torno al 28%.

El factor geográfico aparece como un componente decisivo en la conformación de los ingresos. La Patagonia vuelve a posicionarse como el territorio con los techos salariales más elevados del país, impulsada por el desarrollo de Vaca Muerta y por proyectos mineros de gran escala. En este contexto, los puestos jerárquicos alcanzan cifras que funcionan como referencia para todo el mercado laboral: un gerente de planta en una estructura corporativa grande puede percibir remuneraciones brutas mensuales superiores a los 22,6 millones de pesos.

La asimetría regional se vuelve aún más evidente al comparar cargos similares en distintas zonas del país. Posiciones de soporte estratégico, como jefaturas de Recursos Humanos, registran en la Patagonia remuneraciones máximas cercanas a los 10 millones de pesos, mientras que en regiones como el NEA y el NOA los topes se ubican sensiblemente por debajo. Estas diferencias reflejan no solo el costo de vida, sino también la escasez de perfiles calificados en zonas de alta exigencia operativa.

La supremacía salarial del sector energético y minero se apoya en la elevada especialización técnica que demandan sus operaciones. Los perfiles de ingeniería constituyen un caso testigo: un ingeniero de perforación senior en una empresa grande de la Patagonia puede acceder a rangos salariales que duplican o triplican los de industrias livianas o de servicios. La formación académica, la experiencia en campo y la capacidad para gestionar proyectos complejos se convierten en activos críticos.

En ese marco, la retención de talento emerge como uno de los principales desafíos de gestión. Cerca de un tercio de las compañías ya implementa políticas específicas para reducir la rotación, combinando incentivos económicos con esquemas de desarrollo profesional y bienestar. Los bonos de permanencia en roles críticos y los beneficios no remunerativos ganan protagonismo frente a un mercado altamente competitivo.

La rotación, especialmente entre ingenieros y técnicos, sigue siendo elevada. La competencia entre operadoras y empresas de servicios por captar perfiles con experiencia comprobada explica buena parte de esta movilidad. A esto se suma una frecuencia de actualización salarial más intensa que en otros sectores: una proporción significativa de compañías revisa sus compensaciones de manera trimestral o incluso mensual, con el objetivo de evitar el atraso frente a la inflación.

En paralelo, la incorporación de tecnología y los procesos de automatización comienzan a reconfigurar la demanda de habilidades. Aunque el uso regular de inteligencia artificial aún es limitado, el riesgo potencial de automatización obliga a los trabajadores del sector a fortalecer competencias digitales avanzadas. El salario sigue siendo el principal ancla, pero ya no alcanza por sí solo.

De cara al mediano plazo, la industria energética argentina enfrenta un interrogante central: si estos niveles de compensación podrán sostenerse en un escenario de menor inflación o si la brecha con el resto de los sectores continuará ampliándose, consolidando un mercado laboral cada vez más segmentado.

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