


El dilema de las cifras: ¿Es sostenible la baja de la pobreza con el actual modelo de la era Milei?
ECONOMÍA Marian SANZOTTI
El cierre del segundo semestre de 2025 arroja un dato que el oficialismo se apresta a celebrar como un triunfo de su hoja de ruta económica: el índice de pobreza se ubicaría en torno al 30,6%. Esta cifra representa un descenso estadístico respecto a los picos críticos alcanzados durante el inicio de la gestión, lo que sugiere, en primera instancia, que la fase más agresiva del ordenamiento macroeconómico habría comenzado a derramar beneficios sobre los sectores más vulnerables. Sin embargo, detrás del optimismo oficial, los analistas advierten que la sostenibilidad de esta mejora está bajo una presión extrema debido a un cambio de tendencia en las variables sociales más sensibles.
La pregunta que resuena en los despachos oficiales y en los hogares es cuántas personas logró rescatar realmente el programa de Javier Milei de la privación. Si bien el número frío indica una salida de la indigencia para un sector de la población, el contexto actual muestra signos de agotamiento. La reciente aceleración de la inflación, que parece haber encontrado un piso difícil de perforar, sumada a una caída persistente del poder adquisitivo, está licuando los ingresos de la clase media baja, empujándola nuevamente hacia la línea de flotación. El consumo no termina de reaccionar y los salarios, aunque con paritarias activas, corren por detrás de los aumentos en servicios públicos y alimentos.
A este complejo escenario se le añade un factor que no estaba en los planes iniciales del Palacio de Hacienda: el aumento del desempleo. La recesión en sectores clave como la construcción y la industria pyme ha comenzado a trasladarse de manera directa al mercado laboral, generando una pérdida de puestos de trabajo que neutraliza el alivio inflacionario de los meses previos. Cuando el empleo flaquea, incluso una inflación moderada resulta devastadora para la estructura social, ya que no hay ingreso disponible que proteger.
En definitiva, aunque el 30,6% es una marca que el Gobierno exhibe como prueba de éxito, la realidad social parece estar virando hacia un ciclo de mayor fragilidad. La mejora en los datos corre el riesgo de ser un espejismo estadístico si no se logra estabilizar el mercado de trabajo y recuperar la capacidad de compra del peso. El desafío para la administración Milei ya no es solo bajar el índice en los papeles, sino evitar que la crisis del empleo y la inercia de los precios terminen revirtiendo los avances, devolviendo a millones de argentinos a la pobreza en la recta final del año.






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