Inflación en baja: el Gobierno evalúa flexibilizar el dólar para aliviar las tasas y reactivar el crédito

ECONOMÍA Agencia de Noticias del Interior

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  • La inflación de agosto podría ubicarse entre 1,5% y 1,8%, el registro más bajo del año.
  • El Gobierno analiza permitir una suba gradual del dólar para aliviar las tasas de interés.
  • El Banco Central comenzó a inyectar mayor liquidez para reducir la tensión financiera.
  • Las tasas todavía permanecen elevadas y dificultan la recuperación del crédito y la actividad.
  • La morosidad de las familias limita la capacidad de expansión del consumo mediante endeudamiento.
  • El desafío oficial es combinar desinflación, estabilidad cambiaria, menor costo financiero y recuperación económica.

La inflación de agosto se encamina a convertirse en la más baja del año y ese escenario comienza a modificar las discusiones económicas alrededor del programa de Javier Milei. Las principales estimaciones privadas ubican el índice mensual entre 1,5% y 1,8%, un resultado que reforzaría el proceso de desinflación y, al mismo tiempo, abriría margen para revisar una de las principales herramientas utilizadas hasta ahora: el control sobre el tipo de cambio.

El mercado observa con atención la posibilidad de que el Gobierno permita una suba gradual del dólar durante septiembre con el objetivo de reducir las tasas de interés y aliviar las condiciones financieras que enfrentan empresas y familias. La estrategia implicaría buscar un nuevo equilibrio entre inflación, dólar, liquidez y actividad económica.

El dólar mayorista cerró este jueves en $1.512, luego de haber superado durante los últimos días el nivel de $1.500. Ese valor había funcionado como una referencia relevante dentro de la estrategia oficial para contener las expectativas inflacionarias. Paralelamente, el Banco Central compró u$s93 millones en el mercado, aunque el ritmo de acumulación de reservas continúa siendo inferior al registrado durante períodos anteriores.

Las proyecciones privadas coinciden en anticipar una desaceleración de los precios. Una de las estimaciones ubica la inflación de agosto en 1,5%, mientras que otra la proyecta en 1,6%. En alimentos, el comportamiento sería incluso más moderado, con una variación estimada cercana al 1%, impulsada por una evolución más estable de varios productos e incluso bajas puntuales en determinados rubros.

Si finalmente el índice se ubica por debajo del 2%, el Gobierno podrá mostrar un nuevo avance en su estrategia de desinflación. Sin embargo, la mejora también genera una discusión sobre el siguiente paso de la política económica. El desafío consiste ahora en evitar que la búsqueda de estabilidad de precios termine profundizando los problemas que enfrenta la economía real.

Durante las últimas semanas, las tasas de financiamiento de muy corto plazo aumentaron con fuerza y llegaron a ubicarse en torno al 32% anual. Posteriormente descendieron hacia niveles cercanos al 28%, aunque continúan siendo elevados para empresas que necesitan financiar capital de trabajo o inversiones.

El Banco Central comenzó a incrementar moderadamente la liquidez disponible en pesos, una señal interpretada por el mercado como un intento de reducir la presión sobre las tasas. Pero una mayor cantidad de pesos en circulación puede generar presión sobre el tipo de cambio, por lo que la eventual flexibilización del dólar aparece como la contrapartida de una política monetaria menos restrictiva.

La discusión ya no se concentra exclusivamente en mantener estable el dólar, sino en determinar cuánto podría avanzar sin poner en riesgo la desaceleración de los precios. Algunos economistas consideran razonable una corrección gradual que acompañe la evolución de la inflación y evite una pérdida excesiva de competitividad.

La actividad económica constituye otro elemento de la ecuación. La recuperación se desarrolla a un ritmo menor al esperado y presenta fuertes diferencias entre sectores. Mientras la energía y la minería muestran mayor dinamismo, actividades con elevada capacidad para generar empleo, como la industria, el comercio y la construcción, continúan enfrentando dificultades.

A esto se suma el aumento de la morosidad de los hogares. La combinación de tasas elevadas y menor capacidad de endeudamiento limita el crecimiento del consumo y reduce el impacto que podría tener una expansión del crédito sobre la economía.

El escenario plantea así una nueva disyuntiva para el equipo económico. El programa consiguió avanzar en la reducción de la inflación, pero ahora necesita encontrar mecanismos para que ese logro pueda traducirse en mayor actividad, crédito e inversión.

Una suba gradual del dólar podría contribuir a recomponer competitividad y permitir una reducción de las tasas, aunque también introduciría cierto riesgo inflacionario. Mantenerlo demasiado contenido, en cambio, podría prolongar las dificultades sobre la producción y el financiamiento.

Con agosto encaminándose hacia un registro cercano al 1,5%, el Gobierno dispone de un margen de maniobra que no tenía meses atrás. La próxima decisión será determinar cómo utilizarlo sin poner en riesgo el proceso de estabilización y, al mismo tiempo, generar condiciones para que la recuperación finalmente alcance a los sectores más rezagados.

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