


Stellantis ajusta su producción ante la menor demanda de pickups en Argentina y Brasil
ECONOMÍA Agencia de Noticias del Interior
- Stellantis reducirá desde septiembre a un turno la producción de Fiat Titano y RAM Dakota en Córdoba.
- La decisión responde a una demanda menor a la prevista en Argentina y Brasil.
- Las pickups habían sido consideradas durante años como el segmento más sólido de la industria automotriz nacional por su fuerte perfil exportador.
- Ford, General Motors y otras terminales ya habían implementado previamente distintos mecanismos de ajuste productivo.
- La inversión de Stellantis en Ferreyra contempla 380 millones de dólares para pickups y la fabricación local de motores Multijet 2.2.
- La nueva planta de motores permitirá reasignar parte del personal y podría amortiguar el impacto laboral de la reducción en la producción de camionetas.
La industria automotriz argentina atraviesa una etapa de recalibración que comienza a alcanzar incluso a uno de los segmentos que durante los últimos años se había convertido en el principal sostén de la actividad: las pickups. La planta de Stellantis en Ferreyra, Córdoba, reducirá desde septiembre a un solo turno la fabricación de las Fiat Titano y RAM Dakota, en una decisión vinculada con un nivel de demanda inferior al previsto tanto en el mercado interno como, especialmente, en Brasil.
La medida representa un nuevo capítulo dentro de un proceso que ya había comenzado a evidenciarse en otras terminales. La caída de las ventas obliga a las automotrices a revisar planes productivos elaborados con anticipación y ajustarlos a una realidad comercial diferente de la que se esperaba al momento de definir las metas para 2026.
El escenario tiene una particularidad: las previsiones industriales se construyen con muchos meses de anticipación y toman como referencia indicadores que pueden modificarse rápidamente. En ese sentido, las automotrices habían trabajado sobre una expectativa de crecimiento mayor para este año, pero la evolución posterior de las operaciones mostró un mercado menos dinámico. La situación ya había generado correcciones en fábricas dedicadas a automóviles y SUV, y ahora alcanza también a los centros especializados en camionetas.
La primera señal importante apareció en General Motors, cuya planta de Alvear, Santa Fe, atravesó durante el año pasado un esquema de tres semanas de actividad y una de pausa. Más recientemente, la terminal retomó una modalidad continua, aunque con una reducción de la jornada productiva para el Chevrolet Tracker.
Stellantis también había realizado previamente ajustes en su planta de El Palomar, donde desde mayo funciona un único turno para la fabricación de los Peugeot 208 y 2008. La empresa, además, abrió un programa de retiros voluntarios como parte de la adecuación de su estructura industrial al nuevo escenario.
Durante buena parte de este proceso, las pickups parecían constituir una excepción. El fuerte peso de las exportaciones convirtió a las camionetas en uno de los instrumentos centrales para sostener la escala de las fábricas argentinas. Cinco de las siete terminales instaladas en el país concentran actualmente buena parte de su producción en este segmento, mientras que tres tienen una orientación exclusiva hacia estos vehículos.
La importancia de las camionetas no se explica únicamente por su participación en las ventas locales. Aunque representan alrededor de una quinta parte del mercado argentino, su verdadero peso estratégico está relacionado con las exportaciones. Brasil es el principal destino y permite ampliar considerablemente los volúmenes fabricados en el país.
Sin embargo, la desaceleración de la demanda comenzó a modificar también ese panorama. Ford fue una de las primeras compañías en reconocerlo al anunciar una disminución de aproximadamente 17% en la velocidad de producción de su planta de Pacheco, debido a una menor demanda en Argentina y Brasil. El dato resulta particularmente significativo porque se conoció incluso cuando la Ranger logró posicionarse como la pickup mediana más vendida en el mercado brasileño.
La situación de Stellantis responde a una lógica similar. La empresa había diseñado un proyecto industrial ambicioso para Ferreyra, con una inversión de 380 millones de dólares destinada a desarrollar un polo de pickups y ampliar la integración productiva. La menor demanda obliga ahora a adaptar los ritmos sin abandonar ese programa de largo plazo.
Uno de los elementos que puede amortiguar el impacto laboral es el desembarco de la producción local del motor Multijet 2.2. El propulsor, que actualmente llega desde Europa, comenzará a fabricarse en Córdoba hacia comienzos de 2027 y será utilizado por las Titano y Dakota. Además, una parte de los motores tendrá como destino mercados regionales para abastecer diferentes modelos comerciales.
La estrategia prevista contempla trasladar a una parte de los trabajadores afectados por la reducción de actividad en las pickups hacia la nueva planta de motores. De este modo, la empresa buscará preservar la continuidad laboral, aunque el replanteo del programa también implica que la contratación adicional de personal inicialmente proyectada no se concretaría en la magnitud prevista.
Para Stellantis, por lo tanto, el escenario actual no supone una retirada de la inversión sino una adaptación de los tiempos y de los volúmenes. Ferreyra se encuentra en plena transformación industrial y la compañía sostiene que continúa avanzando en integración nacional, incorporación tecnológica y desarrollo de nuevos procesos.
El desafío, en definitiva, consiste en atravesar un período de menor demanda sin desarmar proyectos que fueron concebidos para una etapa de mayor crecimiento. La industria automotriz argentina vuelve a encontrarse así frente a una variable que conoce demasiado bien: producir no solamente depende de la capacidad instalada, sino de que exista un mercado capaz de absorberla.
En Córdoba, la respuesta elegida por Stellantis será ajustar el presente mientras prepara el próximo ciclo industrial. La reducción a un turno para Titano y Dakota representa una señal de enfriamiento, pero también una estrategia para preservar capacidades y recursos mientras la empresa espera una recuperación de los mercados regionales.






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