Alberto Fernández, entre Cristina Kirchner, EE.UU., China y el COVID

OPINIÓN 11 de abril de 2021 Por Ricardo Kirschbaum*
La preocupación americana es China y su influencia en la región.
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Mañana debe recibir el alta el Presidente, vacunado con dos dosis y que se contagió despertando la curiosidad de los propios fabricantes de la Sputnik, quienes quieren saber cómo y por qué ocurrió esto. Alberto Fernández necesita la venia médica para poder almorzar el martes con un enviado del presidente Biden que, en una maratón de un día, tratará de repasar la agenda de temas que EE.UU. tiene para la región.

Hasta ahora solo hablará con Fernández, Solá y, quizá, Gustavo Béliz, aunque no se debe descartar otro contacto sorpresivo por iniciativa personal del funcionario demócrata Juan González, de origen colombiano y miembro del Consejo de Seguridad Nacional del jefe de la Casa Blanca. No está previsto que este funcionario, que trabajó en el acuerdo de Obama con Castro hasta que llegó Trump , se reúna con miembros de la oposición.

Golpeada por las consecuencias económicas y sociales de las medidas contra la pandemia, que pueden extenderse, esta visita de un enviado de Biden entusiasma a una administración que aún no ha podido cumplir alguna de sus profusas promesas electorales. Se cree en la Casa Rosada que Biden distingue a Fernández porque es este Presidente el que tiene mejor interlocución con todos sus colegas de la región, incluidos Bolsonaro (por la tarea de Scioli y de Solá), Maduro y el gobierno cubano. Con estos últimos, está en marcha un proyecto de cultivo de 200 mil hectáreas en la isla para producir alimentos, a cargo del INTA.

A último momento, Fernández perdió la exclusividad de esta visita: González cruzará el Rio de la Plata para hablar también con Lacalle Pou, el presidente uruguayo que desplazó a Bolsonaro en el ránking del odio oficial. Hay un triste consuelo: Uruguay paso de ser un ejemplo de la lucha contra la pandemia a ser el país de mayor tasa de casos nuevos de COVID en América Latina. Y aquí se agita el dato en esta competencia de enanismo político.

También convence a los argentinos que la salida del Grupo de Lima, que tiene el auspicio indisimulable de Washington, no tuvo ningún costo por los últimos gestos de la administración demócrata. Parece una conclusión al menos prematura. La preocupación americana es China y su influencia en la región. Ese es el tema que ocupó buena parte de la conversación del jefe de la diplomacia, Anthony Blinken, con Felipe Solá. Y el viaje del jefe del Comando Sur de EE.UU. a Ushuaia fue leída también como una muestra de inquietud por la base china que funciona en la Patagonia desde tiempos de Cristina Kirchner.

Es que definida como está la disputa entre EE.UU. y China, el mundo se decodificará de acuerdo a esa dinámica. Por eso, González seguramente expresará -o querrá saber- cómo puede EE.UU. contrarrestar el creciente peso de los chinos en alimentos, industria farmacéutica y minerales considerados estratégicos, como el litio.

La pregunta es si también debería hacerle las mismas preguntas a Cristina Kirchner, que define el rumbo o lo corrige cuando cree que debe hacerlo. Es lo que opinó un influyente miembro del FMI sobre las desinteligencias internas en el gobierno que traban el acuerdo. A esa opinión aquí le bajan el precio: dicen que el autor de esta afirmación es el que le abrió las puertas del Fondo a Macri, como si en esa organización cada uno puede decir lo que quiera de un país miembro.

 

 

* Para Clarín

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