Cristina y Macri en otra elección, pero con distintas urgencias

OPINIÓN 23 de agosto de 2021 Por Walter Schmidt*
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Cristina Kirchner y Mauricio Macri se vuelven a cruzar por estos días en una nueva contienda electoral, como aquellos rivales deportivos que protagonizaron interminables duelos y que, por encontrarse en las antípodas son taquilleros y siempre atraen a las multitudes. Así como en 2018 el macrismo de la mano de Jaime Durán Barba creyó que la única salvación para la reelección de Macri en medio de una crisis económica era reflotar a Cristina como el enemigo a vencer, hoy el kirchnerismo cree que el protagonismo de Macri es la única vía para que el Frente de Todos sortee la debacle económica y gane las elecciones.

Ella se puso la campaña al hombro, interfiriendo en el armado de candidatos en especial en la provincia de Buenos Aires, pero entregando buena parte de las listas a los gobernadores peronistas en el resto del país porque su objetivo ciego hoy pasa por ganar. Obvio, también marca los lineamientos en la campaña, primero en base a construir una suerte de país feliz a partir de la vacunación y a afrontar la crisis económica agravada durante su gobierno (aumento de un 30% de la pobreza, del desempleo, y una inflación que se acerca a la que dejó Cambiemos) como si todo fuera culpa de la herencia de Macri.

El ex presidente se ha involucrado recién ahora en la campaña compartiendo una actividad con María Eugenia Vidal en la Ciudad y otra con Diego Santilli en la provincia de Buenos Aires, donde la imagen positiva de Macri, según los propios, ronda apenas los 15 puntos. Pero igual suma.

Sin embargo, el escenario político encuentra a Cristina y a Macri en dos situaciones muy distintas. La vicepresidenta no sólo forma parte del Gobierno, sino que detenta el poder en la coalición gobernante que tiene como principales accionistas al Presidente y a Sergio Massa. Macri, por el contrario, ha visto disminuir su dominio en una coalición como Juntos por el Cambio que se ha ampliado y que, a partir de la mala gestión de la Casa Rosada, alimenta su objetivo de retornar al poder en 2023.

Hay muchas diferencias entre Cristina y Macri, sobre todo políticas, pero en particular una, que es la que hoy desvela a la líder kirchnerista: el legado.

En la serie Succession, el personaje principal Logan Roy es un magnate estadounidense dueño de un imperio y padre de cuatro hijos. A su edad, él tiene toda la intención de retirarse de la conducción de su emporio, pero no puede, porque ninguno de sus progenitores está capacitado para tomar las riendas y mantener el éxito. Cada uno tiene parte de las cualidades de liderazgo de Logan, pero ninguno las posee por completo.

Circula desde hace tiempo en el ámbito de la rosca que fomentan políticos, operadores y empresarios, la aspiración de Cristina de que Axel Kicillof suceda en el cargo a Alberto Fernández en 2023 y que Máximo Kirchner ocupe la gobernación. El nivel de gestión en Nación sustenta la idea debatida en el Instituto Patria de que no está en los planes una reelección. Pero no hay Kicillof ni Máximo 2023 sin una administración aceptable de Fernández. Y eso es lo que preocupa a Cristina.

A esta altura, las elecciones marcarán la mitad del mandato del Presidente. Los dos años que restan deberían ser algo más que óptimos para que no afecte la continuidad del kirchnerismo en el poder. De allí las versiones acerca de que los cambios de nombres y de políticas en el gabinete suenan inevitables. La gestión de Alberto estaría afectando al proyecto de Cristina, entienden en la cúpula del Frente de Todos.

Por el contrario, Macri es testigo, aunque no lo haya buscado, de cómo Horacio Rodríguez Larreta se encarna como su sucesor en el PRO y parte de esa consolidación dependerá del resultado en las PASO de Juntos por el Cambio. Al nombre de Larreta, en una eventual interna presidencial 2023, se suman el de María Eugenia Vidal, Patricia Bullrich, Martín Lousteau y el propio Facundo Manes.

Pero si el alcalde porteño logra que sus candidatos se impongan claramente en Ciudad con Vidal, y en provincia con Santilli frente a la “esperanza blanca” del radicalismo, Facundo Manes, habrá dado un gran primer paso para consolidarse como el rival a vencer en la interna de JxC. El segundo paso será recortar en la elección en provincia de Buenos Aires la diferencia de 14,2 puntos con la que Kicillof venció a Vidal en el 2019. Si es menor a dos dígitos, la tarea de Larreta estará cumplida. Si es la misma o mayor, será un candidato más.

El presente golpea el plan de Cristina. Su modelo económico, sin recursos, no es viable. Sólo la deuda pública desde que Alberto Fernández asumió en diciembre de 2019 se incrementó en 20 mil millones de dólares.

La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) acaba de prever para este año un crecimiento del 6,1 % en la economía de Argentina, pero persisten factores que limitan la recuperación tras una caída del PBI del 9,9 % en 2020. El informe estima que el país recién recuperará los niveles de actividad económica previos a la pandemia en 2026. En otras palabras, en 4 o 5 años podríamos volver a estar como en febrero 2020, cuando ya estábamos mal.

Por eso, no fue casual que Cristina dijera en un acto la semana pasada que “la vida que queremos”, y mencionó una serie de cuestiones básicas como tener un trabajo, un sueldo que alcance, disfrutar con nuestros hijos o viajar, “requiere no de uno sino de muchos periodos de gobierno”. Ergo, admitió que llevará muchos años estabilizar al país en cuestiones básicas.

Tal es la crisis económica que, como nunca, se percibe en el fútbol de la región. Un reciente informe de Clarín destaca cómo Brasil se ha despegado de la Argentina y hoy maneja presupuestos imposibles para los equipos locales. No es casual que no haya equipos argentinos en las instancias finales de la Copa Libertadores de América y de la Copa Sudamericana. A modo de ejemplo, el presupuesto del Flamengo casi duplica a los equipos argentinos más poderosos. A las arcas del Fla ingresan unos 36 millones de dólares por sponsors frente a River o Boca que arañan los 20 millones, pero al dólar oficial, lo que les significa aún menos.

Pero el problema no es de tipo de cambio, es político. Mercado Libre, cuyo cofundador Marcos Galperín se mudó al Uruguay harto de la Argentina, cerró hace unos meses un contrato para ser el sponsor del Flamengo por 18 meses, por 5,5 millones de dólares. Se convirtió así en la primera empresa argentina que auspicia a un club brasileño.

Increíblemente difícil para una empresa tan exitosa invertir en una Argentina con filosofía anti-empresaria, reflejada en los bloqueos que Hugo Moyano y compañía realizaron contra Mercado Libre por el enrolamiento gremial de algunos de sus trabajadores. Ya lo había dicho a Clarín Juan Sutil, el presidente de la poderosa Confederación de la Producción y el Comercio en Chile: “Las compañías chilenas se van porque en la Argentina hay un claro sentimiento anti empresa”. A lo que habría que añadir, que tampoco hay un plan o un rumbo claro.

 

 

* Para Clarín

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