Para el Gobierno, el ajuste de los controles cambiarios fue suficiente: creen que el “período negativo” termina con la cosecha de diciembre

ECONOMÍA 08 de octubre de 2021 Por Matías Barbería*
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El Gobierno evalúa en forma positiva la primera jornada financiera con flamantes controles de cambio, tanto sobre las compras de dólares para el pago de importaciones como para la operación con dólares financieros. Sin grandes festejos, grandes miras ni largos plazos: hay que aguantar hasta que lleguen los dólares de la cosecha fina, en diciembre, y pase la tendencia a la dolarización del período electoral. “Sólo hay que pasar este mes”, se esperanzan voces oficiales por estas horas.

Según fuentes privadas, el Banco Central compró USD 100 millones en el mercado cambiario formal, mientras que las trabas a los “rulos” entre distintas cotizaciones de dólares financieros evitaron tener que gastar las preciadas -y limitadas- reservas internacionales en mantener a raya a las versiones más visibles del dólar MEP y el dólar contado con liquidación. En el día uno, misión cumplida, dicen fuentes con poder de decisión en el rumbo económico del Gobierno.

Las medidas decididas el martes por la noche fueron transparentes. Buscaban el objetivo que aparentaban perseguir. Había que cerrar la canilla que estaba vaciando las pocas divisas que todavía tiene en sus arcas la autoridad monetaria. Y no mucho más.

La situación previa, a ojos del Gobierno, era preocupante. El martes el Banco Central había tenido que vender USD 105 millones para abastecer al mercado cambiario formal, repentinamente atiborrado de importadores que intentaban adelantar pagos al exterior.

Y no fue un caso único. La del martes fue la quinta rueda consecutiva con saldo vendedor para la entidad que conduce Miguel Pesce, por un total de ventas que llegó a los UD 467 millones según cálculos de Portfolio Personal inversiones. Desde el 26 de agosto, calcula la misma sociedad de Bolsa, cuando se empezó a sentir la falta de dólares del agro una vez terminada la temporada alta de liquidación de divisas, las ventas del BCRA en el mercado formal habían llegado a USD 1.511 millones.

Las reservas netas líquidas, cerca de los USD 6.000 millones a principios de septiembre gracias a la inyección del equivalente a USD 4.355 millones en derechos especiales de giro (DEG) del FMI cayeron por debajo de los USD 3.000 millones el 22 de septiembre luego del pago de USD 1.880 millones de un vencimiento con el mismo organismo, según cálculos del economista Gabriel Rubinstein.

En base a ventas del BCRA y otros vencimientos en moneda extranjera, calculaba el economista que fue representante del ex ministro de Economía Roberto Lavagna en la autoridad monetaria, las reservas líquidas netas llegarían a cero pocos días antes de las elecciones de noviembre.

En el Gobierno no suelen compartir esas proyecciones, pero si admitieron –en los hechos– que era hora de un volantazo.

Por un lado, explican, se había generado una dinámica dañina en el mercado cambiario formal mayorista. La demanda por dólares por parte de importadores que, explican con suspicacia, necesitaba adelantar pagos mucho antes de que sus proveedores en el exterior embarquen sus compras se había disparado.

Y esto justo había pasado en el trimestre del año en que menos divisas del agro entran a la plaza cambiaria. Para peor, en época de elecciones, donde la dolarización tiende a acelerarse. Había que pararlo, explican. Y, aseguran con vehemencia, pasados 30 días de las nuevas condiciones para entrar al mercado de cambio formal esperan tener una situación más holgada con la que rever las reglas para importadores.

En bancos y empresas no son tan optimistas, pero en los pasillos oficiales descartan esas visiones como exageraciones tradicionales.

Lo mismo en el mercado de los dólares financieros. Ya reducido e hipersegmentado por recientes regulaciones establecidas tan pronto como en agosto pasado. Al Banco Central le estaba costando demasiado caro mantener al dólar MEP y al contado con liquidación implícito en el Bonar 30 a raya.

Para tener bajas a esas cotizaciones que son, tradicionalmente, las de referencia y las que llegan a los títulos periodísticos la entidad vende dólares a través de bonos. Con esa cotización testigo, confían, la temida cotización “blue” no va a dispararse y empeorar el mal resultado electoral.

Si después los operadores compran y venden dólares a $190 a través del segmento de negociación bilateral (Senebi), de Letras a Descuento (Ledes) u otros activos útiles para operaciones cambiarias, no es problema. Mientras el votante de a pie sepa que hay un dólar financiero estable en $175 no debería haber sustos con el billete en medio de un proceso electoral que ya de por sí es pesadillezco para el oficialismo.

Pero sí hubo problema. Porque cada vez que se multiplican las cotizaciones de un mismo activo, el dólar, se multiplican también la cantidad de estrategias posibles para que los operadores financieros hagan lo que mejor saben hacer: comprar barato y vender caro.

Los inversores nunca se cansaron de comprar los dólares a $175 que vende el Banco Central en el dólar MEP y en el dólar contado con liquidación. Demandaron cada vez más y, cada vez que podían, revendían esos mismos dólares en las otras cotizaciones financieras que el Gobierno se resignó a no controlar. Con Ledes, en SENEBI ya hasta con acciones. Compraban a $175 y vendían a $190 los dólares que Pesce sacrificaba para que no se disparen el MEP y el Liqui.

Llamativo: a medida que más se protegía esos precios, para que no suban, más bajo amenaza estaban. El Banco Central estaba financiando con su propia sangría de reservas a los múltiples “rulos” que se peinaban en el mercado. Cálculos de operadores estimaban entre USD 30 y USD 50 millones diarios los que tenía que poner el Central cada día para que el liqui y el MEP no llegue a los títulos.

Eso, entienden en el Gobierno, se acabó con las nuevas medidas. Ahora hay que esperar al menos 30 días si se quiere pasar de la cotización subsidiada por las ventas del BCRA a las cotizaciones libres. El rulo, en esas condiciones, parece imposible. Al menos hasta que en las mesas de operaciones le vuelvan a encontrar la vuelta.

Lejos de considerarlas medidas de relevancia, en el Gobierno casi que le bajan el tono. Llegado diciembre, explican, habrá algo más de dólares del agro. Y el año próximo, confían, habrá más producción local de gas y menos importaciones. Pasadas las elecciones no habrá la misma urgencia por dolarizarse.

Y, en el primer trimestre de 2022, algún acuerdo con el FMI habrá que hacer porque los pagos que esperan para el año próximo son absolutamente imposibles: hay 24 vencimientos con el organismo por más de USD 19.000 millones. Y, tan pronto como el 31 de marzo, si el país no cuenta con un programa acordado con el organismo que todavía conduce la, ahora, cuestionada Kristalina Georgieva, se cae el acuerdo que salvó al país de un default con el Club de París. Acuerdo por el que hubo que pagar nada menos que USD 430 millones.

Después, explican, será cuestión de volver a lo habitual: sumar reservas de exportaciones, juntar dólares para los meses de vacas flacas y tener así con qué enfrentar chubascos. Es, nada más –le quitan importancia en el Gobierno– un período negativo. Sólo hay que llegar a la cosecha fina de diciembre.

 

 

* Para www.infobae.com

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