El pedido de Macri que agita la interna en el PRO, la estrategia secreta de Rodríguez Larreta y el debut del “Palomón” Morales

POLÍTICA Por Ricardo Carpena*
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Políticamente más activo pero reservado como nunca, Mauricio Macri reunió a un grupo de dirigentes de segunda línea del PRO y les pidió: “Sostengamos a Patricia. Es muy importante que llegue con posibilidades a 2023”. ¿Qué les quiso decir? Aunque no lo hizo explícito, varios entendieron que el ex presidente se propone “quitarle centralidad” al proyecto presidencial de Horacio Rodríguez Larreta. Una muestra de que, por debajo de la línea de flotación de Juntos por el Cambio, la tregua de sus principales líderes es hoy extremadamente frágil. Y que aunque falte mucho para las próximas elecciones, de manera subterránea se está trabajando para delinear ese escenario tan decisivo.

En la intimidad, por su lado, el Jefe de Gobierno porteño le resta importancia a cada cortocircuito que se produce en su partido y en la coalición opositora. “La unidad no está en peligro”, repite casi como si quisiera convencerse de lo que dice. Rodríguez Larreta se muestra como un director de orquesta que alienta el lucimiento solista de los músicos, pero al que finalmente le gusta sentir que es quien empuña la batuta. “Será candidato el que mida mejor”, insiste tanto en referencia a la competencia presidencial como a la de gobernador bonaerense.

Y tampoco se muestra preocupado por el disruptivo rol que está teniendo el nuevo jefe de la UCR, Gerardo Morales, quien la semana pasada les marcó a cancha a todos sus pares de Juntos por el Cambio al convertirse en el abanderado del diálogo con el Gobierno. Mientras casi toda la oposición trata de tomar distancia de Alberto Fernández, el gobernador de Jujuy no dudó en defender la presencia de Juntos por el Cambio en la reunión del ministro Martín Guzmán con los gobernadores para hablar sobre las negociaciones con el FMI, e incluso se metió en un terreno fangoso cuando dijo: “Esta deuda la contrajimos nosotros, lo menos que tenemos que hacer es ir a escuchar”.

Algunos “halcones”, como los diputados del PRO Waldo Wolff y Fernando Iglesias, no le perdonaron su dialoguismo a ultranza. Morales se quejó de “esos halcones que siempre saltan a la yugular”, y fue aún más allá para justificar su actitud: “Macri nos avisó minutos antes a la UCR y otras fuerzas que tenía casi un acuerdo con el FMI”. Por eso en el Zoom del jueves pasado de la Mesa Nacional de Juntos por el Cambio tuvo un cruce con Bullrich, que le recriminó esas declaraciones. El gobernador aseguró que los medios “lo habían sacado de contexto”. “Lo podrías haber aclarado”, retrucó la titular del PRO. La tensión no escaló, pero quedó latente.

Parece evidente que en la máxima conducción opositora muchos extrañan a Alfredo Cornejo, el ex titular de la UCR y actual presidente del interbloque de senadores de JxC, que sintonizaba mejor con los duros de la coalición y que durante años desempeñó una inusual y reservada condición de mediador entre dirigentes de posturas irreductibles como suelen abundar en ese espacio.

Por eso en la coalición opositora, donde se mantiene la lógica implacable de los “halcones” y las “palomas”, algunos dirigentes bautizaron a Morales como “Palomón”: medio en broma y medio en serio, afirman que “es mucho más que una paloma”. En el entorno del gobernador de Jujuy se enojan, sobre todo, con el larretismo. Están convencidos de que el jefe de Gobierno incide en los títulos que publican los medios y dicen que no está acostumbrado a que le disputen el liderazgo desde afuera del PRO. El líder de la UCR quiere elevar su perfil porque se imagina como candidato presidencial y, aunque no sea el elegido, como el promotor de un radicalismo con más protagonismo.

En ese punto, desde el PRO creen que el mandatario jujeño se equivoca (y no harán nada para corregirlo): “Justo después de que la mayoría de los argentinos votó contra el Gobierno, el presidente del radicalismo elige ser el socio de Alberto Fernández. Como vive en Jujuy, Gerardo debe tener los reflejos políticos apunados”, reflexionó con malicia un referente del partido que fundó Macri.

Quizá en el PRO no deberían estar tan jocosos. Además de las prematuras peleas por las candidaturas de 2023, hay un dilema que recorre la agrupación que preside Bullrich y que planteó Martín Yeza, el intendente de Pinamar, al referirse a la fractura interna por la reelección indefinida en la provincia de Buenos Aires: “Es un tema que pone un signo de pregunta sobre nuestra identidad”, sostuvo en una entrevista con Infobae. A la revista Noticias le dijo algo similar y profundizó: “En el 2015 Cambiemos vino a interpelar a una cultura de poder, y dentro de eso un tema muy central era nuestra posición con las reelecciones indefinidas. Ahora tenemos que discutir, con la tensión que sea necesaria, cuál es nuestro norte”. Yeza renunció a otra reelección. A excepción de Néstor Grindetti, de Lanús, quien ya había anunciado lo mismo, el silencio del resto de los intendentes del PRO fue demasiado estridente.

Como jefa del espacio, a Bullrich le toca lidiar con ese problema y con algunos que la involucran: quienes la conocen creen que el protagonismo que recobró Macri en los últimos tiempos opacó su figura y que aún no se repuso de la frustrada jugada para desplazar a Cristian Ritondo de la jefatura del bloque de diputados del PRO. Ahora, terminó desconcertando hasta a sus defensores internos cuando se fotografió con el liberal Javier Milei para graficar un acuerdo por el cual el líder de La Libertad Avanza respaldó dos proyectos de rebajas de impuestos junto con diputados de JxC del sector de los “halcones”. “Sería bueno que algunos colegas de Juntos por el Cambio dejen de hacer demagogia y populismo a la inversa”, tuiteó el jefe de la Coalición Cívica, Maximiliano Ferrero. Fue extraño que hayan quedado excluidos dos diputados liberales como José Luis Espert y Ricardo López Murphy. Mucho más, que legisladores de la misma bancada alineados con “las palomas” se hayan enterado por los diarios de esos proyectos.

Desde el larretismo, que mira con desconfianza esas jugadas autónomas de Bullrich, aseguran que su jefe seguirá adelante con su propia estrategia para ampliar las fronteras de Juntos por el Cambio (“mucho más amplia ideológicamente”, aclaran) para volver al poder dentro de dos años. Sin embargo, estos movimientos dejan al desnudo una debilidad: hay una línea de pensamiento que parece a la deriva en las filas opositoras. Entre 2012 y 2015, según interpreta un referente del PRO, el ordenador interno fue el ascenso y el triunfo electoral de Macri. Entre 2015 y 2019, la Casa Rosada. Pero ahora, en el camino a 2023, ¿quién es el líder que pone su impronta, alinea a los demás y seduce a todos? Tantas figuras con una influencia similar termina por no darle certezas a nadie.

Por eso la conducción horizontal de Juntos por el Cambio es una experiencia inédita que puede ser virtuosa en un país acostumbrado a figuras políticas fuertes (a veces al extremo) y al verticalismo disciplinador, pero también puede derivar en un desorden enorme. En ese escenario, con Rodríguez Larreta concentrado en la gestión, Bullrich siempre al límite y Morales como flamante opositor oficialista (o viceversa), para algunos dirigentes de JxC (sobre todo, del PRO), Macri da muchas más certezas que otros líderes del espacio.

Luego de largos meses dando rodeos para no definirse sobre su candidatura en 2023, el ex presidente se muestra públicamente lejano a esa posibilidad. “Mi tarea hoy, y siento que puedo hacer un enorme aporte, es estar cerca de los argentinos para sostener la unidad, y que los argentinos tengan alternativas sanas para presidente y gobernador. Mi prioridad es esa, no me anoto en ninguna carrera”, dijo en diciembre. Cuando no hay micrófonos ni cámaras, aseguran que el ex presidente dice más o menos lo mismo. Y hace poco esbozó en privado una sugestiva caracterización sobre Rodríguez Larreta y Bullrich, sus competidores en el PRO para una postulación presidencial. “Horacio tiene con qué llegar a la Presidencia, pero no sabe qué hacer si llega. Y Patricia no tiene con qué llegar, pero sabe perfectamente qué hacer si llega”. Eso explicaría por qué Macri pidió que “sostengan” a la jefa partidaria.

El jefe de Gobierno, siempre en actitud zen, no se involucra en peleas, no habla mal de nadie y se queja del periodismo que está obsesionado por encontrar las diferencias en Juntos por el Cambio. Igual, mantiene su objetivo de convertirse en presidente de la Nación, algo que sostiene desde que era chico y para lo cual renovó el gabinete porteño con incorporaciones de peso como la de Jorge Macri. ¿Una señal hacia su amigo/rival Mauricio? El intendente de Vicente López juega su propio partido y ya le advirtió a dirigentes de confianza: “No voy a hacer larretismo”. Otro aporte para el desorden opositor, que quizá necesitaría que alguien, parafraseando a un referente político indiscutible como Raúl Alfonsín en la campaña de 1983, le reclame a la dirigencia de JxC: “Un líder ahí, por favor”.

 

 

* Para www.infobae.com

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