La agenda judicial de Cristina Kirchner y las urgencias de la economía profundizan las diferencias en la gestión del Gobierno

POLÍTICA Por Joaquín Mugica Díaz*
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Alberto y Cristina. Cristina y Alberto. Dos agendas y un solo gobierno. En los últimos días se institucionalizó la ruptura informal de Frente de Todos. Es decir, se volvió normal y natural que el Presidente y la Vicepresidenta tengan dos caminos distintos por donde caminar en este ajetreado tiempo de gestión.

El Presidente enfocó su agenda en amortiguar el impacto de la inflación con un puñado de medidas; sostener y fortalecer a su ministro de Economía, Martín Guzmán, frente a los reiterados puñales del kirchnerismo; y correrse, con su cuerpo y su voz, del enfrentamiento con la Corte Suprema.

La Vicepresidenta realizó una jugada estratégica implacable en el Senado para conseguir un lugar más entre los consejeros del Consejo de la Magistratura. Partió el bloque oficialista en dos en un movimiento que, según sospechan en el oficialismo, podría no tener retorno. Apuntó contra el presidente del máximo tribunal, Horacio Rosatti, y habilitó en el Senado el debate para ampliar la Corte.

En esta etapa donde busca fortalecerse y gestionar con autonomía, el Jefe de Estado prefiere recostarse sobre el silencio de la gestión y esquivar el ruido de la polémica. Tomar distancia de la crisis interna que lo sacudió de un lado hacia el otro en los últimos dos meses y centrar su agenda en domar la inflación, el dato de la economía que le impone un límite a su ambición de relección.

La Vicepresidenta se alejó de su silencio habitual para inmiscuirse en una batalla frenética con la Corte Suprema. Este miércoles sesionará la Comisión de Asuntos Constitucionales del Senado de la Nación y el oficialismo tiene decidido avanzar en un proyecto de ley para llevar adelante la ampliación de la Corte Suprema de Justicia. Cristina, esta vez, quiso hacer ruido.

Pero no fue solo ella la que levantó el tono del kirchnerismo. El ex jefe de Gabinete bonaerense y actual jefe de asesores de Axel Kicillof, Carlos Bianco, le prendió una vela al slogan “Cristina 2023″. Amigo y hombre de confianza del gobernador de Buenos Aires, fue el primero en pedir que la Vicepresidenta juegue por el premio mayor el año que viene.

“Alberto, constitucionalmente, tiene la posibilidad de ir a una reelección. Será una definición política de él, de su grupo y de nuestro frente. Mi candidata a la presidencia es Cristina”, aseguró Bianco en una entrevista con el portal Letra P. No es un funcionario de alto rango, ni una voz distinguida en la primera línea K, pero desde su lugar al lado de Kicillof fue el primero en atreverse a pedir el regreso de Cristina Kirchner.

Las dos agendas que hay en la cúpula del Gobierno quedaron expuestas cuando desde el corazón de la Casa Rosada avisaron que no compartían la avanzada de la Vicepresidenta para ampliar la Corte. “Es una agenda alejada de la gente. Alberto no se va a meter”, anticiparon desde el entorno presidencial.

En un tema central para el Poder Judicial y la buena vida de la relación de poderes, como es la ampliación de la Corte Suprema, el Presidente y la Vicepresidenta no están de acuerdo. No hablaron sobre el tema, no se pusieron de acuerdo sobre cómo y cuando avanzar. Básicamente, porque llevan casi dos meses sin dirigirse la palabra.

“La relación de Alberto y Cristina es una moneda en el aire que nunca se sabe de que lado puede caer. No se sabe cuando pueden volver a hablar, ni cómo puede ser ese reencuentro”, reconoció un funcionario con despacho en la Casa Rosada. La ansiedad por una cumbre entre ambos bajó la intensidad. Llegará algún día. O nunca.

Pese a que muchos ministros y funcionarios intentan restarle importancia a la ausencia de diálogo, la decisión de la Vicepresidenta de avanzar en debatir la ampliación de la Corte, mientras el Jefe de Estado advierte que no es un tema que esté en su agenda, desnudó la debilidad de una gestión que se vuelve torpe e impredecible por la falta de coordinación.

La crisis política parece haber cedido en intensidad, al menos por unos días. Disminuyó el fuego cruzado solo porque comenzó a instalarse un nuevo statu quo en Balcarce 50. Se gestiona con la mirada fija en los objetivos de gestión diseñados en el primer piso de la Casa Rosada y sin frenar la avanzada por cuestionamientos del kirchnerismo.

En el albertismo reconocen que la decisión de gestionar “ignorando” las críticas de La Cámpora y el kirchnerismo duro ya es parte de la dinámica nueva. “Si quieren tirar piedras, que tiren. Nosotros seguimos adelante”, advirtieron cerca del Presidente, aclarando que esa decisión fue la tan esperada muestra de autoridad que esperaban en el peronismo que sigue acompañando a Fernández.

La agenda judicial tuvo un punto de coincidencia entre Alberto Fernández y Cristina Kirchner. La Casa Rosada convalidó la ruptura del bloque en el Senado como parte de una estrategia para ganar lugar en el Consejo de la Magistratura. Lo hizo el Jefe de Gabinete, Juan Manzur. “Está dentro de los parámetros legales”, dijo el tucumano.

Sin embargo, con el correr de las horas, el apoyo se transformó en la aceptación de que la jugada no había sido validada completamente por Fernández. Lo cierto es que la ruptura del bloque, y la composición de cada uno de los dos fragmentos, fue interpretado en el albertismo como el inicio de un recorrido de división más marcado. La posibilidad de avanzar por dos caminos separados en la Cámara alta ahora está más latente que nunca.

Alberto y Cristina transitan dos tiempos diferentes. Fernández elude la interna porque sabe que es un barrial del que siempre saldrá perjudicado. Kirchner empieza empieza a moverse con gestos que anticipan un reacomodamiento de su fuerza política rumbo al 2023. Quizás el más concreto sea designar como delegado del Consejo de la Magistratura a Martín Doñate, un legislador de su confianza que pertenece a La Cámpora.

El legislador rionegrino, junto a Mariano Recalde, Vanesa Siley y Gerónimo Ustarroz - todos integrantes de la mesa ampliada del Consejo - conforman un bloque K que responde directo a la Vicepresidenta.

En las últimas semanas La Cámpora, el kicillofismo, el propio Kicillof y el kirchnerismo más duro se empezaron a alinear con más sintonía y tomando distancia de la conducción del Presidente. No alcanza con las risas simpáticas en un acto en Neuquén, como sucedió en la inauguración de la obra del gasoducto Néstor Kirchner, para intentar mostrar que todo está bien o, peor aún, que la crisis interna fue solo una discusión del pasado.

El enorme problema que aqueja al Gobierno, en especial a Alberto Fernández, es que la agenda de la política no quede desmarcada del interés de la gente. Es decir, que sean compatibles y que se unan en algún punto. Poco entiende el ciudadano de a pie sobre las rencillas del poder político y el judicial, que tanto ocupan al Gobierno en este tiempo.

El Presidente busca concentrarse en la gestión y mostrarle a la sociedad que sin nombrarla ni alimentarla, la crisis interna empieza a atenuarse. Quizás le de resultado. Lo único que le importa es que la alta inflación empiece a ceder. Sin reducir y controlar la escalada de precios no hay mañana. Ni para él, ni para el peronismo.

 

 

* Para www.infobae.com

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