Finanzas que no se enseñan: jóvenes, redes sociales y los riesgos de aprender a manejar el dinero fuera del aula

EDUCACIÓN Agencia de Noticias del Interior
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  • El 86% de los jóvenes argentinos no recibió educación financiera en la escuela.
  • Uno de cada tres jóvenes aprende sobre finanzas a través de redes sociales y finfluencers.
  • La falta de formación expone a mayores riesgos de estafas y fraudes digitales.
  • Existe consenso social en que la educación financiera debería ser garantizada por escuelas y familias.
  • Los contenidos más demandados son ahorro, presupuestos y pensiones.
  • Especialistas proponen comenzar la educación financiera desde la infancia con prácticas cotidianas.

La educación financiera se ha convertido en una de las grandes deudas del sistema educativo argentino. Un informe reciente revela que el 86% de los jóvenes de entre 16 y 24 años no recibió formación financiera durante su paso por la escuela, una carencia que hoy empuja a miles de adolescentes y jóvenes adultos a buscar respuestas en espacios alternativos, especialmente en las redes sociales.

El dato no es menor: en un contexto económico atravesado por la inflación, el endeudamiento y la digitalización de los medios de pago, saber administrar el dinero dejó de ser una habilidad deseable para transformarse en una necesidad básica. Sin embargo, la falta de contenidos sistemáticos en el ámbito escolar generó un vacío que comenzó a ser ocupado por creadores de contenido financiero, conocidos como “finfluencers”, que ofrecen consejos, tutoriales y explicaciones breves a través de plataformas digitales.

Según el estudio El valor de aprender, realizado por Santander junto a IPSOS con la participación de más de 20.000 personas adultas de América y Europa, el 33% de los jóvenes argentinos recurre a redes sociales o a creadores de contenido para aprender sobre el manejo del dinero. Al mismo tiempo, el 91% de los encuestados considera que tanto los colegios como las familias deberían ser responsables de garantizar la educación financiera, lo que evidencia una brecha entre lo que se espera del sistema educativo y lo que efectivamente ofrece.

El avance de las redes como espacio formativo no está exento de riesgos. El mismo relevamiento alerta que siete de cada diez jóvenes argentinos fueron víctimas de intentos de estafas digitales, y que el 23% cayó efectivamente en algún tipo de fraude. La combinación entre escasos conocimientos financieros y sobreexposición a contenidos no regulados aparece como un terreno fértil para engaños, promesas de ganancias rápidas y esquemas poco transparentes.

Desde el sector financiero, reconocen la gravedad del problema. “Estamos convencidos de que la educación financiera es una herramienta clave para el desarrollo personal, la inclusión social y la sostenibilidad económica del país”, sostuvo Alejandro Butti, CEO de Santander Argentina, al presentar los resultados del informe. Sin embargo, los números muestran que todavía hay un largo camino por recorrer: solo el 25% de los encuestados en el país afirmó haber realizado algún curso de educación financiera.

Cuando se les pregunta qué contenidos les hubiera gustado aprender en la escuela, las respuestas son elocuentes. El 75% mencionó las pensiones, el 63% el ahorro y el 47% la elaboración de presupuestos. Temas básicos para la vida adulta que, en muchos casos, quedan relegados frente a otras prioridades curriculares. La consecuencia es una formación incompleta que obliga a los jóvenes a aprender “sobre la marcha”, muchas veces a partir del error.

La percepción de conocimiento tampoco siempre se corresponde con la realidad. En la Argentina, el 66% de las personas afirmó estar bien informado sobre cuestiones financieras, pero solo el 27% respondió correctamente una pregunta vinculada a la inflación. Esta brecha entre confianza y comprensión efectiva refuerza la idea de que la educación financiera no puede limitarse a nociones superficiales.

Aun así, existe un amplio consenso sobre sus beneficios. El 95% de los encuestados aseguró que recibir educación financiera resulta positivo: el 65% cree que ayuda a tomar mejores decisiones, el 58% considera que permite gestionar mejor el dinero y las deudas, y el 55% sostiene que mejora el apoyo para alcanzar objetivos financieros. Entre las principales barreras para formarse aparecen el costo de los cursos (44%) y la falta de tiempo (31%).

Frente a este escenario, distintas organizaciones impulsan estrategias para incorporar hábitos financieros saludables desde edades tempranas. Un reporte de la fintech Adelantos propone prácticas simples pero efectivas: juegos con dinero ficticio para simular compras y presupuestos, asignaciones periódicas para fomentar el ahorro, conversaciones familiares sobre gastos y prioridades, y el uso de herramientas digitales con enfoque lúdico.

El desafío, en definitiva, no pasa solo por sumar contenidos, sino por integrar la educación financiera de manera transversal y responsable. En un mundo donde el dinero circula cada vez más en pantallas y algoritmos, dejar su aprendizaje librado a las redes sociales puede resultar tan inevitable como riesgoso.

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