Plazos fijos en máximos: una rentabilidad que entusiasma, pero con señales de agotamiento

ECONOMÍA Agencia de Noticias del Interior
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  • Las tasas máximas de plazos fijos reaparecieron y alcanzan hasta 33,5% TNA, pero son excepcionales.
  • La caución a un día en torno al 20% refleja abundante liquidez y baja tensión financiera.
  • Históricamente, cuando la caución baja, las tasas minoristas tienden a ajustarse con rezago.
  • La última licitación del Tesoro absorbió pesos y ordenó el mercado sin generar estrés.
  • El ranking bancario muestra gran dispersión y concentra los rendimientos más altos en pocas entidades.
  • El nivel actual luce transitorio: más oportunidad de corto plazo que nuevo equilibrio duradero.

El renovado atractivo de los plazos fijos tradicionales volvió a captar la atención de los ahorristas más conservadores. En un escenario de dólar estable y menor sobresalto financiero, varias entidades bancarias salieron a competir con tasas que alcanzan hasta el 33,5% nominal anual para colocaciones a 30 días. La cifra, llamativa en términos históricos recientes, parece ofrecer una oportunidad tentadora. Sin embargo, detrás de ese número máximo empiezan a aparecer indicios que sugieren que se trata más de un pico coyuntural que de un nuevo equilibrio del mercado.

El primer dato que invita a la cautela surge del comportamiento del mercado de pesos. La caución bursátil a un día, uno de los termómetros más sensibles de la liquidez, se mantuvo durante la jornada en torno al 20% TNA. Ese nivel revela un sistema financiero con disponibilidad de fondos y sin urgencias de financiamiento de corto plazo. En ese contexto, la necesidad de los bancos de pagar tasas muy superiores para captar depósitos minoristas pierde fuerza.

La experiencia muestra que, cuando la caución se estabiliza en valores bajos, las tasas de los plazos fijos suelen ajustarse en la misma dirección, aunque con cierto retraso. El descalce actual entre ambos rendimientos empieza a llamar la atención de los operadores, que leen en esa diferencia una señal de corrección futura más que de consolidación.

A ese cuadro se sumó un segundo movimiento clave: la última licitación del Tesoro. En la colocación del 28 de enero, el Ministerio de Economía adjudicó más de $10 billones y logró un rollover holgado, superior al 124%. El resultado neto implicó una absorción cercana a los $2 billones, que se hará efectiva con la liquidación de la operación. Lejos de generar estrés, la maniobra ordenó el tablero monetario y reforzó la idea de una normalización gradual de los rendimientos.

La absorción de pesos reduce la liquidez disponible, pero no necesariamente empuja las tasas al alza. En un contexto donde el mercado mayorista se mantiene calmo, la señal apunta más a evitar extremos que a convalidarlos. Esa lectura se refuerza al observar el mapa completo de tasas ofrecidas por los bancos.

El relevamiento de plazos fijos a 30 días muestra una fuerte dispersión. En la cima aparecen pocas entidades que pagan entre 33% y 33,5% TNA, concentrando el máximo rendimiento del sistema. Un escalón más abajo, un grupo reducido ofrece tasas apenas inferiores, todavía por encima del promedio. Sin embargo, la mayor parte de los bancos se ubica en niveles considerablemente más bajos, con rendimientos que van del 27% al 30%, e incluso menos en las entidades más grandes.

Esa distribución deja en claro que el 33,5% existe, pero no define al mercado. Se trata de una tasa excepcional, limitada a pocos jugadores y potencialmente expuesta a recortes si se sostiene el actual clima de liquidez. Los bancos que hoy lideran el ranking son, al mismo tiempo, los más sensibles a un cambio de expectativas.

Con una caución firme cerca del 20%, un Tesoro que logró absorber pesos sin sobresaltos y un calendario de licitaciones que ofrece cierto respiro, el escenario parece poco compatible con la continuidad de tasas tan elevadas para el ahorro minorista. El rendimiento máximo, en ese marco, aparece más como una ventana de corto plazo que como un nuevo piso estructural.

El mercado de pesos comienza a enviar un mensaje claro: el techo de tasas está a la vista y, aunque todavía no tenga fecha explícita, todo indica que no será permanente.

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