Billeteras digitales ajustan tasas ante el avance de la morosidad y la presión social

ECONOMÍA Agencia de Noticias del Interior

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  • Las billeteras digitales evalúan bajar tasas ante el aumento de la morosidad
  • Uno de cada cuatro usuarios presenta dificultades para pagar sus créditos
  • El costo financiero total supera ampliamente el 200% anual
  • El problema afecta especialmente a trabajadores informales
  • El sector fintech reconoce la necesidad de revisar su esquema crediticio
  • Crece el riesgo de exclusión financiera si no se alivian las condiciones

El crecimiento del crédito digital en la Argentina enfrenta su primer gran desafío estructural. Las principales billeteras virtuales comenzaron a evaluar una reducción en las tasas de interés que aplican a sus préstamos, en respuesta a un fuerte incremento de la morosidad que ya alcanza a uno de cada cuatro usuarios. La decisión, aún en análisis, podría impactar sobre al menos seis millones de clientes que actualmente utilizan estas plataformas como vía de financiamiento.

El fenómeno revela una tensión creciente entre el acceso al crédito y su sostenibilidad. Durante los últimos meses, millones de personas recurrieron a estas herramientas para cubrir gastos cotidianos, en un contexto de ingresos debilitados y consumo retraído. Sin embargo, los elevados costos financieros terminaron generando un efecto inverso al buscado: lejos de aliviar la situación económica de los usuarios, en muchos casos profundizaron su nivel de endeudamiento.

Los préstamos ofrecidos por las billeteras digitales suelen ubicarse en un rango de entre $300.000 y $500.000, con plazos relativamente cortos que van de tres a seis meses. A primera vista, se trata de montos accesibles y condiciones ágiles, pero el problema radica en el costo asociado. Las tasas nominales anuales se ubican en torno al 115% o 120%, mientras que el costo financiero total supera ampliamente el 200% anual e incluso se aproxima al 300% en algunos casos.

Este nivel de tasas contrasta con una inflación proyectada considerablemente menor, lo que agrava la carga para los deudores. La consecuencia directa es un incremento sostenido de los incumplimientos, que en el segmento no bancario ya supera el 25% y, en algunos registros, alcanza niveles cercanos al 27%. Se trata de cifras que remiten a momentos críticos de la economía reciente, como la crisis de 2019 o el período más agudo de la pandemia.

Dentro de este universo, el impacto es particularmente fuerte entre los trabajadores informales, que representan aproximadamente la mitad de los usuarios endeudados. La caída del consumo y la falta de recuperación de la actividad económica golpean de lleno sobre sus ingresos, dificultando el cumplimiento de las obligaciones asumidas. En este contexto, el crédito deja de ser una herramienta de inclusión para transformarse en un factor de vulnerabilidad.

Desde el sector fintech reconocen la necesidad de revisar el esquema actual. Mariano Biocca, referente de la cámara que agrupa a estas empresas, admitió que las condiciones vigentes requieren ajustes. Según explicó, una de las razones detrás de las altas tasas es el nivel de riesgo que enfrentan las compañías, ya que operan con capital propio y no con depósitos de clientes, a diferencia del sistema bancario tradicional.

El ejecutivo también planteó que el sistema actual genera una distorsión: los usuarios que cumplen con sus pagos terminan absorbiendo parte del costo de aquellos que no lo hacen. Este mecanismo, si bien responde a la lógica del negocio, comienza a mostrar límites en un escenario de morosidad creciente.

Otro dato que preocupa al sector es el comportamiento de algunos deudores frente a la imposibilidad de pago. En las últimas semanas se multiplicaron los casos de usuarios que optan por eliminar las aplicaciones como forma de evitar el contacto con las empresas. Sin embargo, esta estrategia no implica la desaparición de la deuda. Las compañías mantienen registros de sus clientes y, ante la falta de respuesta, suelen derivar los casos a instancias legales.

En paralelo, grandes actores del ecosistema no bancario, como Mercado Libre y Tarjeta Naranja, también registran un deterioro en la calidad de sus carteras, lo que refuerza la idea de que el problema es sistémico y no se limita a casos aislados.

La posible baja de tasas aparece, entonces, como una respuesta necesaria para evitar un deterioro mayor. Sin embargo, el desafío será encontrar un equilibrio entre la sostenibilidad del negocio y la capacidad de pago de los usuarios. Sin cambios en ese sentido, el riesgo es que una parte significativa de la población quede excluida del sistema crediticio, en un momento en que el financiamiento resulta clave para la recuperación económica.

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