Pese a crisis de bonos y miedos por la IA, EEUU continúa creando empleo

ECONOMÍA David FRENKEL

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El escenario económico internacional atraviesa una profunda incertidumbre por la escalada bélica en Irán y el incremento del petróleo Brent hacia los 96 dólares. Esta coyuntura ha acelerado las presiones sobre el rendimiento de la deuda del Tesoro de Estados Unidos, un stock que supera los 40 billones de dólares de endeudamiento público. Pese a la paulatina pérdida de confianza en los bonos norteamericanos y al desprendimiento de reservas de oro por parte de bancos centrales europeos hacia la plaza londinense, la intervención preventiva del Secretario del Tesoro, Scott Bessent, evitó una convulsión mayor en los mercados, reduciendo la volatilidad a un deslizamiento paulatino en las tasas de interés de largo plazo.

En contraste con las tensiones financieras, la actividad económica real en Estados Unidos demuestra una firmeza contundente respaldada por la acelerada expansión de la inteligencia artificial. El flujo de inversión destinado a infraestructura tecnológica sostiene el ritmo de crecimiento productivo, mientras que el mercado de trabajo refleja condiciones de pleno empleo tras registrar la creación de 162 mil puestos laborales en agosto y una tasa de desempleo del 4,1%. Sin embargo, la persistencia de una inflación interanual del 3,7% a julio continúa distanciándose de la meta oficial, impulsada por los costos energéticos derivados del conflicto en Oriente Medio y la política de aranceles.

Esta encrucijada reactivó el debate sobre la conducción de la política monetaria de la Reserva Federal. Diversos analistas e integrantes del organismo señalan que la fortaleza de la economía y el impulso inversor de la IA justifican una suba en las tasas de interés de corto plazo para contener la escalada de precios. No obstante, la conducción del banco central enfrenta condicionamientos políticos directos, dado que la Administración de Donald Trump exige sostener niveles bajos de tasas para evitar un freno en la actividad.

La credibilidad del titular de la Fed, Kevin Warsh, será puesta a prueba en la próxima reunión de política monetaria. La desconfianza del mercado respecto a la independencia del organismo, sumada a la división interna de la Junta de Gobernadores donde figuras como Chris Waller condicionan su voto a la evolución de los precios, anticipa un complejo escenario de definición. El desenlace dependerá de eventuales acuerdos geopolíticos para descomprimir la crisis energética en el Estrecho de Ormuz o de la capacidad del banco central para preservar su autonomía institucional.

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