Con el mazo dando y a Dios rogando

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Con el mazo dando y a Dios rogando. Con los tapones de punta, Omar Perotti inició su gestión como gobernador trazando una línea crítica contra el gobierno saliente, establecida en tres ejes: seguridad, economía y presupuesto.
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Con el mazo dando y a Dios rogando. Con los tapones de punta, Omar Perotti inició su gestión como gobernador trazando una línea crítica contra el gobierno saliente, establecida en tres ejes: seguridad, economía y presupuesto.

"Hay que ordenar a Santa Fe en todo sentido", diagnosticó el rafaelino de entrada, dando a entender que encuentra una provincia en falsa escuadra. Pero eso, tal vez, fue lo más liviano de la batería de críticas, que sorprendió a propios y extraños.

Perotti mensuró que el aumento y la expansión del delito pusieron en tela de juicio el sistema de seguridad público santafesino, acusó al gobierno saliente de "desgobierno político, lo que ha redundado en una marcada autonomía policial". El gobernador pareció convencido de que buena parte de los votos hacia él estuvieron basados en la bajísima consideración social sobre las políticas de seguridad del gobierno de Miguel Lifschitz y, en ese derrotero, clavó las definiciones más duras.

 
 
Lo que vendrá

La relación de Perotti y Lifschitz estuvo repleta de zancadillas en los últimos meses, y eso quedó evidenciado ayer. Sin empatía, con una lánguida convivencia durante toda la Asamblea Legislativa y en el momento de la entrega de los atributos, ambos deberán convivir desde posiciones de poder. En lo más alto el gobernador, y Lifschitz presidiendo la Cámara de Diputados.

Sin medias tintas, Perotti habló de "desdeño estatal", "vista gorda policial, pero también judicial y política, cuando no en la complicidad asentada en un «pacto de gobernabilidad» directo o indirecto con el delito".

Esta durísima acusación de Perotti a las políticas de seguridad encontró rápidamente repuesta en Maximiliano Pullaro, quien, vía Twitter, posteó que "hubiésemos esperado del discurso del gobernador una convocatoria similar a la que hizo Alberto Fernández unos minutos antes. Sin embargo eligió reemplazar la propuesta por el agravio y el diagnóstico falaz". Si empiezan así, imagine el lector cuando todo esté sensible por el decurso de la gestión.

Al margen de la tunda del gobernador a la administración saliente, en su discurso primó la idea de dar cumplimiento a algunas de sus promesas de campaña, como la implementación del boleto educativo. También hizo hincapié en la necesidad de retocar el presupuesto aprobado y, para eso, pidió consenso con los legisladores oficialistas.

"Sin orden no se puede disfrutar de la libertad", dijo Perotti, poniendo en palabras la necesidad de dotar a la provincia de otros estándares, que tendrán que ver con cierto desapego del progresismo a cuestiones vinculadas con la represión del delito. En ese marco, aseguro el nuevo gobernador que la policía se divorció de la sociedad.

El nuevo ocupante de la Casa Gris prefirió un gabinete ya probado en los menesteres de la burocracia. Curiosamente, lo más disruptivo es Marcelo Saín, a quien su antecesor Pullaro calificó como "el Che Guevara del conservador gabinete de Perotti".

Otra línea saliente del discurso del ex senador nacional fue su decisión de mostrarse en plena sintonía con la Casa Rosada, algo que en Santa Fe no ocurre desde hace muchísimo tiempo. "Nunca más debemos estar de espaldas a un proyecto nacional", bramó el gobernador.

Habrá que esperar para saber si los santafesinos están de acuerdo con el alineamiento estricto de la provincia a las políticas nacionales del peronismo. Por lo pronto, ayer Fernández dejó la pelota picando en el medio del área: "Santa Fe es parte de la Argentina integrada y debe ayudar a otras provincias a desarrollarse más".

La relación de Perotti con el Frente Progresista tendrá un condicionante: los intendentes de Rosario y de la ciudad de Santa Fe pertenecen a ese vector político. La presencia del gobernador en la asunción de Pablo Javkin, y la del intendente rosarino en la ceremonia que consagró al rafaelino, marcan, al menos en el inicio, una vocación de cercanía. Además de cercanía, Javkin necesita plata constante y sonante.

Sin fisuras

El gabinete de Perotti, además de ministros que en casi su totalidad estuvieron con los equipos de Carlos Reutemann y/o Jorge Obeid, presenta tonalidades moderadas de integración con todo el arco peronista. Sin embargo, no hay ninguna crítica pública ni demostración de malestar, todo lo contrario. Todo el espectro justicialista (al margen de los chisporroteos con seis senadores) avala el inicio de gestión. No siempre sucede en el peronismo.

"Soy un gringo que creció en el campo, se educó en la ciudad de Rafaela, allí junto emprendedores desde muy pequeños formaron empresas que llevaron el trabajo de nuestra gente al mundo", se definió el piamontés Perotti. Toda una declaración de principios que cae bien en el santafesino del interior.

Como se escribió en esta columna respecto de la asunción, el martes, de Fernández, a Perotti se lo juzgará por los hechos y no por las palabras. En Santa Fe, al margen de la economía, hay un reclamo mayoritario para que se mejore el estado de la seguridad pública.

Con su discurso de campaña y sus críticas de ayer al gobierno que se fue, Perotti parece estar convencido de que su gestión se juzgará por los resultados en esa materia. La gran materia a aprobar en Santa Fe.

Fuente: La Capital, sobre una nota de  Mauricio Maronna

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