Un ejecutivo débil, presagio de un mal gobierno

OPINIÓN 07 de julio de 2022 Por Diego Armesto*
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La crisis que vive la República en la actualidad es consecuencia de una interna feroz entre los dos actores que conforman la actual administración de gobierno. El tándem Fernández-Fernández denota claramente una grave crisis política -la cual tiene años de vigencia-, pero que su razón de ser en este tiempo existe desde el origen de la conformación de la formula presidencial. En mayo de 2019 la entonces Senadora Cristina Fernández anunciaba a su candidato a presidente: “Le he pedido a Alberto Fernández que encabece la fórmula a presidente que integraremos juntos, él como candidato a presidente y yo como candidata a vice en las PASO”.

Tal situación afectó indefectiblemente el sistema presidencialista, transformándolo en un sistema diluido y débil, bajo el control de un vicepresidente fuerte, que condiciona día tras día a la cabeza del Poder Ejecutivo, atentando con lo que establece nuestra Constitución Nacional. El Presidente sabe que deberá transitar lo que le resta de su mandato con un poder delegado, condicionado e intervenido por uno de los espacios de la coalición de gobierno.

En tal sentido, es importante saber lo que decía Alexander Hamilton sobre un ejecutivo débil, que transforma a este en una ejecución débil de gobierno: “Una ejecución débil no es sino otra manera de designar una ejecución mala. Y un gobierno que ejecuta mal, sea lo que fuera en teoría, en la práctica tiene que resultar un mal gobierno”. En esta línea argumental, es necesario saber la importancia que reviste un Poder Ejecutivo fuerte, condición indispensable de un buen gobierno. Juan Bautista Alberdi decía en sus Bases: “Respetad al Presidente, con eso sólo seréis fuertes e invencibles contra todas las resistencias a la organización nacional; porque el respeto al Presidente no es más que el respeto a la constitución en virtud de la cual ha sido electo: es el respeto a la disciplina y a la subordinación que, en lo político como en lo militar, son la llave de la fuerza y la victoria”.

La reciente crisis, que es fruto de una conjunción de varios factores, los cuales concluyen en graves consecuencias económicas y sociales, no se produce por la renuncia del ministro Martín Guzmán: es producto de los constantes ataques de la Vicepresidente. Como cuando advirtió, en una de sus tantas apariciones públicas, que en el Gobierno hay funcionarios y funcionarias que no funcionan o, más recientemente, cuando instó al presidente Alberto Fernández para que use la lapicera con los que tienen que darle cosas al país.

Toda esta situación conlleva un debilitamiento en la figura presidencial. Así, el mismo oficialismo, día tras día busca condicionar y amordazar al Ejecutivo, poniendo en vilo a los argentinos y a las instituciones de la República, construyendo su agenda propia en torno a la reforma del poder judicial, la ampliación de la Corte Suprema, el Consejo de la Magistratura y atropellar todo lo que no permita cumplir con esos objetivos.

En esta línea argumental, Pierre Rosanvallon nos invita a pensar en “el buen gobierno” y uno de los puntos que abarca es la responsabilidad política, central en el modelo presidencial, por cuanto el sentimiento de cumplimiento o, al contrario, de incumplimiento democrático está ahora directamente correlacionado con las condiciones de su ejercicio, porque esa responsabilidad está en el centro de la producción de confianza.

La política actual está alojada en las antípodas del “buen gobierno”; acciones desestabilizadoras contra el Poder Ejecutivo, que solo buscan debilitarlo y denostarlo, para generar mayor desconfianza e incertidumbre. Las crisis políticas repercuten gravemente en la economía diaria y en el humor social. Las rencillas internas deben resolverse en el ámbito más reservado, lejos de los discursos pomposos para un grupo de díscolos que sólo defienden su espacio. Los argentinos trabajadores, hoy como rehenes de esta situación, ven como se deshace entre sus manos el poder adquisitivo, haciendo que el futuro se convierta más en una utopía que en una realidad.

 

 

* Para www.infobae.com

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