Frenar Vialidad y las PASO: solo importa lo que le importa a Cristina

OPINIÓN 08 de septiembre de 2022 Por Fernando González*
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El dirigente opositor se acercó al micrófono y puso en marcha el cuchillo de su discurso. “El país vive el otoño de un gobierno; en decadencia y en fase irreversible de deterioro. Con el ansia de controlar todos los poderes y con la obsesión por estigmatizar al enemigo. Sembrando polémicas para distraer la atención. Y todo, únicamente para salvar un proyecto personal que naufraga”.

La frase, que parece dirigida por alguno de los referentes de Juntos por el Cambio para Cristina Kirchner, la pronunció el lunes pasado Alberto Núñez Feijóo, el líder del Partido Popular, y estaba dedicada al presidente de España, el socialista Pedro Sánchez, a quien pretende reemplazar pronto en La Moncloa. Está claro que no somos los dueños absolutos de la grieta.

No fueron palabras lanzadas al azar. Núñez Feijóo, que gobernó Galicia antes de convertirse en el presidente del Partido Popular, aprovechó un desayuno de la agencia Europa Press para atacar a su adversario echando mano a una de las mejores novelas de Gabriel García Márquez, “El otoño del Patriarca”. Un texto denso y perfecto del colombiano que retrata la decadencia de un dictador caribeño, implacable con sus enemigos políticos, y con sus aliados, para permanecer en el poder de cualquier modo.

El futuro dirá si el otoño del socialista Sánchez termina siendo la primavera del gallego Núñez Feijóo. Pero es interesante tomar la parábola de García Márquez para analizar el presente de la Argentina. Desde hace setenta días, desde la tarde del 2 de julio en la que Cristina logró echar del ministerio de Economía a Martín Guzmán, el presidente Alberto Fernández, los restos del peronismo y gran parte del país bailan al son de la música que quiere oír la Vicepresidenta. La canción de su permanencia.

Hay muchas cuestiones alrededor del protagonismo de Cristina, sobre todo cuando es noticia global por el intento de atentado en la puerta de su casa. Pero las prioridades de la Vicepresidenta se concentran ahora en la Justicia, donde tiene un pedido de condena, y en las elecciones del 2023, en las que no descarta impulsar la suspensión de las PASO si lo creyera necesario.

“Lo que importa es lo que le importa a Cristina”, reflexiona un peronista que no decía lo mismo hace apenas un mes.

Las cosas se agravaron cuando el fiscal Diego Luciani, a cargo de la investigación de la causa Vialidad, pidió para CFK doce años de condena a prisión por la apropiación de dinero de todos los argentinos a través del mecanismo burdo de otorgarle el 80% de la obra pública de Santa Cruz al emprendedor amigo, Lázaro Báez. Antes de fin de año, el Tribunal Oral Federal 2 deberá decidir si la Vicepresidenta es condenada o si es absuelta.

El pedido de condena del fiscal fue motivo suficiente para que Cristina y el kirchnerismo armaran la puesta artística de una manifestación frente a su departamento en La Recoleta durante cinco días. Y allí mismo fue donde el brasileño Fernando Sabag Montiel apareció sin obstáculos para gatillarle una pistola Bersa a la ex presidenta sin que la Policía Federal ni la custodia hicieran ningún esfuerzo visible para protegerla.

Lamentablemente, la Justicia y la Policía no han podido constatar los contactos en el teléfono del chofer brasileño, y la investigación se concentra en la pareja del hombre detenido y en las secuencias fotográficas de los vendedores de copos de azúcar en la zona de Recoleta. Poco todavía para poder determinar si el intento de atentado tiene o no alguna conexión con la política.

Con mucha más velocidad que la investigación, actuó el kirchnerismo para tratar de aprovechar el efecto político del ataque a Cristina. Desde el inicio, el objetivo fue culpar a los dirigentes de la oposición, de la Justicia y (una vez más) a los medios de comunicación por difundir el “discurso del odio” y crear el ambiente para que atentaran contra la Vicepresidenta.

Mayans, el formoseño de las confirmaciones

En esa ofensiva participaron de inmediato Alberto Fernández, que decretó un feriado dos horas después del incidente para que se hiciera una movilización a Plaza de Mayo; el bloque de diputados, que forzó una sesión especial el último sábado para ir en la misma dirección; y el más ejecutivo sin dudas fue el senador formoseño José Mayans, quien reveló cuál era el objetivo que el kirchnerismo no se animaba a dejar en claro.

“Para que haya paz social, hay que parar ya el juicio contra Cristina por Vialidad”, explicó Mayans, con la naturalidad que otorga vivir en una provincia gobernada desde hace 35 años por la misma familia política: la del gobernador Gildo Insfrán. Entonces no era la batalla griega entre el odio y el amor. Se trataba solamente de frenar el juicio por corrupción para que todos los argentinos pudiéramos vivir en paz y en armonía.

Aferrados al manual del Patriarca de García Márquez, sobre todo aquel de sembrar polémicas para distraer la atención, Cristina y el kirchnerismo mantienen la ofensiva amenazando con la sanción de una ley contra el odio. Es la estrategia que charlaron el martes el Presidente con la titular de la Cámara de Diputados, Cecilia Moreau, y con el jefe del bloque del Frente de Todos, Germán Martínez. Fue el eje de la polémica columna de opinión que Victoria Donda publicó en Infobae, y es el motivo de desveló de algunos funcionarios con mucho tiempo disponible.

Es el caso del asesor presidencial Alejandro Grimson, un antropólogo con despacho en la Casa Rosada que admite estar evaluando modelos de leyes contra el odio, como la que Alemania diseñó para frenar la ofensiva de los movimientos neonazis en un país especialmente sensibilizado por el tema. Hablar del modelo alemán es, en todo caso, más presentable que hablar de las leyes contra el odio que el chavismo utiliza en Venezuela para perseguir, y si puede encarcelar, a los opositores.

Autor de varios textos sobre política argentina, Grimson dejó la tranquilidad académica para trabajar en la utopía del albertismo, que hoy languidece sin remedio a un costado del poder. Algunos de sus colegas de gabinete suelen bromear con su obra editorial, sobre todo con el más reciente de sus libros (¿Qué es el peronismo?), publicado en 2019. “Ni siquiera Perón se animó a decir qué era el peronismo, pero Alejandro hizo un libro entero”.

La búsqueda frenética de una ley del odio llevó a este peronismo, que Cristina maneja como un ventrílocuo, a vivir situaciones disparatadas. El martes, la portavoz presidencial Gabriela Cerruti salió temprano a negar que el Gobierno estuviera en la búsqueda de un instrumento legal para frenar a opositores y periodistas.

Es que un rato antes, el jefe del gobierno porteño, Horacio Rodríguez Larreta, había tomado la delantera mediática al denunciar que se oponía a la sanción de una “ley mordaza”, aquel engendro que el fallecido jurista peronista, Rodolfo Barra, intentó con el mismo objetivo en el gobierno de Carlos Menem.

Quien volvió a aclarar las cosas fue el senador Mayans. Horas después de la desmentida oficial de Cerruti, se reunió con el Presidente y confirmó que habían hablado con Alberto Fernández de avanzar en una ley del odio. “Hablamos de eso con el Presidente; me dijo que van a consultar con constitucionalistas y profesionales del derecho”, detalló el formoseño, quien de a poco va convirtiéndose en el funcionario preferido de los periodistas. Sacar otra ley mordaza, frenar la causa Vialidad para que haya paz. Mayans es el abanderado de la honestidad brutal.

Las primarias que nos dejó Néstor

Claro que hay una cuestión sensible que avanza por carriles mucho más silenciosos que los de las causas de corrupción o las leyes del odio de los otros. Cristina, Máximo Kirchner y el resto de los kirchneristas con alguna cuota de poder, están evaluando cada vez más seriamente la posibilidad de suspender las Elecciones Primarias Abiertas Simultáneas y Obligatorias (PASO), diseñadas por Néstor Kirchner en 2009 luego de la derrota en las elecciones legislativas a manos de Francisco de Narváez. Pero ni siquiera las PASO quedarán en pie si lo necesita Cristina.

La primera excusa es siempre la económica. “Las PASO son muy caras para un país en crisis”, es el argumento que en 2021 no alcanzó pese al impacto de la pandemia. Aquellos comicios, en los que el Frente de Todos cayó por paliza, fueron demorados apenas un mes. Pero la ofensiva se ha puesto en marcha otra vez, con la suspensión de las PASO en Salta, Catamarca y ahora en San Juan, donde incluso quieren reponer el instrumento antediluviano de la Ley de Lemas, que aún funciona en Formosa y Misiones como recurso extremo de supervivencia peronista.

Sergio Uñac, el gobernador de San Juan que alguna vez se presentó como el joven referente de la renovación del peronismo, promueve ahora la vetusta Ley de Lemas, a la que defiende diciendo que las PASO ya han cumplido su objetivo, y a la que bautizó con un eufemismo digno del mejor kirchnerismo. Llama a los viejos lemas “ley de participación ampliada”. Ya lo había dicho Néstor en otros tiempos. Florecerán mil flores.

Las dos grandes incógnitas para definir si avanzan con la suspensión de las PASO son la elección presidencial y la provincia de Buenos Aires. En ninguno de los dos casos están seguros de contar con los votos suficientes para hacerlo. Claro que la Legislatura Bonaerense tiene una flexibilidad reconocida entre el oficialismo y la oposición que históricamente ha alumbrado consensos sorprendentes a la hora mágica de la madrugada.

Con el gobernador Axel Kicillof muy probablemente yendo por la reelección, y Cristina eventualmente en la boleta para asegurarse los fueros parlamentarios renovando su banca de senadora, la jugada de suspender las PASO consiste en trasladarle el problema a Juntos por el Cambio. Es que la coalición opositora aún no termina de definir si el candidato será el ganador de 2021, Diego Santilli, y debe jugar a todo o nada en un comicio de chances hoy muy parejas que se define en la primera vuelta.

La otra tentación es suspender las PASO para los comicios presidenciales. Las reyertas de estos días en Juntos por el Cambio entre Rodríguez Larreta, Patricia Bullrich, la UCR y la Coalición Cívica alientan al kirchnerismo a buscar los números en la Cámara de Diputados. Hay quienes creen que podrían sumar los votos del lavagnismo (que con Sergio Massa como ministro quedó como un brazo del oficialismo), de algunos otros grupos dispersos e, incluso, de sectores que se vean perjudicados en el escenario interno explosivo que atraviesa hoy la oposición.

No parece fácil. Cualquier dirigente de Juntos por el Cambio, o de los libertarios de Javier Milei y José Luis Espert que llegara a levantar la mano junto al kirchnerismo, quedaría señalado en el actual cuadro de confrontación que rodea a una Argentina que solo necesita una brisa y una llama para volver a encenderse. Nadie está tranquilo así porque la desconfianza es la reina.

“Todo sobreviviente es un mal enemigo para toda la vida”, decía el Patriarca que García Márquez ubicó en un país imaginario junto al mar Caribe. Por eso, los iba a eliminando uno a uno, a los adversarios, y después hasta a los buenos amigos. Porque en la decadencia, los gobernantes que alimentan su poder con el temor ajeno terminan desconfiando hasta de su sombra.

 

 

* Para www.infobae.com

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