¿Estamos mal, pero vamos bien?: un informe reservado explica por qué el consumo no cayó pese a la situación económica

ECONOMÍA 25 de septiembre de 2022 Por Martín Kanenguiser*
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“Estamos mal pero vamos bien” fue una frase muy utilizada por el ex presidente Carlos Menem. Un informe que circula entre los empresarios recupera ese concepto paradojal para explicar por qué en la primera mitad del año mientras muchos de los indicadores macroeconómicos mostraron un mal desempeño, el consumo no se “acopló” a esa tendencia.

La consultora Abeceb destacó que esta diferencia ya muestra señales de agotamiento por problemas propios del ciclo económico y por la estrategia del Ministerio de Economía de “enfriamiento” de la actividad agregada para tratar de frenar la altísima inflación, pese a los cortocircuitos registrados con el Banco Central (el último, en torno del dólar-soja).

“Se acerca el fin de la paradoja: la macro mal, pero nos va bien El deterioro de todos los indicadores financieros, monetarios y fiscales, junto con los dos fogonazos inflacionarios, corrió en paralelo con un buen desempeño de la actividad productiva al menos hasta julio”, alerta el informe de la consultora fundada por Dante Sica.

Por este motivo, “a las casas locales de las empresas multinacionales les cuesta explicarles a sus headquarters internacionales que el mercado de consumo no sigue -por el momento- la trayectoria de los indicadores macro que muestran un deterioro de las condiciones”. De hecho, un informe de Scentia también muestra que el consumo se mantiene en un terreno positivo: entre enero y agosto creció el 3,7 por ciento.

De todos modos, aclaró Abeceb, “la música deja de sonar: la actividad productiva muestra algunas señales de desaceleración y enfriamiento en el tercer trimestre”.

Hasta ahora, el desacople con el deterioro macro se asoció a cuatro factores:

- El empuje de los precios internacionales (que comprometió las cuentas externas y generó el primer fogonazo inflacionario) determinó una mejora en los precios relativos del complejo oleaginoso y cerealero, traccionando la demanda de toda la cadena desde los insumos hasta la maquinaria agrícola, pasando por la construcción y el despegue de la industria del entretenimiento, luego de la crisis por la pandemia y la cuarentena.

- ”El salario real formal no cayó”. La estrategia “ante el primer fogonazo fue la de un adelantamiento de las paritarias, una indexación de facto a lo que se sumaron salarios que ya venían acelerados por el retraso de las negociaciones de 2021″. Esto convalidó un relativamente buen desempeño del consumo masivo en la primera mitad del año. Por el lado de los informales y cuentapropistas, “la caída en los ingresos nominales se vio en parte compensada con un aumento de la tasa de actividad, el pluriempleo y el trabajo por horas, derivando en una tasa de desempleo relativamente baja”, destacó Abeceb.

- La falta de opciones de ahorro “implicó una aceleración de la demanda, adelantando oportunidades de compra a través del financiamiento con tarjeta de crédito, con ventas rozando los récords para línea blanca, y electrónica de consumo”.

- Récord de participación de la industria nacional “en el abastecimiento del mercado interno. Un cepo importador cada vez más rígido generó oportunidades de mercado a la producción local. La industria automotriz, la de turismo, la de confecciones y textiles, incluso la metalmecánica y de maquinaria agrícola ocuparon más posiciones de mercado. Incluso, inversiones en la industria de envases y de bebidas alcohólicas buscaron ganar representatividad a través de operaciones de M&A para garantizar el abastecimiento local”.

El cambio de escenario

Sin embargo, Abeceb alertó que “el pragmatismo del ministro Sergio Massa y los actuales niveles de inflación le ponen un freno al desacople de la macro y la producción”.

“La primera alerta se asocia a un cambio en la trayectoria del poder adquisitivo. En particular, luego de la salida de Martín Guzmán no hubo convocatoria ni adelanto de paritarias y, si bien las paritarias tienen estrategias abiertas de renegociación que empezaron este mes y se extienden hasta noviembre, en un contexto de alta inflación, uno o dos meses significan una pérdida de poder de compra significativa”.

Para el segundo semestre “la caída del salario real podría ser de 4 puntos porcentuales en diciembre, y de más de dos puntos en el promedio del semestre. A ello se suma, el menor ingreso disponible esperado por el impacto de tarifas (probablemente con más impacto en marzo en términos del bolsillo de las familias que en diciembre)”.

Además, “el consumo masivo ya observa las primeras señales de enfriamiento. En un contexto de alta inflación se mantiene la estrategia de compensar volumen por precio para limitar el impacto en la rentabilidad. La industria de confecciones evidencia signos de desaceleración de las ventas por mostrador”.

“La primera señal se observa a una incipiente extensión de las cadenas de pago, en un contexto donde el impacto aguas abajo (hacia la industria textil) es limitado, por la ausencia de competencia importadora. Esto repercute en forma directa en la estructura de precios relativos, incluso con precios de la materia prima como hilados y algodón que se incrementaron incluso más allá del IPC”, comenta el informe privado.

En el caso de la construcción, “la inflación y la brecha jugaron a favor, aunque la volatilidad de precios y niveles de inflación tan elevados por tantos meses permiten anticipar complicaciones tanto para obras privadas grandes como para las públicas”.

“Si bien no observamos retrasos mayores a los habituales en los pagos de Nación y provincias, el esquema de re-determinación de precios cada tres meses tiene un impacto financiero muy alto en las empresas (con una inflación que en tres meses superó el 20%). En la obra chica, el límite se asocia a la merma de los excedentes en pesos, los cambios en los precios relativos y el elevado nivel de incertidumbre que frena los inicios de obra”.

Problemas en las importaciones

“En los límites al crecimiento no sólo operan las restricciones de demanda, sino que las limitaciones al acceso de bienes importados y el aumento de los precios de insumos de uso difundido impactan en forma directa sobre los niveles de producción. El indicador más claro para medir la restricción se asocia a la fuerte caída en los últimos meses de las importaciones de bienes de capital en cantidades: cayeron un 10% en el último mes y acumulan en el año una suba de sólo el 3%”, se aclaró.

“La industria automotriz tiene altos niveles de stocks de vehículos producidos no por ausencia de demanda (de hecho, se detecta estrechez de demanda de vehículos nacionales y para el agro, la minería y la industria de O&G), sino por falta de componentes importados”.

En esta sintonía, “la falta de botellas de vidrio sigue impactando la rentabilidad de la industria local, más aún en un contexto donde la segmentación pasa por una estrategia de envases de menor contenido para sostener ventas”.

“Similares problemas de restricción de la operación por falta de insumos motivan paradas o reducción de turnos operan en la metalmecánica, la industria plástica, petroquímica, autopartes, papel, madera y cosmética, entre otras. Esto deja en una situación particularmente expuesta a las pyme que, en la mayoría de los casos dependen de distribuidoras de mayor tamaño para asegurarse el aprovisionamiento de insumos importados”.

“La extensión de la prórroga de los 180 días para acceder a las divisas de importadores dejó particularmente expuestas a algunas empresas que tenían comprometida la compra de maquinaria y bienes de capital en el exterior”, afirmó.

“En línea blanca o electrónica de consumo, los problemas se avizoran unos meses hacia adelante. Con niveles de aprovisionamiento de insumos que garantizarían el abastecimiento de corto y una demanda aún pujante, impulsada también por una ocasión de compra extra en 2022 como el Mundial de fútbol, el límite está en la capacidad instalada y los límites a la importación. Los principales jugadores del sector ya utilizaron sus cupos en la primera mitad del año y están sobregirados: si bien no afectaría la producción y las ventas en el corto plazo, las alarmas se encienden en el 2023″, preció Abeceb.

“Esta incertidumbre está incluso retrasando decisiones de inversión como la de expandir algunas líneas de producción en Tierra del Fuego. En la otra vereda, la minería, la industria de Oil&Gas y el complejo agroexportador continúan mostrando buenas perspectivas”. En particular, “la actividad minera avanza en Catamarca y San Juan con los proyectos pisando firme, significando un empuje a la economía local que se multiplicaría a partir del inicio de obra de Josemaría, calendarizado para el primer semestre del año que viene, al que lo acompañaría en un par de años el Proyecto Mara. La industria de Oil & Gas también muestra un buen presente con la confirmación de la licitación del gasoducto y las plantas de compresión”, comenta el estudio.

“Los límites están en el sector de energía en la situación de las no integradas y el potencial aumento del barril criollo y la situación de las empresas vinculadas a la energía eléctrica”, alerta Abeceb.

Por el lado de la agroindustria, “el dólar soja adelantó las liquidaciones a septiembre dándole un aire al BCRA y también generando mayores movimientos en la industria de maquinaria agrícola que se viene cubriendo de una potencial liquidación a través de la chapa en un momento de baja estacionalidad para el mercado. La contracara del aumento de los dólares del Central es el aumento en los costos de la industria avícola y porcina, afectadas por un proceso de cierre de establecimientos que amenaza con tensionar la oferta y transferirse al consumidor”, concluyó Abeceb, al dar a entender que, a partir de ahora, “estamos mal, pero también vamos mal”.

 

 

* Para www.infobae.com

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