Nuria Susmel, economista de FIEL: “Aumentar la productividad laboral requiere mejorar la calidad de la educación”

ECONOMÍA 01 de noviembre de 2022 Por Daniel Sticco*
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El mercado de trabajo argentino arrastra enormes deficiencias de carácter estructural, las cuales se han ido profundizando con el curso de los años, y no responden exclusiva ni primordialmente a la desactualizada legislación laboral, sino también a la generalizada ausencia de políticas de Estado de largo plazo que incentiven la inversión productiva y la ganancia de productividad, tanto de las empresas como de los trabajadores.

Prueba de lo anterior es que tras la depresión que provocaron las medidas de Aislamiento Social Preventivo y Obligatorio por un tiempo excesivamente prolongado a lo largo de 2020, la recuperación sólo favoreció la reactivación del empleo informal, no registrado y de muy baja calificación, pese a que no fueron pocas las empresas que lograron reinventarse y acordar con sus empleados estables y nuevos la flexibilización de hecho de las condiciones de contratación.

Y si en un período de reactivación esa fue la respuesta predominante en el mercado de trabajo, qué cabe esperar ahora en que por las recurrentes restricciones externas que afectan a la economía doméstica, principalmente por la acumulación de política de excesivos controles y discrecionalidad que afectan no sólo al comercio exterior sino también al consumo interno, la actividad agregada arrastra desde el inicio del tercer trimestre claros signos de recesión creciente.

Para responder a ese interrogante, y analizar la coyuntura del mercado laboral, como el escenario previsional, Infobae entrevistó a Nuria Susmel, economista Senior de FIEL y experta en Economía Laboral, Previsión y Pobreza.

— El panorama actual muestra una fuerte recuperación del empleo, pero sustentado en la franja informal y de muy baja calificación ocupacional, y por tanto con efectos negativos sobre el ingreso real promedio de los trabajadores ¿Por qué ocurre en un escenario de apreciable recuperación de la actividad económica?

— Si bien la economía se ha venido recuperando, los últimos datos muestran que el crecimiento se ha ido desacelerando, o sea se crece, pero cada vez menos. Este año se estima que la economía crecerá un 4%. Pero el desorden político y económico, tasas de inflación promedio por encima del 6,5% mensual, ausencia de dólares que generan dificultades para importar, infinitos tipos de cambio hacen que las estimaciones de crecimiento para el año próximo sean, con suerte, de 1%. En contextos de incertidumbre las empresas tratan de tomar decisiones que les permitan ajustar con menores costos y eso en materia laboral se traduce en que lo que crece es el empleo en el sector informal. Respecto a los ingresos y a la calidad de los empleos del sector yo cambiaría la mirada en la discusión del “huevo y la gallina”. La informalidad tiene varios factores que la afectan principalmente la productividad y los costos laborales, o sea los aportes por parte de los empleados y los empleadores.

Si los impuestos a la mano de obra son altos, se requiere que la productividad de la mano de obra sea alta para poder cubrir los costos de estar en el sector formal. Si esto no pasa, o sea si la productividad es menor que la necesaria para cubrir los costos de la formalidad, o bien la población menos productiva queda excluida del mercado de trabajo -desempleada- o bien se ubica en actividades que evaden esos costos para poder existir, o sea trabajan en el sector informal.

Hay evidencia de que la productividad de la mano de obra en el sector informal es mucho más baja que en el sector formal, con lo que los menores ingresos en el sector marginal están en línea con la menor productividad de la mano de obra. Es decir, los trabajadores, en promedio, no ganan menos por estar en el sector informal, sino que ganan menos porque son menos productivos y están en negro porque su baja productividad no alcanza para cubrir los costos adicionales al salario en la franja registrada requiere -principalmente los impuestos al trabajo y básicos de convenio-.

— ¿Qué indican las expectativas del mercado de trabajo para el resto del año?

— Los desajustes macro y la incertidumbre sobre el 2023 en materia política no hacen prever que para el resto del año y para el comienzo del próximo haya cambios relevantes en el comportamiento del empleo. Es probable que el empleo empiece a crecer menos y el crecimiento se produzca en el sector de menor productividad.

— ¿Cómo se encuentra la Argentina en relación con los puestos de trabajo asalariado respecto del total de empleadores, en comparación con el resto del mundo?

— No estoy segura, pero no creo que el tamaño medio de las empresas entorpezca el crecimiento de la economía y afecte los niveles de productividad.

— ¿Deberían instrumentarse políticas que conduzcan a menor atomización de los empleadores y aumento de la productividad laboral?

— La productividad laboral en Argentina viene cayendo desde 2011. En los últimos 10 años se redujo un 16%. Pero si uno mira hacia más hacia atrás, se encuentra que la productividad media hoy es más baja que la observada en 1993. En el mismo período, los costos laborales subieron. Hoy son 18% más altos del 2011 y 10% por encima de 1993. Productividad cayendo y costos subiendo. No es difícil entender porque el empleo informal crece. Pero ese no es el único tema, que la productividad se reduzca significa que cada trabajador produce menos o, mirado al revés, que el ingreso por trabajador es cada vez menor, lo que refleja una economía cada vez más pobre. Cambiar esta tendencia en la cual estamos metidos desde hace décadas es prioridad.

— Según sus estudios, ¿Qué políticas debieran acordarse e instrumentarse en el corto y mediano plazo para mejorar la productividad media de trabajo y recuperarse de modo sustentable el ingreso de la fuerza laboral?

— Para empezar, hay que ordenar la economía y generar un contexto de crecimiento creíble. El problema es que la Argentina ya ha dado tantas muestras dar marcha atrás con las reformas que van a pasar años para lograr una credibilidad en serio. Eso para empezar a hablar. Después hay que encarar reformas que apunten a aumentar la productividad: bajar la carga tributaria sobre el sector privado -lo que requiere reducción del gasto público-, apertura comercial, desregulación de servicios públicos, reforma laboral, etc. Todo que lleve a la reducción de costos. Y un tema más de fondo: Aumentar la productividad laboral requiere mejorar la calidad de la educación para incrementar el capital humano. Las pruebas educativas en los últimos años dan cuenta del deterioro en esta materia y es fundamental revertir esta tendencia. De nuevo, un tema que debería ser prioridad.

— Las estadísticas del Ministerio de Trabajo sobre el empleo asalariado registrado en el sector privado muestran un virtual estancamiento en la última década y alto índice de vacancia en las empresas ¿Cómo prevé continuará ese proceso?

— Si uno mira una serie larga de empleo registrado encuentra que desde la década del 80 hasta el 2003/2004 el empleo asalariado privado formal no mostró cambio Todo el crecimiento de ocupación laboral en ese período se da en el sector informal. Entre 2004 al 2015 hay un importante proceso de formalización explicado en parte por un período de alto crecimiento económico. Pero a partir del 2011, el crecimiento económico se estanca y nuevamente se estanca el empleo asalariado formal. De acuerdo con los datos del Ministerio de Trabajo los asalariados privados registrados eran 6,2 millones en 2015 y son 6,2 millones en el segundo trimestre del 2022, pese a que la población creció cerca de 10% en ese período. Todo esto lo que nos dice que las dificultades para crear empleo formal en Argentina son endémicas y, sin cambios en las políticas a la vista, no hay por qué creer que esta situación de estancamiento del empleo formal y de crecimiento de la informalidad va a cambiar en el corto plazo. Aunque tampoco ni en el mediano.

— Muchas empresas han logrado en la última década notables progresos en la llamada flexibilidad laboral con buenos resultados para los empleadores y empleadores ¿Por qué cree que no se avanza en esa dirección? ¿Cuánto depende de incentivos de las políticas públicas, y cuánto de la calidad de la dirigencia empresaria?

— Todos estos acuerdos han sido en empresas grandes con muchos empleados y alto poder de negociación. De todos modos, aun cuando se puede negociar a nivel de empresa no se pueden acordar condiciones de trabajo menos favorables que el convenio general del sector y estos convenios son de décadas atrás, muchos de los 70, diseñados para un mundo que hoy no existe, donde el trabajo estaba pensado en 8 horas por día, 5/6 días a la semana todos presente en el lugar de trabajo. Un mundo sin tecnología, con bajo nivel de integración global y en el cual los cambios tardaban años en llegar. Entonces, si bien la negociación a niveles de empresa permite adaptarse a la realidad propia y contribuye fuertemente al aumento de la productividad, ni hablar si los trabajadores pudieran elegir que sindicato los representa, adaptar los convenios colectivos sectoriales al siglo XXI ya sería un avance.

— ¿Cuánto afecta ese estancamiento del empleo asalariado registrado la posibilidad de mejorar los haberes de los jubilados en valores reales?

— En realidad, poco. El vínculo entre los ingresos del sistema y los egresos del sistema desapareció hace décadas cuando el régimen empezó a ser deficitario y a requerir recursos externos al sistema para cumplir con las obligaciones. Hoy las jubilaciones se ajustan de acuerdo con una fórmula que tiene principalmente en cuenta la evolución de los salarios y de los recursos tributarios asignados a la Anses. Ninguno de estos dos conceptos tiene que ver con el número de trabajadores con lo cual más o menos aportantes no modifica los haberes. De todos modos, un mayor número de aportantes contribuiría a reducir el déficit del sistema que ronda los 3 puntos del PBI. Pero de nuevo, en una economía que no crece, difícilmente se pueda mejorar los ingresos de los jubilados, en realidad difícilmente se pueda mejorar los ingresos de alguien.

— ¿Una reflexión final?

— Creo que todo lo anterior se podría resumir en: sin una economía ordenada, la economía no crece, la productividad no crece, el empleo no crece, los ingresos no crecen y nos quedamos en lo que es Argentina desde hace años: un juego de suma cero, en el cual para que uno este mejor otro tiene que estar peor: O Pedro tiene trabajo o Juan tiene trabajo, porque hay un solo puesto de trabajo. O María es formal o Laura es formal porque solo hay un puesto formal. Si quiero mejorar a los jubilados tengo que empeorar a alguien porque siempre tengo los mismos recursos. Siempre la misma “torta” y cada vez son más para comer.

 

 

* Para www.infobae.com

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