La protesta yerbatera escaló al escenario de la Fiesta Nacional del Mate y expuso el conflicto por la desregulación

POLÍTICA Agencia de Noticias del Interior
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  • La Fiesta Nacional del Mate reflejó el malestar del sector yerbatero
  • Un episodio en el escenario expuso el enojo contra el Presidente
  • El Decreto 812 redujo drásticamente el rol del INYM
  • Se eliminó el precio sostén y la fijación de reglas del mercado
  • Misiones concentra las mayores advertencias por el impacto económico
  • El debate gira entre libre mercado y riesgo de concentración

El malestar de los productores de yerba mate por la desregulación del mercado sumó en los últimos días un capítulo inesperado y de alto impacto simbólico. La Fiesta Nacional del Mate, realizada en Paraná, se convirtió en el escenario donde la tensión acumulada por las decisiones del Gobierno nacional quedó expuesta ante miles de personas, a partir de un episodio que rápidamente se viralizó y puso el foco en el conflicto que atraviesa al sector.

Durante uno de los momentos centrales del evento, la conductora del festival interactuaba con el público y leía carteles levantados desde las gradas. En ese contexto, dudó brevemente antes de reproducir en voz alta una consigna con un insulto dirigido al presidente Javier Milei. Tras advertir el contenido de la pancarta, intentó descomprimir la situación con un comentario irónico, pero el mensaje ya había quedado instalado y reflejó el clima de enojo que atraviesa a buena parte de la cadena yerbatera.

El episodio no fue un hecho aislado ni una simple provocación. Se produjo en medio de una profunda incertidumbre para los productores, especialmente los pequeños y medianos, luego de que el Gobierno avanzara con el Decreto 812, que modificó de manera sustancial el funcionamiento del Instituto Nacional de la Yerba Mate (INYM). La norma redujo drásticamente las atribuciones del organismo y alteró el esquema que durante más de dos décadas reguló la actividad.

Con la nueva reglamentación, el INYM perdió la facultad de intervenir en la fijación de precios, definir volúmenes de producción y establecer reglas de competencia. En los hechos, dejó de cumplir su rol histórico como árbitro del mercado y como herramienta para equilibrar la relación entre los productores primarios y las grandes industrias molineras. Uno de los cambios más sensibles fue la eliminación del precio sostén, considerado un pilar para garantizar ingresos mínimos a los colonos.

El instituto había sido creado en 2002, en un contexto de crisis profunda del sector, como respuesta a un escenario de sobreoferta y fuerte concentración que había llevado a una caída abrupta de los precios pagados al productor. Desde entonces, su función fue central para ordenar la actividad y evitar que los eslabones más débiles quedaran a merced de las grandes empresas. Con la reforma, su papel quedará limitado, según la nueva orientación oficial, a tareas de certificación y control de calidad.

Desde el Gobierno nacional, el rediseño del INYM fue impulsado bajo el argumento de que el organismo funcionaba como una forma de “cartelización estatal” que distorsionaba el mercado. La mirada oficial sostiene que la libre competencia permitirá mejorar la eficiencia y bajar costos, aunque esa lectura es cuestionada por gran parte del sector productivo.

Las críticas más duras se escuchan en Misiones, principal provincia yerbatera del país. Representantes de asociaciones de productores advirtieron que la eliminación de los mecanismos de regulación deja al sector sin herramientas para evitar una sobreproducción que termine derrumbando los precios. El recuerdo de los años 90 aparece como una advertencia recurrente: un mercado liberado, con exceso de oferta y con pequeños productores empujados a vender por debajo de sus costos.

El gobierno misionero reconoció públicamente los riesgos de una mayor concentración económica y de un deterioro en la rentabilidad de los colonos, aunque optó por una postura cautelosa y evitó una confrontación directa con la Casa Rosada. Mientras tanto, el enojo se expresa en protestas, declaraciones y, ahora también, en episodios públicos como el ocurrido en la Fiesta Nacional del Mate.

Más allá de la polémica puntual, el trasfondo del conflicto abre un interrogante de mayor alcance: cómo se reconfigurará el mercado yerbatero sin un ente regulador fuerte y cuáles serán las consecuencias sociales y productivas en las regiones donde la yerba mate es mucho más que una economía regional, sino una forma de vida.

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