El auge del carry trade en pesos y el giro monetario que enciende alertas

ECONOMÍA Agencia de Noticias del Interior

foto-nota-anuario-carry-tradejpg

  • El carry trade en pesos generó ganancias superiores al 20% en dólares en el primer trimestre
  • La combinación de tasas altas y dólar estable explicó el rendimiento excepcional
  • El Banco Central inició un giro hacia una política monetaria más flexible
  • La estrategia busca sostener la actividad pero genera dudas sobre la inflación
  • La cosecha gruesa y el flujo de divisas sostienen temporalmente el esquema
  • El equilibrio depende de factores frágiles y podría revertirse en el corto plazo

En un escenario internacional caracterizado por rendimientos acotados en activos de bajo riesgo, la Argentina se convirtió durante el primer trimestre de 2026 en una excepción llamativa. Inversores que apostaron por instrumentos en pesos lograron ganancias superiores al 20% en dólares en apenas tres meses, impulsados por una combinación poco habitual: tasas atractivas en moneda local y una apreciación nominal del tipo de cambio.

El caso más ilustrativo es el del bono TZX26, un título ajustado por CER y de corto plazo. Quienes a comienzos de enero decidieron vender dólares para posicionarse en este instrumento obtuvieron un rendimiento en moneda dura cercano al 21,7%. La lógica detrás de este resultado radica en la dinámica del llamado carry trade: aprovechar la brecha entre tasas internas elevadas y un tipo de cambio que, en lugar de depreciarse, se mantuvo estable o incluso descendente.

El atractivo de esta estrategia se potenció por un doble efecto. Por un lado, el ajuste por inflación permitió preservar el valor real de las inversiones. Por otro, la caída del dólar nominal amplificó las ganancias al momento de recomprar divisas. Este fenómeno generó un flujo sostenido hacia activos en pesos, tanto de inversores locales como del exterior, consolidando un círculo de retroalimentación positiva en el corto plazo.

Sin embargo, detrás de este desempeño sobresaliente se esconde un cambio relevante en la estrategia del Banco Central de la República Argentina. Tras una etapa inicial marcada por una política contractiva, orientada a absorber liquidez y sostener tasas reales positivas, la autoridad monetaria comenzó a mostrar señales de flexibilización. En las últimas semanas, se permitió que parte de los pesos permanezcan en el sistema, con tasas de corto plazo en torno al 20% anual.

Este viraje implica que, frente a expectativas inflacionarias todavía elevadas, las tasas reales ex ante tienden a ubicarse en terreno neutro o incluso negativo. A diferencia de episodios previos, donde la respuesta automática ante tensiones era endurecer la política monetaria, la decisión actual apunta a sostener el nivel de actividad económica, que muestra signos de debilidad en indicadores clave.

El trasfondo de esta estrategia responde a la necesidad de evitar una contracción más profunda del consumo y la producción. Al relajar parcialmente la absorción de pesos, el Gobierno busca estimular el crédito y facilitar la circulación de dinero en la economía. No obstante, esta decisión abre interrogantes sobre la consistencia del programa antiinflacionario y su impacto en las expectativas de precios.

A este contexto se suman factores coyunturales que explican la relativa estabilidad cambiaria. El ingreso de divisas por la cosecha gruesa actúa como un ancla temporal para el tipo de cambio, al incrementar la oferta de dólares en el mercado. Este flujo estacional, concentrado entre marzo y junio, reduce la presión sobre las reservas y facilita la continuidad del esquema actual.

En paralelo, el propio éxito del carry trade contribuye a contener la demanda de divisas. Mientras los rendimientos en pesos se mantengan atractivos, los inversores tienen incentivos para postergar la dolarización de sus carteras. Se trata, sin embargo, de un equilibrio frágil, dependiente de condiciones externas y de la confianza en la política económica.

Los riesgos no son menores. La inflación muestra señales de resistencia a la baja, lo que podría erosionar rápidamente los retornos reales. A su vez, el encarecimiento internacional del petróleo, reflejado en la evolución del Brent, introduce presiones adicionales sobre los costos internos y los precios regulados.

En este contexto, el Gobierno enfrenta un dilema clásico de política económica. Priorizar la recuperación de la actividad podría implicar tolerar una mayor inflación, mientras que reforzar el ancla de precios exigiría retomar un sesgo contractivo con impacto negativo en el nivel de actividad. La evolución de las próximas variables clave —inflación, reservas y flujo de exportaciones— será determinante.

El desempeño del primer trimestre dejó en evidencia el potencial de ganancias en el mercado local, pero también la naturaleza transitoria de estas oportunidades. En una economía con antecedentes de alta volatilidad, los rendimientos extraordinarios suelen anticipar ajustes igualmente significativos.

ÚLTIMAS NOTICIAS
Te puede interesar
Lo más visto
PERIODISMO INDEPENDIENTE