Más bioetanol para contener los precios: el Gobierno flexibiliza las naftas ante la suba del petróleo

ECONOMÍA La OSFA comenzará a funcionar el 1° de abril tras

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  • El Gobierno elevó el límite de oxígeno en naftas para permitir más bioetanol
  • La medida busca amortiguar el impacto de la suba del petróleo en surtidores
  • El Brent superó los 100 dólares y presiona los costos energéticos
  • Las petroleras podrán optar voluntariamente por aumentar el corte
  • La decisión beneficia a las economías regionales productoras de biocombustibles
  • La estrategia intenta desacoplar precios internos de la volatilidad internacional

En un contexto internacional marcado por la volatilidad del precio del crudo, el Gobierno nacional avanzó con una modificación en la normativa de calidad de los combustibles que busca otorgar mayor margen de maniobra a las petroleras y amortiguar el impacto en los surtidores. A través de la Resolución 79/2026, la Secretaría de Energía actualizó los parámetros técnicos de las naftas, elevando el límite máximo de oxígeno permitido, lo que habilita una mayor incorporación de biocombustibles.

La medida establece que el contenido de oxígeno en las naftas Grado 2 y Grado 3 podrá alcanzar hasta el 5,6% en peso, frente al tope previo del 2,7%. Esta modificación, de carácter voluntario para las refinadoras, está directamente vinculada con la proporción de bioetanol en la mezcla final. En la práctica, abre la puerta a que las empresas superen el nivel habitual de corte, que rondaba el 12%, y puedan llegar hasta un 15% sin incumplir los estándares técnicos.

Desde el área energética, encabezada por la secretaria María Tettamanti, señalaron que el objetivo es dotar de mayor flexibilidad al sector para enfrentar un escenario de costos crecientes. La posibilidad de reemplazar parte del componente fósil por insumos de origen vegetal, generalmente más competitivos, aparece como una herramienta para moderar eventuales subas en los precios al consumidor.

El trasfondo de la decisión está directamente relacionado con la escalada del Brent, referencia clave para el mercado local. En las últimas semanas, el barril superó la barrera de los 100 dólares impulsado por la crisis en Medio Oriente, registrando un aumento cercano al 45% desde fines de febrero. Esta dinámica obligó a las empresas a trasladar parte de los mayores costos a los surtidores, donde los precios acumulan incrementos significativos en lo que va de marzo.

Frente a este escenario, la flexibilización del uso de biocombustibles busca funcionar como un amortiguador. Al diversificar la matriz de insumos, el Gobierno intenta desacoplar parcialmente los precios internos de las oscilaciones internacionales del petróleo, un objetivo que históricamente ha sido difícil de sostener en economías dependientes de la importación de energía.

La medida también tiene un impacto indirecto sobre las economías regionales. Los sectores vinculados a la producción de bioetanol, principalmente a partir de caña de azúcar y maíz, ven en esta decisión una oportunidad para ampliar su participación en el mercado. Una mayor demanda de estos insumos no solo podría dinamizar la actividad agroindustrial, sino también contribuir a reducir las emisiones de gases de efecto invernadero.

No obstante, la normativa mantiene sin cambios los cortes obligatorios mínimos, lo que implica que la adopción de estos nuevos niveles dependerá de la estrategia comercial de cada compañía. Empresas como YPF, Raízen y Trafigura evaluarán en qué medida les resulta conveniente avanzar en esta dirección, en función de sus costos y capacidades operativas.

El impacto de la resolución también alcanza a los actores más pequeños del sistema energético. La posibilidad de ajustar la mezcla de combustibles puede generar cambios en la cadena de valor, desde los productores agrícolas hasta las estaciones de servicio, en un mercado donde la competencia y los márgenes están estrechamente condicionados por la regulación.

A nivel internacional, la estrategia argentina se alinea con medidas adoptadas en otras economías. En Estados Unidos, el presidente Donald Trump autorizó temporalmente el uso de nafta con mayor contenido de etanol, con el objetivo de incrementar la oferta y contener los precios en un contexto de menor disponibilidad de crudo.

Sin embargo, este tipo de políticas también genera efectos colaterales. El aumento en la demanda de granos para biocombustibles tiende a presionar al alza los precios de commodities como el maíz y la soja, lo que puede trasladarse a mayores costos en otros sectores productivos. En la Argentina, este fenómeno se combina con subas en insumos clave como fertilizantes y agroquímicos, lo que plantea un desafío adicional para la rentabilidad del agro.

La decisión de flexibilizar las mezclas de combustibles refleja la búsqueda de soluciones pragmáticas frente a un contexto global adverso. En un mercado atravesado por tensiones geopolíticas y volatilidad de precios, el margen de acción local se vuelve limitado y obliga a recurrir a herramientas que permitan mitigar impactos sin alterar de forma estructural el esquema energético.

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