



El turismo en Cuba atraviesa uno de los momentos más difíciles de las últimas dos décadas. En apenas una semana, cuatro importantes cadenas hoteleras internacionales anunciaron su salida parcial o total de la isla, profundizando una crisis que ya venía reflejándose en la fuerte caída de visitantes extranjeros y en la reducción de las conexiones aéreas.
Los datos oficiales muestran la magnitud del problema. Entre enero y abril de 2026, Cuba recibió 328.608 turistas internacionales, un 55,8% menos que en el mismo período del año anterior, una cifra que refleja el deterioro del sector en medio de un complejo escenario económico y geopolítico.
La situación se produce mientras Estados Unidos mantiene sanciones dirigidas a sectores clave de la economía cubana, entre ellos el turismo, la energía y las finanzas. Además, desde fines de enero continúa vigente un bloqueo petrolero que ha incrementado las dificultades para el funcionamiento de la isla.
Las grandes hoteleras reducen su presencia
La cadena española Meliá Hotels International, la de mayor presencia en Cuba durante los últimos años, anunció su salida inmediata de 15 de los 35 hoteles y resorts que administraba en el país.
A esta decisión se sumó Iberostar, que comunicó el abandono de 12 de sus 18 establecimientos. En ambos casos, los inmuebles continuarán siendo propiedad de empresas estatales cubanas.
Las compañías justificaron la medida por el complejo contexto económico, legal y geopolítico que atraviesa la isla, asegurando que se trata de circunstancias que exceden su capacidad de gestión.
La crisis también alcanzó a otras operadoras internacionales. La canadiense Blue Diamond puso fin por completo a sus actividades en Cuba, mientras que la indonesia Archipiego International dejó de gestionar los seis establecimientos que tenía bajo su administración.
Menos vuelos y menor conectividad
La salida de las cadenas hoteleras no fue el primer golpe para el turismo cubano. Desde el endurecimiento de las restricciones energéticas, numerosas aerolíneas comenzaron a reducir o cancelar sus operaciones hacia la isla.
Las cuatro compañías canadienses que mantenían vuelos regulares suspendieron sus rutas, al igual que las dos aerolíneas rusas que conectaban ambos países.
También dejaron de operar vuelos hacia Cuba Air France y Turkish Airlines, mientras que varias rutas europeas fueron reducidas significativamente.
En el caso de España, actualmente solo Air Europa mantiene dos frecuencias semanales, muy lejos de los hasta cuatro vuelos diarios que llegaron a operar en años anteriores.
Las conexiones que continúan funcionando, aunque con menor intensidad, son principalmente las que unen a Cuba con México, Panamá y Estados Unidos.
Una caída histórica del turismo
El retroceso del sector viene registrándose desde hace varios años. Cuba cerró 2025 con apenas 1,8 millones de turistas internacionales, una cifra muy distante de los 4,6 millones registrados en 2018, cuando el acercamiento diplomático con Estados Unidos impulsaba el crecimiento del turismo.
La ocupación hotelera también refleja la crisis: el promedio anual fue de apenas 18,9% sobre un inventario cercano a las 80.000 habitaciones disponibles.
El turismo ha sido históricamente uno de los principales motores económicos de Cuba y una de sus fuentes más importantes de ingreso de divisas, junto con las remesas y las misiones médicas internacionales. Su debilitamiento representa un desafío adicional para una economía que depende de las importaciones para cubrir gran parte de su consumo interno.
Qué pasará con los hoteles que quedaron vacíos
Por el momento, el futuro de los establecimientos abandonados por las cadenas internacionales permanece incierto.
Entre las alternativas que evalúan las autoridades cubanas figura la posibilidad de que sean administrados directamente por el Estado o que se reorganice su estructura societaria para desvincularlos del Grupo Gaviota, una empresa vinculada al conglomerado empresarial militar Gaesa que se encuentra bajo sanciones de Estados Unidos.
Mientras tanto, la salida de operadores internacionales y la caída sostenida de visitantes plantean un panorama complejo para una industria que durante décadas fue considerada una de las principales apuestas económicas del país.










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