

Viotti está desesperado: cuando gobernar significa pedir más y más impuestos
RAFAELA Por Carlos Zimerman

Leonardo Viotti está desesperado. Y ya ni siquiera puede disimularlo.
El intendente parece no encontrar la salida a una administración que hace agua por todos lados y, frente a cada dificultad, encuentra una única respuesta: pedirle más plata a los vecinos.
Más aumentos. Más impuestos. Más presión sobre quienes trabajan, producen y pagan.
Pero el problema es que esta vez el Concejo Municipal volvió a decirle que no. Y la oposición, cuando cuestiona que por un lado Viotti pretende aumentarle la carga tributaria a la gente y, por el otro, mantiene estructuras, cargos y funcionarios cuyo aporte a la ciudad nadie logra explicar, tiene un punto difícil de refutar.
Porque antes de meterle nuevamente la mano en el bolsillo al vecino hay una pregunta elemental que cualquier administrador debería responder: ¿qué se hizo con el dinero que ya se recaudó?
Y ahí aparece uno de los casos que más ruido genera: Fernando Muriel.
Un funcionario que, para buena parte de los vecinos, sigue siendo una incógnita en cuanto a cuál es concretamente su función y cuál es el resultado de su trabajo para la ciudad, pero que continúa percibiendo un sueldo que muchos consideran millonario.
Entonces la pregunta es inevitable: ¿por qué el vecino tiene que hacer un esfuerzo cada vez mayor mientras el Estado municipal no demuestra que está haciendo el suyo?
Senn fue contundente cuando habló de una municipalidad que se está fundiendo. Y aunque la frase pueda resultar incómoda para el intendente, el oficialismo debería preocuparse menos por descalificar al concejal y mucho más por explicar los números.
Porque cuando las cuentas no cierran, hay dos caminos.
Uno es administrar mejor.
El otro es aumentar impuestos.
Viotti parece haber elegido el segundo.
Y ese es precisamente el problema.
El viejo manual de la política
Hay algo todavía más profundo detrás de todo esto.
Viotti es joven. Pero ser joven no significa necesariamente representar algo nuevo.
Puede tener pocos años en la política y, sin embargo, utilizar exactamente las mismas recetas que la vieja política utilizó durante décadas.
Eso es lo que estamos viendo.
La casta política siempre encuentra la misma solución: cuando el Estado gasta demasiado, que pague la gente.
Cuando faltan recursos, aumentemos impuestos.
Cuando faltan fondos, aumentemos tasas.
Cuando la administración no funciona, pidamos más recursos.
Cuando el resultado no aparece, expliquemos que no nos dejaron gobernar.
Es el mismo libreto de siempre.
Y Viotti, lamentablemente, parece haberlo aprendido de memoria.
Porque la lógica debería ser exactamente al revés: el Estado está para solucionar los problemas de la gente, no para convertir a la gente en la solución permanente de los problemas del Estado.
El vecino no tiene por qué financiar la ineficiencia de una administración.
No tiene por qué pagar los errores de gestión.
No tiene por qué sostener estructuras innecesarias.
Y mucho menos tiene por qué aceptar que cada vez que la Municipalidad tiene dificultades financieras la respuesta automática sea un nuevo aumento.
Viotti malgasta, mal administra y no gestiona
Acá está el verdadero problema.
No es el Concejo.
No es la oposición.
No es el vecino.
No es que "no lo dejan gobernar".
El problema de Viotti es su incapacidad para administrar.
Porque si una administración necesita permanentemente aumentar impuestos para poder funcionar, algo está fallando.
Y si además pretende hacerlo mientras mantiene gastos que no logra justificar adecuadamente, el problema es todavía mayor.
La Municipalidad de Rafaela necesita gestión, eficiencia, prioridades y austeridad.
Necesita saber dónde se gasta cada peso.
Necesita explicar por qué se gasta.
Necesita demostrar resultados.
Y necesita, fundamentalmente, dejar de pensar que la salida fácil es siempre cobrarle más al vecino.
Gobernar no es aumentar impuestos.
Gobernar es administrar los recursos existentes de la mejor manera posible.
Gobernar es decidir qué se puede hacer y qué no.
Gobernar es eliminar gastos innecesarios.
Gobernar es establecer prioridades.
Gobernar es gestionar.
Y eso es precisamente lo que muchos vecinos sienten que está faltando.
La excusa que viene
Ahora Viotti probablemente intentará construir un relato.
Dirá que no pudo administrar.
Que no pudo gestionar.
Que el Concejo no le aprobó los aumentos que necesitaba.
Que la oposición le puso palos en la rueda.
Que sin esos recursos resulta imposible llevar adelante la Municipalidad.
Pero esa explicación tiene un problema: es una excusa.
Viotti puede engañarse a sí mismo si quiere.
Lo que no debería intentar es engañar a los vecinos.
Porque una administración municipal no puede quedar reducida a una ecuación tan elemental como esta: "si me aumentan los recursos, gobierno; si no me los aumentan, no puedo gobernar".
Eso no es gobernar.
Eso es trasladarle al ciudadano el costo de una mala administración.
Y los vecinos de Rafaela merecen mucho más.
Lo viejo, lo vetusto, lo decadente
Viotti representa una paradoja.
Es un dirigente relativamente joven que utiliza herramientas políticas absolutamente viejas.
Es la vieja política con una cara joven.
Es la idea de que el Estado puede seguir creciendo, que los funcionarios pueden seguir cobrando, que las estructuras pueden seguir multiplicándose y que, cuando las cuentas no cierran, siempre aparece el vecino para poner la diferencia.
Eso es lo viejo.
Eso es lo vetusto.
Eso es lo decadente.
Y es exactamente lo que la sociedad viene cuestionando desde hace años.
No se trata de negar la necesidad de que una Municipalidad tenga recursos. Por supuesto que los necesita. Se trata de exigir que esos recursos sean administrados con responsabilidad.
Porque antes de pedir un peso más hay que demostrar que se cuidó cada peso recibido.
Y hoy Viotti no logra demostrarlo.
Por eso está desesperado.
Porque se quedó sin argumento.
Porque la receta de aumentar impuestos encontró un límite.
Porque el Concejo le dijo que no.
Y porque ahora deberá hacer aquello que debió hacer desde el primer día: gobernar con los recursos que tiene.
La realidad es mucho más simple de lo que Viotti pretende hacer creer.
No es que no lo dejan administrar.
No puede administrar.
No es que no lo dejan gestionar.
No sabe gestionar.
Y no es que la ciudad necesite indefectiblemente otro aumento.
Lo que necesita Rafaela es un intendente que deje de mirar el bolsillo del vecino y empiece a mirar seriamente cómo administra la Municipalidad.
Ese es el verdadero desafío.
Y hasta ahora, Viotti está demostrando que no está a la altura.






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