Patricia pasa la gorra y quiere ser presidenta

POLÍTICA Por Pablo Duggan*
La presidenta del PRO ensaya sus futuras movidas políticas. Aspiraría a conquistar el espacio que hay en día contiene para la principal alianza opositora,
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Mientras pasea por la costa atlántica promocionando su libro de belicoso título, Patricia Bullrich -presidenta del PRO-, ensaya sus futuras movidas políticas. Por estos días, su marido -el ex periodista Guillermo Yanco- visita importantes empresas solicitando una contribución económica para financiar sus futuros pasos. Los argumentos de la solicitud de Yanco podrían provocar un tembladeral en la alianza Juntos por el Cambio. Éste sostiene que Patricia debe mantener su exposición pública para presionar a Horacio Rodríguez Larreta a aceptar su candidatura en primer lugar en la lista de diputados nacionales por la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Esto cuesta tiempo y dinero. Hasta ahora, la exministra de seguridad del Gobierno de Mauricio Macri ha logrado una sostenida presencia en los medios de comunicación a partir de un duro discurso opositor. El afán de Bullrich por estar presente en medios afines ha provocado hechos insólitos, a la luz de su gestión. Por ejemplo, la ex Carolina Serrano ha desarrollado un súbito y desconocido interés en los derechos humanos y en la educación, algo que sorprende hasta a sus más cercanos colaboradores. En las charlas con empresarios, Guillermo Yanco les ha revelado el plan de su esposa: ser elegida diputada nacional en las elecciones de este año y, desde allí, catapultarse a una candidatura a presidenta de la Nación en 2023. Quienes suelen frecuentarla sostienen que ella cree estar en condiciones de disputarle la candidatura de Juntos por el Cambio a Horacio Rodríguez Larreta. En caso de que intenten cerrarle la puerta, podría apelar a sus ex aliados, supuestos liberales, que han creado un sello partidario que tiene todos los papeles en orden. De esa manera, Bullrich aspiraría a conquistar el espacio que hay en día contiene para la principal alianza opositora, la derecha conservadora y extremista que mira con cariño los desvaríos de Javier Milei y compañía.

Para el jefe de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, el trato con Bullrich debe ser delicado pero firme. Sus intenciones son que ella permanezca dentro del espacio para fidelizar a los más extremistas de la alianza. Está convencido de que debe seguir cimentando sus posturas de centro, aunque esto implique dejarle más camino abierto al discurso radicalizado de la exministra. Cerca de Larreta dicen que es fundamental no romper con ella, para evitar el crecimiento de los conservadores disfrazados de liberales. No les temen, pero saben que son votos que les pertenecen de ciudadanos descontentos con el fracaso de Mauricio Macri. Se ríen de Javier Milei, pero se esperanzan en volver a seducir a José Luis Espert, tal cual lo hicieron en el pasado. Larreta, dicen, no está dispuesto a aceptar el primer lugar de Bullrich en la lista de diputados. Ofrece un lugar para ella, pero no ese.

El dilema del jefe de Gobierno es encontrar una figura que garantice un buen desempeño y pueda resistir el embate de Bullrich. El candidato ideal para ello es Diego Santilli. Larreta preferiría mantenerlo dedicado a la gestión, pero le va a pedir que juegue si es necesario. El ministro de Seguridad de la Ciudad quiere participar, solo que le gustaría desembarcar en la provincia. Con la Ciudad “prometida” a Martín Lousteau, Santilli podría luego aspirar a la gobernación de Buenos Aires. El ministro de Salud, Fernán Quirós, puede ser un buen candidato en la Ciudad, pero dependerá del desgaste de la pandemia.

Cualquier aventura en la provincia requiere que María Eugenia Vidal tome la decisión de jugar en Capital o desistir de una candidatura. Es la única que ordena la interna de provincia en la que tallan, además de Santilli, Jorge Macri, Néstor Grindetti y Gustavo Posse. El problema es que Vidal no se decide. Esta vez, aseguran fuentes cercanas a la exgobernadora, la decisión será puramente suya porque que cree haber cumplido con el expresidente Macri y ya no lo reconoce como su jefe político. Distinta es su relación con Horacio, a quien se refiere como su amigo.

Mientras tanto, Larreta siente que su futuro político se acerca. Confía en que la unidad del oficialismo presentará fuertes grietas y que la economía encontrará nubarrones, cree que esa será su oportunidad. Como siempre ocurre en la política argentina, el futuro de los opositores depende, en gran medida, de los errores del oficialismo.

El desarrollo de la vacunación, en cambio, es la gran oportunidad del Gobierno nacional. Superadas las dos futuras semanas, la provisión de vacunas estaría asegurada. El tema de discusión será la velocidad de la vacunación. La logística dependerá de la Nación, pero la aplicación se federalizará aún más y permitirá a la administración de Alberto Fernández despegarse de los escándalos que se generarán si hay retrasos, torpezas, avivadas o diversos incidentes en la aplicación. Esa es la gran oportunidad de cosechar rédito político para concentrarse en los problemas de la economía. El oficialismo aspira a que la reactivación -sin disparada inflacionaria- y la vacunación serán los pilares que podrían cimentar un triunfo político seguro en las elecciones de medio término.

 

 

* Para www.ambito.com

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