El día que Cristina usó a Belgrano para derrocar a Alberto Fernández

OPINIÓN 21 de junio de 2022 Por Ernesto Tenembaum*
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Cada vez que se produce un fenómeno que daña a enormes sectores sociales, en cualquier democracia, se dispara un debate acerca de quién tiene la culpa: ¿es inevitable?, ¿se trata de algo generado desde afuera del Gobierno? ¿o la culpa la tiene el Gobierno? En una situación normal, es esperable que el oficialismo culpe a la oposición o a un hecho natural contra el cual el Gobierno no puede hacer nada, y que la oposición, en cambio, responsabilice al Gobierno. Ayer ocurrió un hecho exactamente inverso. El sector más poderoso del Gobierno culpó por la inflación al propio Gobierno. Durante el acto que se realizó en Avellaneda, la vicepresidenta Cristina Fernández de Kirchner sostuvo que la inflación se debe, básicamente, a la incapacidad, inoperancia o cobardía de los funcionarios que no se animan a controlar los precios de las empresas más grandes o a negarle dólares a los principales importadores o a vigilar ganancias, fuga de dólares y evasión de impuestos.

Entre los que aplaudían estaban muchos oficialistas. En ese sentido, el acto de ayer fue una expresión cabal de los códigos que regulan las relaciones entre los miembros de la alianza oficialista. Por mencionar solo a algunos de los presentes que aplaudían cuando la Vicepresidenta ensuciaba a sus compañeros o celebraba cada uno de sus chistes: el ministro de Vivienda, Jorge Ferraresi –perteneciente al gabinete nacional—, el gobernador de la provincia de Buenos Aires, Axel Kicillof, uno de los jefes de la CGT, Pablo Moyano, la titular del Inadi, Victoria Donda, el intendente de La Matanza, Fernando Espinoza y el titular del gremio bancario, Sergio Palazzo.

Cristina Kirchner volvió a repetir la frase “funcionarios que no funcionan” y recordó aquel acto en La Plata en el cual sostuvo que algunos ministros deberían buscarse “otros laburos”. En ese contexto, hizo un montón de referencias de las que se puede deducir quienes, según ella, deberían dejar el Gobierno.

A saber:

--el ministro de Economía, Martín Guzmán.

--el presidente del Banco Central, Miguel Pesce.

--la titular de la AFIP, Mercedes Marcó del Pont.

Daniel Scioli no fue objeto de ningún cuestionamiento por parte de la jefa indiscutible del Frente de Todos. Pero tal vez sea necesario marcar aquí que, al día siguiente de que se conociera su designación, y mucho antes de que volviera siquiera del Brasil, Maximo Kirchner disparó contra él. “Muchas veces se ha dicho que nosotros no hicimos campaña en 2015. Es mentira. Nosotros no fuimos los que anunciamos un gabinete en medio de la campaña. Fue el candidato de entonces. Insólito. Tampoco salimos de viaje en esos días. Estuvimos todos en nuestros puestos de lucha”.

Pero la lista de enemigos de CFK no termina allí. En el final de discurso, Fernández de Kirchner realizó una arenga encendida hacia la manera en que se administran los planes sociales. En ese contexto, debio aclarar que sus planteos no tienen nada que ver con los de la derecha tradicional en contra de los “planeros”. “Deberíamos tener menos planes sociales. Y no soy de los que andan diciendo que hay que contar la plata que se les da a los pobres…El Estado nacional debe recuperar el control la auditoría y la aplicación de las políticas sociales que no pueden seguir tercerizadas… Así como el Estado tiene el monopolio de la fuerza, el Estado debe transparentar frente a la opinión publica todo eso. Porque no me gusta que me quieran convencer que eso es peronismo. Eso no es peronismo. El peronismo es laburo. El peronismo no es depender de un dirigente barrial para que me de el alta y la baja. Y sobre todo las mujeres que son las mas explotadas. Son las más basureadas en prácticas misóginas. Son las que revuelven las ollas en los merenderos. Las que van a laburar son siempre las mujeres. Entonces, que el Estado recupere en nombre de Perón y Evita, si Evita los viera, mamita, mamita…”.

Cualquiera que conozca la interna oficial, identificará sencillamente que la ex presidenta apuntaba contra el Movimiento Evita, una de las organizaciones sociales que se distanció progresivamente del cristinismo a partir de que ella privilegió a La Cámpora. En primera fila del acto, aplaudía la intendenta camporista de Quilmes, Mayra Mendoza, investigada por presuntos desvíos de dinero destinado a la ayuda social hacia cooperativas manejadas por socios de miembros de su Gabinete. Así las cosas: a los nombres de Guzmán, Pesce y Marcó del Pont, se debería sumar los de Emilio Pérsico y el Fernando “Chino” Navarro, dos de los líderes del “Evita”, que forman para del Gobierno. Las acusaciones contra el movimiento Evita presagia un conflicto virulento en tiempos muy tormentosos.

Hasta el cierre de esta nota, no se había producido ninguna respuesta del presidente de la nación, Alberto Fernández, quien quedó muy desdibujado en su rol luego de que, ante otra crítica de su compañera de fórmula, se desprendió de Matías Kulfas, uno de sus hombres de confianza. Así las cosas, el Gobierno aparece integrado por hombres que son despreciados, una vez más, en público, y cada vez con mayor violencia, por la Vicepresidenta, a quien aplauden enfáticamente dirigentes muy relevantes del Frente de Todos, la alianza gobernante.

Las agresiones de Cristina contra los principales funcionarios de Fernández se produjeron en el marco de un análisis sobre el fenómeno inflacionario, durante el cual la titular del Senado desestimó que el déficit fiscal y el déficit comercial jugaran un rol central en el aumento de precios. En ese contexto, acusó al Gobierno de no pulsear con los formadores de precios y los que fugan divisas. En ese desarrollo aparece una pregunta latente que Kirchner jamás responde. Si ella tiene tan claras las causas de la inflación, ¿cómo ocurrió que ese fenómeno tan nocivo volvió al país cuando ella era presidenta de todos los argentinos? ¿O no ocurrió que ella recibió el poder con el 7 por ciento de inflación anual y en 2014 se llegó al 38 por ciento? La autonomía energética se perdió en esos años. La inflación volvió en esos años. La restricción externa, el control de cambios, los cortes masivos de luz son productos de aquella gestión y, desde entonces, no se pudieron resolver. Pero en ningún discurso aparecen referencias a estos fenómenos.

Hay un momento del discurso que fue especialmente revelador. Kirchner acusó por la inflación al proceso de endeudamiento que se produjo durante el gobierno de Mauricio Macri. “Siempre que hay inflación es porque se produjo un proceso de endeudamiento antes”, clamó. Sin embargo, la inflación que se disparó durante su mandato no fue posterior a nada de eso que ella dice. Al contrario, durante la gestión de Néstor Kirchner, la Argentina se desendeudó. Pero, bajo el mando de Cristina, la inflación no paró de crecer.

¿Y entonces?

En una relación de igual a igual, esa sola incoherencia podría servir para que Alberto Fernández le conteste. Pero el Presidente está rendido. Respalda a los funcionarios cuestionados. Pero, ¿por cuánto tiempo? Además, ¿qué más da? Si ella cuestiona a tantos funcionarios de Fernández, está claro que el cuestionamiento no es contra cada uno de ellos sino contra el mismísimo Presidente. Si hay tantos funcionarios que, según ella, no funcionan, ¿quién es entonces el que, según ella, no funciona? “Ganar las elecciones no sirve de nada. Si no cambias las cosas, mejor que te quedes en tu casa”, disparó CFK. ¿Quién debería quedarse en su casa?

De nuevo, el problema no es solo de ella. Si él no responde, el problema pasa a ser de los dos. Y de todos los argentinos.

Esa situación dramática deja al Gobierno en un punto muy delicado y al peronismo en un tobogán hacia vaya saber qué destino. Hay gente cercana a la Vicepresidenta que empieza a desarrollar en estos días una teoría creativa. Esa teoría se apoya en un análisis de lo que ha ocurrido en América Latina. Sostiene que los oficialismos han perdido y que las elecciones se polarizaron, en casi todos los casos, entre una opción de izquierda y otra de derecha, ambas opositoras. En esa dinámica, en general, triunfó la izquierda, como se pudo ver el domingo en Colombia. En ese sentido, explican que Cristina se aleja de Alberto para no ser parte de otro oficialismo derrotado, y ocupa cada vez más el ala izquierda del sistema político. Al final del día, imaginan que irá a un ballotage contra alguien de Juntos por el Cambio y, agónicamente, ganará como les ocurrió a Gabriel Boric, a Gustavo Petro, a Pedro Castillo y está por sucederle a Luiz Ignacio Lula Da Silva.

A primera vista, parece un delirio.

Porque ella es la Vicepresidenta del Gobierno que intenta derrocar.

Y esos desvaríos no se perdonan tan fácil.

Pero ese delirio permite entender muchas de sus conductas.

 

 

* Para www.infobae.com

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