La cristinización de Alberto Fernández

OPINIÓN 09 de septiembre de 2022 Por Daniel Bilotta*
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Ni el detalle de las imágenes difundidas sobre el atentado a Cristina Fernández de Kirchner bastaría para persuadir a la opinión pública de la veracidad de ese acontecimiento.

Además de la débil respuesta de la Seguridad de la vicepresidenta, la impresión que recoge el oficialismo tras el hecho es que el necesario crédito de confianza con el que la ciudadanía habilita al gobierno aparenta estar definitivamente agotado. El relevamiento de Reputación Digital de la conversación en Twitter acerca de este tema parecería confirmar esta presunción: de los casi 260 mil usuarios que participaron, el 62,5 por ciento descree de lo sucedido. Al 78,88 por ciento le provocó sentimientos de enojo o ira y despertó tristeza y miedo en menos del 9 por ciento. Las únicas alusiones positivas fueron para rechazar el feriado nacional dispuesto por Alberto Fernández. Una medida que sorprendió a la mayoría de los que se encargaron de convocar a la concentración en Plaza de Mayo. Pero sobre todo a la CGT que mantiene una estrecha alianza con el Presidente. 

A “gordos” e “independientes” que sostienen el triunvirato al frente de la central obrera les molestó más que de costumbre la omisión frecuente que atribuyen al Ejecutivo. Disponer estrategias políticas que los involucran sin consultarlos. Sobre todo por el intento de Sergio Palazzo y Pablo Moyano de aprovechar la situación para exigir que se llame a un paro general este lunes y a una marcha a Tribunales contra la Corte. Aunque fracasaron por ser minoría en el Consejo Directivo, el titular de la Asociación Bancaria y el dirigente camionero suelen expresar las posiciones de Cristina. Lo que convertiría en algo más que un hecho individual y aislado al pedido de frenar la causa Vialidad para garantizar la paz social efectuado por José Mayans, titular del bloque del Frente de Todos en el Senado. Y le daría otro sentido a la convocatoria al diálogo con la oposición realizado por Wado De Pedro, que podría tener un primer paso en Luján con el llamado del intendente kirchnerista Leandro Boto a rezar mañana por la paz en la Basílica. No está claro que la ceremonia incluya rezos para que el oficialismo salga de su aparente encerrona.

El ministro del Interior acusó a la oposición de promover el clima que dio lugar al atentado. Una arbitrariedad que tendría por antecedente los supuestos insultos de Moyano a Daniel Funes de Rioja por rechazar el haber mínimo de 90 mil pesos que propuso en el Consejo del Salario pero que él mismo votó en contra al aceptar llevarlo este mes a 51.200 pesos. La UIA resolvió contribuir a la paz: evitó comentarios.

Puede que Moyano haya obrado por reflejo de la contradicción que Omar Plaini describió en la reunión del PJ bonaerense en La Plata. El gobierno nacional le otorga más presupuesto al Ministerio de Desarrollo Social que al del Trabajo: el que debería velar porque el bienestar de las empresas redunde en la creación de empleo. Juan Zabaleta no llegó a escucharlo. Se retiró apenas terminó de hablar Máximo Kirchner para atender su despacho en la cartera asistencialista. “Alguien tiene que trabajar”, es lo que algunos creyeron escuchar que dijo. Seguramente una sugestión provocada por la tensión que predominó en la reunión. Especialmente por la curiosa celebración de La Cámpora por la llegada de Sergio Massa al Ministerio de Economía: una larga recopilación de reproches a Martín Guzmán. Es decir, a Alberto. Probablemente el feriado dispuesto tuvo en cuenta ese indicio, confirmado después del atentado. La nueva centralidad de Cristina hacia el interior del Frente de Todos. Una evidencia a la que se rindió con ese acto. Los intendentes del conurbano que lidera Martín Insaurralde ensayan preparativos para su propio giro copernicano. “Cristina no es lo mismo que Máximo.” Esa inflexión del mantra en auge entre ellos denota la decepción con el jefe de La Cámpora, al que encumbraron como jefe del PJ a cambio de algunos compromisos que no podría cumplir. Un desaliento que no disimularía ni siquiera que Zabaleta deje Desarrollo Social antes de lo previsto. Menos si lo suplanta Victoria Tolosa Paz. Abortaría la intención de recuperar la influencia que Insaurralde tuvo en esa cartera a través de Mariano Cascallares, intendente de Almirante Brown. Una pieza imprescindible por los recursos que controla en cualquier estrategia de campaña. Insaurralde no desiste de convertirse en candidato a gobernador.

Es comprensible que su círculo se empeñe en presentar a Zabaleta como un caso excepcional: un exorcismo al fantasma de la derrota en la guerra de trincheras que libran con Axel Kicillof para permanecer en sus cargos y controlar parte de su gobierno. Ese enfrentamiento podría tener un punto de inflexión la semana próxima. Los intendentes amenazan con someter a escrutinio la permanencia de Fernando Zacks al frente de Provincia ART y Seguros, la más importante de las empresas concentradas en el grupo Bapro que conduce Gustavo Menéndez. Zacks responde a Kicillof y el intendente de Merlo, a Insaurralde. La continuidad del presidente debe ser confirmada en asamblea de directores el 16 de septiembre. El voto de Gustavo Coria podría desempatar. Coria representa a Juntos y en el Pro a Diego Santilli, de trato fluido con Insaurralde.

¿Prevalecerá la directiva de Mauricio Macri de diferenciarse del oficialismo que le costó al intendente de Lanús, Néstor Grindetti, ser apartado de las negociaciones con Insaurralde, por las que Coria fue designado? Un misterio que tal vez se revele la semana que viene. Mientras tanto, Insaurralde coordinó desde el PJ la acción en redes de los intendentes para respaldar los anuncios de Massa sobre el dólar preferencial al campo. Retribución módica a la foto que tuvo que compartir durante la lectura del documento en Plaza de Mayo el primer día de septiembre, según evaluaron los intendentes. El consenso unánime entre ellos es que su suerte dependerá de la que tenga Massa. No es una idea exenta de contradicciones. Imaginan un escenario donde Cristina no tenga más remedio que apelar a Kicillof como candidato a presidente. Equivaldría a que Massa no tenga éxito.

El ministro de Economía logró esta semana destrabar los créditos pendientes con el Banco Mundial y el BID por unos 5 mil millones de dólares. Nadie discute por ahora su pretensión de ser el único candidato presidencial por el Frente de Todos. La vocera presidencial, Gabriela Cerruti, tuvo que desmentir que el gobierno analice suspender las PASO. ¿Podría el Frente de Todos tener un único candidato a presidente y que el resto de los cargos se resuelvan en esa competencia?

Antes de asumir, Massa mantuvo una larga reunión con Cristina en el Senado. La vicepresidenta le habría confesado el error que cree haber cometido al elegir a Fernández. “Tenías que ser vos. Pero tardaste mucho en cerrar”, le habría dicho. “Es cierto. Pero no tenía garantías de que no fueran a joderme” respondió Massa. La otra incógnita es si Cristina llegará en condiciones de repetir el mecanismo de selección después de su última experiencia. En apariencias, una probabilidad abierta si no aparece otro dirigente con 25 por ciento de intención de voto en el conurbano. El problema es mantener esa expectativa si los datos de la economía no mejoran. Curiosamente, esa incógnita podría ser el único aspecto racional de la más reciente radicalización del gobierno, incluido el Presidente.

 

 

* Para La Nación

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