El kirchnerismo espera que CFK dé una señal sobre su candidatura y que ordene al Frente de Todos bajo su conducción

POLÍTICA 15 de noviembre de 2022 Por Joaquín Mugica Díaz*
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El acto que Cristina Kirchner encabezó en Pilar hace diez días, organizado por la UOM, fue un punto de inflexión para todas las terminales políticas y sindicales que están bajo el techo del kirchnerismo. Aquella tarde dejó una frase impresa en el aire: “Voy a ser lo que tenga que hacer para que nuestro pueblo recupere la ilusión”. Fue una buena dosis de combustible para el operativo clamor.

Muchos dirigentes sintieron ese día que la Vicepresidenta despertó a la militancia, aturdida y desmoralizada por el atentado ocurrido en su casa de Juncal y Uruguay, y por los resultados de la gestión de Alberto Fernández, que no convencen a nadie dentro del universo K. Esa frase provocó un click en aquellos que estaban demasiado enfrascados en la interna peronista.

“Ese día revivimos. Pensábamos que no había 2023, que ya estábamos perdidos y ella renovó la esperanza. Se había instalado que ella daba por perdida la elección del año que viene y quedó claro que no es así”, aseguró una importante funcionaria kirchnerista. Para la dirigencia K la Vicepresidenta salió a la cancha esa tarde, lo que no implica que sea candidata a presidenta en menos de un año.

Este jueves, a las 18, en el Estadio Único de La Plata, Cristina Kirchner será la única oradora de un acto multitudinario. Sindicatos kirchneristas, La Cámpora, los intendentes del conurbano bonaerense y algunas organizaciones sociales movilizarán a miles de militantes para darle un marco épico y colorido su discurso.

En el kirchnerismo esperan que CFK dé alguna señal sobre su futuro electoral. Aunque sea mínima, pero que mantenga viva la esperanza de que será participe necesaria del proceso electoral que se avecina. La dirigencia política tiene bien en claro que ninguna definición importante, como una candidatura, puede concretarse a nueve meses de distancia de las elecciones.

Sin embargo, esperan que extienda en el tiempo la voluntad de estar en el centro de la escena, lo que implica que conserve el poder en su puño y, llegado el momento, defina si están dadas las condiciones objetivas para competir nuevamente por la presidencia. Para ese momento aún falta demasiado tiempo.

En las entrañas del kirchnerismo están convencidos que lo que se necesita en este momento es que Cristina Kirchner conduzca a todo el peronismo y, en ese movimiento político, ordene a la militancia y a la dirigencia en forma piramidal. De arriba hacia bajo con un mismo objetivo: sostener al ministro de Economía, presionar para contener a los sectores más perjudicados y mantener viva a la coalición oficialista.

Un importante funcionario bonaerense puso en palabras el anhelo de una parte importante de la dirigencia kirchnerista. “Queremos que nos conduzca. Porque ella, solo ella, es la conductora del Movimiento Nacional Justicialista. Conducir es ordenar, disuadir y marcar el rumbo. Y eso es lo que queremos”, sentenció.

Una mirada similar salió desde uno de los gremios kirchneristas más importantes. “Un ordenamiento nos pone en perspectiva electoral. No es lo mismo militar por una fórmula que la lleve a ella, que por otra fórmula distinta. Para nadie es lo mismo. Necesitamos saber qué rol va a asumir en el tiempo que viene y cómo nos vamos a ordenar nosotros en base a esa decisión”, fue la reflexión del líder sindical.

La dirigencia kirchnerista empuja a la Vicepresidenta al centro del escenario. Aseguran que la necesitan, en una primera instancia, conduciendo y ordenando el espacio político. El segundo paso que esperan es que, al final del camino, sea candidata a presidenta en el 2023 y que demuela en un segundo el sueño de reelección de Alberto Fernández. Creen que ella es la dueña de los votos y de un futuro prometedor.

Los K más pragmáticos entienden que la decisión del Presidente de asegurar que va por una reelección es solo una estrategia para que “le sigan llevando el café a la oficina”. En caso contrario, se quedaría con un mínimo de poder para sobrevivir hasta el 10 de diciembre del año próximo.

En cambio, los más duros - sumergidos en un enojo que se agranda con el tiempo - lo ven a Fernández como un desleal que no entiende que el Gobierno “no es suyo, sino de todos”. Siguen considerando que, tal como dijo Máximo Kirchner en una entrevista durante el fin de semana, el Gobierno debería tener una mesa política donde se discutan las decisiones más importantes de la gestión.

El líder de La Cámpora aseguró el domingo que “los problemas de Argentina son muy grandes para una mesa tan chica” y pidió “ampliar y tener más discusiones” sobre el rumbo del Gobierno. Ratificó así su pedido para que haya un espacio en el que se sienten representantes de distintos sectores de la coalición para discutir la dirección política, económica e ideológica de la gestión.

El acto del jueves tendrá un marco electoral más allá del discurso que brinde la Vicepresidenta y del que nadie sabe el contenido. Los temas posibles son siempre los mismos. La agenda judicial es un tema fijo, al igual que la mirada sobre la presión que debería hacer el Gobierno sobre los formadores de precio y el sector empresario.

Los mensajes al Presidente, explícitos o implícitos, son una incógnita que se resuelve en el momento. En su última aparición no lo cuestionó, pero le hizo un pedido que Fernández descartó: una suma fija para los trabajadores formales.

El revés de la Corte Suprema respecto a la integración del Consejo de la Magistratura, la recusación a la jueza de la causa por el atentado, María Eugenia Capuchetti, y las críticas al fiscal Diego Luciani, a cargo de la investigación en la causa Vialidad, son los temas que marcaron la agenda de CFK en la última semana. Quienes están cerca de la Vicepresidenta advierten que estarán en el listado del jueves.

En el kirchnerismo creen que el acto del jueves en La Plata “es importante para construir una nueva mística” y que “la dirigencia política tenga esperanza”. Un histórico dirigente K lo definió con una frase corta y coloquial: “Tenemos que darnos manija entre nosotros para salir a la cancha”. Ya se vive el clima electoral, pese a la distancia que aún divide el presente con las elecciones.

El 17 de noviembre se cumplirán 50 años del regreso de Juan Domingo Perón a la Argentina luego de 17 años de exilio. Por eso algunos dirigentes, con unas cuantas batallas encima, no entienden cómo Alberto Fernández, un presidente peronista que, además, preside el Partido Justicialista (PJ), no estará para conmemorar la fecha y liderar alguna celebración en un día clave en el calendario militante.

Fernández llegará a la Argentina el viernes a la mañana, cuando las repercusiones por el acto de CFK inunden la escena política, justo en el final de su extensa gira por Francia e Indonesia.

Cristina Kirchner está decidida a obtener la mayor centralidad posible dentro del peronismo. Alberto Fernández no está dispuesto a dar esa batalla. Se sigue acobijando bajo el paraguas de la gestión y la endeble unidad que pregona. Unidad que es solo un argumento discursivo sin un correlato en la estructura.

El acto del jueves quizás termine siendo un nuevo punto de inflexión en la agenda kirchnerista. O, tal vez, en la agenda peronista que es, claro está, mucho más amplia, compleja y diversa.

 

 

* Para www.infobae.com

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