La violencia digital: un riesgo creciente que aleja a las mujeres de internet

TECNOLOGÍA Agencia de Noticias del Interior
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  • La violencia digital está alejando a mujeres y niñas de espacios en línea, afectando su bienestar y participación.
  • La brecha de género en internet persiste: 280 millones más de hombres que mujeres estuvieron conectados este año.
  • ONU Mujeres estima que hasta el 58 % de las mujeres y niñas han sido víctimas de violencia en línea.
  • El troleo, el doxing y las deepfakes son formas comunes de violencia digital con graves consecuencias psicológicas y sociales.
  • Mujeres públicas, activistas y periodistas son blanco frecuente de ataques, reforzando un círculo de hostigamiento.
  • Organismos internacionales y ONG llaman a políticas, educación digital y herramientas de protección para garantizar un internet seguro e inclusivo.

La expansión de internet y las redes sociales, que ha transformado la comunicación global, también ha traído consigo un fenómeno preocupante: la violencia digital. Cada vez más mujeres y niñas enfrentan acoso, hostigamiento y ataques en línea, una situación que no solo afecta su bienestar emocional, sino que las aleja de espacios digitales donde podrían expresarse, informarse y participar plenamente.

Según la Unión Internacional de Telecomunicaciones (UIT), organismo especializado de las Naciones Unidas en tecnologías digitales, alrededor de seis mil millones de personas utilizan internet en el mundo. Sin embargo, la brecha de género persiste: este año hubo 280 millones más de hombres que de mujeres conectados. Esta desigualdad no solo refleja barreras de acceso, sino también la mayor exposición de las mujeres a riesgos en línea.

La ONU subraya que mujeres, niñas y personas no conformes con su género tienen más probabilidades de ser víctimas de violencia digital. Además, las consecuencias suelen ser más graves y duraderas debido a su género, impactando su salud mental, reputación e incluso oportunidades laborales o educativas. Según datos de ONU Mujeres, hasta el 58 % de las mujeres y niñas han sufrido algún tipo de violencia en línea, un número que pone en evidencia la magnitud del problema.

Entre las formas más comunes de violencia digital se destacan el troleo, el acoso directo, el doxing y la difusión de deepfakes. El troleo, por ejemplo, consiste en publicar mensajes provocativos u ofensivos con el objetivo de molestar, generar reacción o perjudicar a la víctima. El Centro para la Lucha contra el Odio Digital (CCDH), una ONG británico-estadounidense dedicada a combatir el discurso de odio y la desinformación, distingue dos tipos de troles: aquellos que atacan a figuras públicas para amplificar el abuso y los motivados por una “potencia social negativa”, es decir, por el disfrute de causar daño a otros.

El impacto del troleo no es trivial. Las víctimas, muchas veces figuras públicas, activistas o periodistas, reciben comentarios hostiles de forma constante, y cualquier reacción puede ser utilizada por los agresores como incentivo para continuar. Este patrón genera un círculo de violencia difícil de romper, donde el miedo y la ansiedad llevan a muchas mujeres a retirarse de la participación digital activa.

El doxing, otra forma de violencia, implica la divulgación de información privada, como dirección, teléfono o datos familiares, con fines de intimidación. Las deepfakes, por su parte, utilizan inteligencia artificial para crear imágenes o videos falsos que ponen a las mujeres en situaciones comprometedoras o humillantes, mientras que el acoso persistente en redes puede llegar a la persecución virtual.

La violencia digital no solo afecta la esfera privada de las mujeres, sino que tiene consecuencias sociales y económicas. Mujeres que enfrentan hostigamiento pueden limitar su presencia en redes profesionales, abandonar proyectos en línea o incluso reducir su interacción en espacios educativos virtuales. En un mundo cada vez más digitalizado, estas barreras perpetúan la desigualdad de género y restringen la participación plena en la sociedad.

Organismos internacionales y ONG destacan la necesidad urgente de políticas más efectivas y de educación digital que promueva la seguridad en línea y la igualdad de género. La concientización sobre la violencia digital y la creación de herramientas para denunciar y bloquear abusos son pasos fundamentales para garantizar que internet sea un espacio seguro para todos, sin importar género.

La violencia digital es, sin dudas, uno de los mayores desafíos del ecosistema online. La protección de mujeres y niñas requiere un enfoque integral que combine legislación, tecnología y educación, para que la expansión de internet no se traduzca en una exclusión silenciosa sino en oportunidades equitativas de participación.

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