Los alimentos dieron una tregua, pero siguen siendo el principal obstáculo para bajar la inflación como quiere Economía

ECONOMÍA Por Pablo Wende*
PAKXO2QXMRBRPMZ3RBPJ2PTQDU

Sergio Massa adelantó con entusiasmo que en diciembre la inflación estaría por segundo mes consecutivo debajo del 5% (el dato oficial se conocerá mañana) e insistió que para abril el índice debería arrancar con un “3″ y pico. El peligro es que genere una gran “olla a presión” a partir de la extensión del programa Precios Justos, que según dejaron trascender desde el propio ministerio de Economía podría estirarse hasta julio, cuando supuestamente estaría vigente solo hasta fin de febrero.

Un dato que encendió luces amarillas es que el rubro alimentos y bebidas que mide la ciudad de Buenos Aires tuvo un repunte en diciembre a pesar de Precios Justos: después de haber aumentado un 4,2% en noviembre trepó 4,7% el mes pasado.

El jefe de estadísticas porteño, José Donati, explicó que en la medición realizada por la Ciudad se notó una fuerte diferencia entre los precios de alimentos en los supermercados (donde llega el programa Precios Justos) y el resto de las superficies, como mercados de cercanía o autoservicios, por ejemplo, donde no llega con tanta fuerza el programa de control de precios.

En la medición del Indec la suba de los alimentos se morigeró a 3,5% en noviembre y algo parecido sucedería en diciembre. Pero no será fácil mantener el índice por debajo de la inflación promedio, teniendo en cuenta los problemas de acceso a los insumos importados y los aumentos salariales ya negociados por las empresas, entre otras cuestiones. Incluso es posible que a partir de marzo la intención de Massa sea que las futuras listas de incrementos que llegan a los supermercados incluyan aumentos solo de 3% y no del 4% como se negoció para estos 120 días.

“Ya atravesamos mil veces programas de control de precios y los resultados son siempre los mismos. Tiene resultado al principio, logrando una baja gradual de la inflación, pero con el paso de los meses viene un rebote que termina desatando todos los aumentos que estaban contenidos”, agregó Donati.

Mas allá de la evolución de los alimentos, la medición de la Ciudad también es un buen recordatorio de lo difícil que es bajar la inflación. Algunos rubros reflejan de hecho el componente “inercial” de los aumentos de precios. Un ejemplo es “hogar”, con subas del 6,7 por ciento. Aquí tiene impacto la suba mensual de los alquileres, que ajustan según la evolución de la inflación pasada y los salarios, junto al aumento de las expensas.

Otros sectores que están fuera del control oficial también presentan incrementos muy por encima del promedio. Es el caso de restaurantes y hoteles, con subas del 9% en diciembre, y la ropa, que aumentó otro 6,3% pese a que está vigente un supuesto congelamiento que no es tal en la mayoría de los puntos de venta.

Massa insiste en que es posible cumplir con el 60% establecido en el Presupuesto 2023, lo que implicaría una fuerte desinflación a lo largo del año. Algo que juega a favor es que no se esperan nuevos “shocks” internacionales como sucedió el año pasado, cuando voló el precio del petróleo y también de productos agropecuarios como el trigo, a raíz de invasión de Rusia a Ucrania. Sin este componente presente, explican en el entorno del ministro, sería más fácil conseguir los resultados esperados en materia inflacionaria.

Los bancos y consultoras económicas que participan en el Relevamiento de Expectativas de Mercado (REM) del Central tienen una visión diferente. Según el último dato esperan que el índice de inflación trepe 98% este año, lo que incluso superaría el nivel del 2022 (en torno al 95%).

 

 

* Para www.infobae.com

Te puede interesar