El portazo de Menossi y el festival de los sueldos municipales

RAFAELA Por Carlos Zimerman

e_1790810638

RESUMEN

  • Hugo Menossi renunció al gobierno de Leonardo Viotti, tal como había anticipado R24N.
  • Oficialmente se habla de motivos personales, pero detrás de la salida se acumularon diferencias de criterio y de gestión.
  • Menossi había llegado en abril para intentar recomponer la relación con las vecinales, pero el objetivo nunca terminó de concretarse.
  • Según pudo conocer R24N, el dirigente sintió que no tenía el respaldo necesario para desarrollar la tarea por la que había sido convocado.
  • Su salida vuelve a poner bajo la lupa a los funcionarios que cobran todos los meses mientras los vecinos siguen esperando resultados.

Hay renuncias que sorprenden y hay renuncias que, cuando finalmente se producen, generan una sola reacción: “era cuestión de tiempo”. La salida de Hugo Menossi del gobierno de Leonardo Viotti pertenece claramente a la segunda categoría. R24N lo había anticipado porque hacía tiempo que la relación entre el dirigente del PRO y el gobierno municipal mostraba señales de desgaste. Ahora llegaron las explicaciones políticamente correctas: motivos personales, agradecimientos, reconocimiento por la tarea realizada y, por supuesto, la aclaración de que no hubo diferencias con el intendente ni con su equipo más cercano. Todo muy prolijo. Todo políticamente correcto. Tan correcto que el funcionario decidió irse a pocos meses de haber asumido.

Pero en política, como en la vida, llega un momento en que las palabras empiezan a perder contra los hechos. Y los hechos dicen que Menossi había llegado en abril para reemplazar a Marcia Tamagnini, con una misión bastante concreta: intentar abrir una nueva etapa en la relación entre el municipio y la Federación de Entidades Vecinales. La decisión había sido presentada como una oportunidad para recomponer un vínculo que evidentemente necesitaba otra dinámica. Menossi asumió, comenzó a trabajar y, según pudo reconstruir R24N, se encontró con una realidad bastante diferente de la que esperaba.

Porque para que una decisión política funcione no alcanza con nombrar a una persona y ponerle un cargo. Hay que darle herramientas, respaldo y capacidad de decisión. Hay que permitirle hacer aquello para lo que fue convocado. Y según quienes estuvieron cerca de Menossi, eso fue precisamente lo que terminó faltando. El dirigente habría encontrado demasiadas limitaciones para avanzar y, fundamentalmente, no habría conseguido del intendente el respaldo suficiente para convertir aquella anunciada nueva relación con las vecinales en hechos concretos.

Y cuando un funcionario es convocado para hacer algo pero después descubre que no tiene las herramientas políticas para hacerlo, aparece una pregunta tan sencilla como incómoda: ¿para qué lo nombraron?

Ahí está, posiblemente, el verdadero trasfondo de esta renuncia.

Según pudo conocer R24N, la salida de Menossi no fue consecuencia de un episodio puntual. No hubo una pelea determinada, una discusión definitiva ni un único hecho que haya provocado el portazo. Fue un cúmulo de situaciones, diferencias de criterio y frustraciones que terminaron haciendo inviable su continuidad. Y eso explica mucho más que cualquier comunicado de ocasión.

Hay una frase que, según quienes conocen de cerca lo ocurrido, resume crudamente el estado de ánimo con el que Menossi terminó tomando la decisión: habría llegado a sentir que estaba “robando” cuando cobraba su sueldo a fin de mes, porque no podía hacer aquello para lo que había aceptado la responsabilidad.

La frase es fuerte. Muy fuerte. Pero también tiene una particularidad que vale la pena rescatar: al menos alguien se hizo la pregunta.

Porque en la administración pública hay una cuestión que algunos parecen olvidar con demasiada facilidad: el sueldo de un funcionario no es un premio por ocupar un despacho. Es el pago por una responsabilidad. Y esa responsabilidad tiene que traducirse en trabajo, decisiones y resultados.

El problema es que en la política municipal parece haberse instalado una vieja costumbre: llegar a fin de mes, cobrar, seguir ocupando el cargo y esperar que nadie pregunte demasiado. Y si alguien pregunta, siempre habrá una reunión, una foto, un comunicado, una explicación técnica o alguna actividad que permita llenar la agenda.

Pero Rafaela no se administra con fotografías.

Se administra resolviendo problemas.

Y los problemas están ahí. Están en las calles, en los servicios, en el transporte, en la seguridad, en la limpieza, en el mantenimiento y en tantas otras cuestiones que los vecinos conocen mucho mejor que cualquier funcionario porque son ellos quienes las padecen todos los días. Mientras tanto, la estructura municipal cuesta dinero. Mucho dinero. Y cada funcionario, cada secretario, cada subsecretario, cada coordinador y cada asesor representa recursos que salen del presupuesto municipal.

Y conviene recordarlo porque a veces parece que el dinero público aparece mágicamente: no sale de un árbol plantado en el despacho del intendente. Sale del bolsillo de los vecinos. Del comerciante que abre todos los días. Del trabajador que paga sus impuestos. Del jubilado que hace malabares para llegar a fin de mes. De todos aquellos que sostienen con sus recursos una estructura municipal que tiene la obligación de devolver ese esfuerzo en forma de servicios y soluciones.

Por eso la renuncia de Menossi debería ser mucho más que una noticia de un día. Porque si un funcionario llega al punto de considerar que no está haciendo lo suficiente para justificar lo que cobra, tiene una salida institucional perfectamente válida: correrse.

Y Menossi se corrió.

No se aferró al cargo. No esperó indefinidamente. No se quedó calentando una silla. Dio un paso al costado.

Ahora sería saludable que algunos otros funcionarios se hicieran exactamente la misma pregunta.

Entre ellos aparece inevitablemente el nombre de Fernando Muriel, no porque haya que convertir esto en una cacería de nombres, sino porque el principio debería ser exactamente el mismo para todos: quien ocupa un cargo público tiene que poder explicar qué hace y qué resultados produce.

No alcanza con estar.

No alcanza con cobrar.

No alcanza con aparecer.

Hay que trabajar.

Y si alguien no puede hacerlo porque no tiene respaldo, porque no tiene herramientas o porque simplemente no encuentra una función concreta que justifique su permanencia, entonces quizás tenga que tener la misma honestidad que tuvo Menossi.

Dar un paso al costado.

Porque una Municipalidad no puede transformarse en una especie de bolsa de trabajo para dirigentes políticos. Mucho menos cuando los recursos son escasos y los vecinos están cansados de pagar cada vez más para recibir, en muchos casos, exactamente lo mismo.

Por eso el portazo de Menossi también deja una pregunta sobre Leonardo Viotti. Porque fue el intendente quien decidió incorporarlo. Fue el intendente quien le asignó una responsabilidad. Fue el intendente quien habló de una nueva etapa con las vecinales. Y apenas unos meses después, ese funcionario se va.

Entonces las preguntas son inevitables: ¿qué pasó? ¿Por qué no se pudo concretar aquella nueva relación? ¿Por qué Menossi no encontró el respaldo suficiente? ¿Qué margen real tenía para tomar decisiones? ¿Cuánto de lo que se anunció terminó efectivamente concretándose?

Decir que todo se reduce a motivos personales puede ser políticamente cómodo, pero no necesariamente explica todo lo que ocurrió.

Porque las cuestiones personales pueden existir, naturalmente. Pero también pueden convivir con diferencias de gestión, de criterio y de expectativas. Una cosa no necesariamente elimina la otra.

Y aquí aparece lo verdaderamente interesante de esta historia. Menossi se va, pero los problemas quedan. Las vecinales siguen estando. La ciudad sigue estando. Los reclamos siguen estando. Los funcionarios siguen estando. Y los sueldos, naturalmente, seguirán llegando a fin de mes.

Ese parece ser uno de los pocos servicios municipales que funciona con una puntualidad admirable.

El sueldo llega.

La pregunta es qué llega junto con ese sueldo.

¿Resultados?

¿Soluciones?

¿Trabajo?

¿Decisiones?

¿O simplemente otro mes cumplido?

Menossi, por lo menos, parece haberse hecho esa pregunta y encontró una respuesta. Si no podía cumplir con aquello para lo que había sido convocado, no tenía sentido seguir cobrando.

Ojalá otros dirigentes tengan la misma sinceridad.

Porque Rafaela no necesita una Municipalidad llena de funcionarios.

Necesita una Municipalidad llena de gente haciendo.

Menossi pegó el portazo y se fue. R24N lo había anticipado. Ahora será responsabilidad de Viotti demostrar que esta renuncia fue solamente la salida de un funcionario por motivos personales y no la consecuencia visible de un problema más profundo dentro de su equipo de gobierno.

Porque una renuncia puede ser una casualidad.

Dos pueden ser una coincidencia.

Pero cuando empiezan a aparecer funcionarios que se van porque sienten que no pueden hacer aquello para lo que fueron convocados, objetivos que no se cumplen y una ciudad que sigue esperando respuestas, ya no alcanza con esconder todo debajo de la alfombra de los “motivos personales”.

Hay que explicar.

Hay que hacerse cargo.

Y, sobre todo, hay que gestionar.

Porque al final de cada mes hay algo que nunca falta: el recibo de sueldo.

Lo que todavía falta saber es si, junto con ese recibo, los vecinos están recibiendo la gestión que están pagando.

ÚLTIMAS NOTICIAS
Te puede interesar
Lo más visto
PERIODISMO INDEPENDIENTE