Dinosaurios con plumas: el origen vivo de las aves

CIENCIA Agencia de Noticias del Interior
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  • Velociraptor fue un pequeño dinosaurio carnívoro, no un gigante como lo mostró el cine.
  • Los dromaeosaurios presentan claras similitudes anatómicas con las aves primitivas.
  • El hallazgo de fósiles con plumas en China cambió el debate científico.
  • Las plumas aparecieron antes del vuelo y cumplieron funciones como aislamiento y exhibición.
  • El vuelo fue una exaptación, no la función original de las plumas.
  • Las aves actuales son consideradas dinosaurios vivos por la paleontología moderna.

Durante décadas, la imagen popular de los dinosaurios estuvo dominada por criaturas cubiertas de escamas, feroces y alejadas de cualquier parecido con las aves actuales. Sin embargo, los avances de la paleontología en las últimas décadas modificaron de manera profunda esa representación. Entre los protagonistas de este cambio se encuentra el Velociraptor, un pequeño dinosaurio carnívoro que vivió hace unos 75 millones de años y que hoy ocupa un lugar central en la comprensión del vínculo evolutivo entre los dinosaurios y las aves.

Lejos de la figura gigantesca que popularizó el cine, el Velociraptor medía unos dos metros de longitud, pero apenas medio metro de altura. Pertenecía a la familia Dromaeosauridae, un grupo de dinosaurios de tamaño pequeño y mediano que comenzó a desarrollar rasgos claramente emparentados con los de las aves. Su esqueleto, especialmente la forma de las extremidades delanteras y de la cadera, presenta similitudes notables con el de Archaeopteryx, considerada el ave más primitiva conocida. Estas coincidencias anatómicas constituyen una de las pruebas más sólidas del estrecho parentesco entre ambos grupos.

Durante años, esta relación fue motivo de debate científico. Muchos investigadores sostenían que, de estar realmente emparentados con las aves, los dromaeosaurios deberían haber tenido plumas, algo que no aparecía reflejado en los registros fósiles. Esa objeción se mantuvo hasta 1999, cuando un descubrimiento en el noreste de China cambió el rumbo de la discusión. Allí se hallaron fósiles de dromaeosaurios con impresiones claras de plumaje, conservadas en rocas del Cretácico inferior. Desde entonces, nuevos hallazgos reforzaron la idea de que no solo algunos, sino probablemente todos los dromaeosaurios, incluido el Velociraptor, estaban cubiertos de plumas, aunque no las utilizaran para volar.

Este cambio de paradigma llevó a una revisión más amplia del aspecto y la biología de los dinosaurios. Hoy se sabe que muchos de ellos, especialmente los carnívoros pequeños, desarrollaron plumas hace al menos 150 millones de años. En sus primeras etapas, estas estructuras eran simples, similares al plumón, y con el tiempo se volvieron más complejas. Las extremidades delanteras también comenzaron a transformarse, adoptando formas que más tarde darían origen a las alas, aunque en la mayoría de los casos servían para equilibrarse, impulsarse en carrera o planear brevemente, no para el vuelo activo.

Las plumas, en efecto, no surgieron como una adaptación exclusiva al vuelo. Los estudios actuales indican que se trata de una exaptación: una estructura que evolucionó inicialmente para cumplir otras funciones y que más tarde fue reutilizada para volar. Las plumas son complejas formaciones de la piel, compuestas por un eje central llamado raquis, del que se desprenden barbas y bárbulas, organizadas en distintos tipos, desde el plumón hasta las plumas pennáceas. Esta diversidad estructural permitió múltiples usos antes de que el vuelo se convirtiera en una ventaja evolutiva decisiva.

Entre las funciones originales más probables se encuentra la regulación térmica. Al igual que el pelaje en los mamíferos, las plumas habrían ayudado a mantener la temperatura corporal, una ventaja crucial para animales activos. También pudieron cumplir un rol temprano en la exhibición sexual y el camuflaje, como sugieren los patrones de color conservados en algunos fósiles. Con el tiempo, estas mismas estructuras serían aprovechadas por un grupo particular de dinosaurios para conquistar el aire, dando origen a las aves.

Lejos de ser una curiosidad del pasado, esta transformación conceptual obliga a repensar la relación entre el presente y la prehistoria. Desde esta perspectiva, las aves no son descendientes lejanos de los dinosaurios, sino sus herederas directas. En otras palabras, los dinosaurios no se extinguieron por completo: siguen vivos, cada vez que un pájaro alza vuelo.

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