


En política, lo que no se dice en público suele gritarse en privado. Y eso es exactamente lo que ocurre en la relación entre el gobernador de Santa Fe, Maximiliano Pullaro, y el intendente de Rafaela, Leonardo Viotti. No hay comunicados oficiales, no hay declaraciones explosivas ni cruces en los medios. Pero existe un enfrentamiento no declarado que, según fuentes cercanas al mandatario provincial, es tan real como profundo.
Por una cuestión estrictamente institucional, Pullaro cuida las formas. Sabe que como gobernador no puede romper públicamente con un intendente de una de las ciudades más importantes del interior santafesino. Sin embargo, en la intimidad política no disimula su fastidio. “No voy a mover un dedo por él”, repite ante su círculo de confianza. La frase se escucha cada vez con más frecuencia y deja en claro que la distancia con Viotti ya no es solo política: es personal.
“Pullaro nunca le va a perdonar a Viotti que en la campaña a gobernador haya apoyado a Carolina Losada y lo haya tratado poco menos que de narcotraficante.”
En ese marco, el gobernador suele trazar comparaciones que funcionan como un mensaje interno dentro del radicalismo y del frente oficialista. Pullaro recuerda que tanto Viotti como el intendente de Venado Tuerto, Leonel Chiarella, partieron desde un punto de largada similar: mismas herramientas políticas, mismo respaldo provincial y una oportunidad histórica para consolidar liderazgos locales. Sin embargo, el resultado —según su mirada— fue muy distinto.
Mientras Chiarella se alineó sin matices al proyecto provincial y construyó una relación basada en la confianza y la disciplina política, Viotti quedó marcado por decisiones que Pullaro interpreta como gestos de autonomía mal entendida y falta de compromiso con la estrategia general. La comparación es recurrente y siempre desemboca en la misma sentencia: “En política la lealtad se paga con lealtad, y la traición con indiferencia”.
Ese principio parece ser hoy la brújula que guía el vínculo entre el gobernador y el intendente rafaelino. No habrá guerra abierta, pero tampoco habrá respaldo político. La indiferencia se transforma en castigo silencioso. En tiempos donde los gobernadores construyen poder proyectándose al plano nacional, Pullaro entiende que necesita intendentes alineados, no socios incómodos.
La interna expone además una tensión más profunda: quién interpreta mejor el momento político de Santa Fe y quién capitaliza el futuro. Para Pullaro, Chiarella representa el modelo de dirigente joven, fiel y funcional a un proyecto de largo plazo. Viotti, en cambio, aparece como el ejemplo de lo que ocurre cuando la sintonía política se rompe.
Así, sin declaraciones públicas ni comunicados oficiales, se consolida una grieta subterránea que atraviesa la política santafesina. Una grieta hecha de gestos mínimos, decisiones frías y frases repetidas en voz baja. Porque en la política real —la que se cocina fuera de los micrófonos— la lealtad no es un valor abstracto: es la moneda con la que se compra futuro. Y la indiferencia, el precio que se paga cuando se la pierde.






Aulas que se mueven: cómo las superficies interactivas redefinen el aprendizaje inclusivo



La nueva guerra de las baterías divide al mercado de smartphones






Longevidad bajo la lupa: cuando los genes pesan más, pero no lo dicen todo

Un arca genética en el desierto: Dubai apuesta por preservar la vida antes de su extinción

Apple apuesta por Gemini para relanzar Siri y redefine su estrategia en inteligencia artificial

El cáncer colorrectal se dispara entre jóvenes y alerta a especialistas en Estados Unidos

Polillas transgénicas desafían la hegemonía del ratón en los laboratorios










:format(webp):quality(40)/https://radiorafaelacdn.eleco.com.ar/media/2026/02/firma_para_la_prohibicion_de_lavacoches.jpg)



