Polillas transgénicas desafían la hegemonía del ratón en los laboratorios

CIENCIA Agencia de Noticias del Interior
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  • Los ratones han sido el modelo dominante por su alta similitud genética con los humanos.
  • La polilla de la cera comparte menos genes, pero posee un sistema inmune comparable al humano.
  • Científicos lograron crear las primeras polillas transgénicas con fluorescencia.
  • Permiten observar en tiempo real infecciones y respuesta a antibióticos.
  • Podrían acelerar estudios sobre resistencia antimicrobiana.
  • Su uso reduciría significativamente la experimentación con ratones en investigaciones de infecciones.

Durante décadas, el ratón ha sido el modelo experimental por excelencia en biomedicina. Su cercanía genética con los humanos —comparten entre el 95% y el 98% de los genes—, su rápido ciclo de vida y la posibilidad de manipular su genoma con precisión lo consolidaron como una herramienta central para estudiar enfermedades, probar tratamientos y comprender procesos biológicos complejos. Sin embargo, un nuevo competidor comienza a ganar terreno en los laboratorios: la polilla de la cera.

La especie Galleria mellonella, conocida comúnmente como polilla de la cera, podría convertirse en una alternativa relevante en la investigación de infecciones. Aunque a simple vista parezca distante del ser humano, comparte entre el 30% y el 40% de los genes funcionales básicos y, sobre todo, posee un sistema inmunitario innato con sorprendentes similitudes respecto del de los mamíferos.

Una de sus principales ventajas es que puede criarse a 37 grados Celsius, la temperatura corporal humana. Esta característica permite estudiar la interacción entre patógenos y huésped en condiciones térmicas equivalentes a las del organismo humano, algo que no ocurre con muchos otros modelos no mamíferos. Además, sus larvas muestran respuestas celulares frente a bacterias y hongos comparables a las observadas en modelos tradicionales.

Hasta ahora, el uso de esta polilla había estado limitado por la falta de herramientas genéticas avanzadas. Ese obstáculo comenzó a superarse con el trabajo de científicos de la Universidad de Exeter, que lograron crear las primeras polillas de cera modificadas genéticamente. Adaptando tecnologías empleadas previamente en la investigación con moscas de la fruta, desarrollaron ejemplares transgénicos capaces de expresar fluorescencia.

El avance abre un nuevo horizonte en el estudio de la resistencia a los antimicrobianos (RAM), considerada una de las mayores amenazas para la salud global. Las nuevas polillas modificadas brillan al ser infectadas y disminuyen su fluorescencia cuando los antibióticos resultan efectivos. De esta manera, permiten observar en tiempo real la evolución de una infección y la respuesta al tratamiento, ofreciendo una herramienta visual directa y dinámica.

Los investigadores destacan que la posibilidad de insertar, eliminar o modificar genes en este organismo habilita múltiples aplicaciones. Desde analizar mecanismos de inmunidad innata hasta desarrollar biosensores capaces de detectar infecciones tempranas, las polillas podrían convertirse en una plataforma ágil para ensayar nuevos compuestos antimicrobianos.

En ensayos preliminares, las larvas demostraron reaccionar ante patógenos humanos como Staphylococcus aureus —una bacteria asociada a infecciones hospitalarias— y el hongo Candida albicans. Esta capacidad refuerza su valor como modelo intermedio entre los cultivos celulares y los estudios en mamíferos, ofreciendo datos relevantes sin recurrir de manera inmediata a roedores.

El impacto potencial no se limita al plano científico. También plantea implicancias éticas y prácticas. Cada año se emplean miles de ratones en investigaciones vinculadas a infecciones. Solo en el Reino Unido, la cifra ronda los 100.000 ejemplares anuales en este campo específico. Si una proporción de esos estudios pudiera realizarse con polillas, la reducción en el uso de mamíferos sería significativa.

Sustituir incluso un 10% de los ensayos implicaría evitar la utilización de más de 10.000 ratones por año en un solo país. Replicado a escala global, el efecto sería considerable tanto en términos de bienestar animal como de costos y tiempos de investigación.

Lejos de desplazar por completo al ratón, las polillas de cera parecen posicionarse como una herramienta complementaria. Su facilidad de cría, menor costo y capacidad de modificación genética las convierten en un modelo escalable y eficiente para etapas iniciales de experimentación.

En un escenario donde la resistencia antimicrobiana exige respuestas rápidas y nuevas estrategias de desarrollo farmacológico, la irrupción de estos insectos transgénicos podría marcar un cambio de paradigma en la investigación biomédica.

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