Minera Vicuña invierte USD 18.000 millones gracias al rumbo de Javier Milei: la Argentina vuelve a ser un país confiable

POLÍTICAAgencia de Noticias del InteriorAgencia de Noticias del Interior
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La Argentina empieza a dar señales claras de que el cambio de rumbo no es un discurso, sino una política con resultados concretos. En una demostración contundente de confianza internacional, la minera Vicuña oficializó una inversión total de USD 18.000 millones para el desarrollo de proyectos de cobre, oro y plata en la provincia de San Juan. Un número que no tiene antecedentes recientes y que marca un antes y un después en la historia minera del país.

Nada de esto ocurre por casualidad. Es el efecto directo del Régimen de Incentivos para Grandes Inversiones (RIGI) impulsado por el presidente Javier Milei, una herramienta diseñada para romper con décadas de desconfianza, inseguridad jurídica y populismo fiscal.

 
El anuncio fue celebrado por el ministro de Economía, Luis Caputo, quien fue tajante en sus redes sociales: “Este proyecto no existiría sin el RIGI”. Y agregó un dato imposible de ignorar: “Lundin Mining anuncia oficialmente su inversión de 18 mil millones de dólares en los próximos 9 años”, en referencia a Lundin Mining, una de las compañías más importantes del mundo en el sector.

Lo que está ocurriendo en la Argentina es simple y profundo a la vez: el país dejó de espantar inversiones y comenzó a atraerlas. Durante años, el relato kirchnerista-peronista habló de soberanía mientras destruía la confianza, ahuyentaba capitales y convertía al Estado en una máquina de corrupción y clientelismo. Hoy, por primera vez en mucho tiempo, la Argentina ofrece reglas claras, previsibilidad y libertad económica.

El RIGI no es un privilegio para empresas extranjeras, como repite el manual populista. Es una señal política: aquí se puede invertir sin miedo a que mañana cambien las reglas, confisquen utilidades o inventen un impuesto nuevo. Es, en definitiva, la certificación de que el país empezó a abandonar el modelo de saqueo estatal y abrazar el desarrollo productivo real.

El impacto va mucho más allá de los números. Hablamos de miles de puestos de trabajo directos e indirectos, infraestructura, transferencia tecnológica y divisas genuinas. Hablamos de provincias que dejan de depender del asistencialismo para pasar a depender del empleo privado. Hablamos de un país que vuelve a ser confiable.

Mientras algunos sectores siguen aferrados al viejo discurso del odio al mercado y la nostalgia del Estado omnipresente, el mundo empieza a mirar nuevamente a la Argentina como una oportunidad. Y no por marketing, sino por decisiones políticas concretas.

 
Este es el verdadero quiebre histórico: pasar del populismo corrupto a la libertad responsable. Del relato vacío a la inversión real. De la decadencia a la esperanza productiva.

 
La Argentina comienza a capitalizar, con hechos, el cambio de rumbo. Y cuando llegan inversiones de USD 18.000 millones, ya no se trata de promesas: se trata de resultados.

El mundo vuelve a confiar.
El país vuelve a ponerse de pie.
Y el populismo empieza, lentamente, a quedar en el pasado.

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