


El hábito nocturno que puede mejorar tu salud y que los científicos recomiendan
SALUD Y NUTRICIÓN
Ana COHEN
Cada vez más investigaciones demuestran que no solo importa qué comemos, sino también en qué momento del día lo hacemos. En este contexto, la ciencia continúa encontrando evidencias de que respetar los ritmos biológicos del organismo puede tener un impacto positivo en la salud.
El llamado ritmo circadiano, que regula el ciclo natural de sueño y vigilia, desempeña un papel clave en el funcionamiento cardiovascular y metabólico. Cuando este reloj interno se mantiene sincronizado, el organismo puede gestionar mejor procesos fundamentales como la presión arterial, la frecuencia cardíaca y el control de la glucosa.
Mantener una buena salud cardiometabólica es esencial para reducir el riesgo de enfermedades crónicas como la diabetes tipo 2, el hígado graso no alcohólico y las enfermedades cardiovasculares. Por eso, los especialistas buscan estrategias sencillas que puedan incorporarse fácilmente a la rutina diaria.
Un estudio realizado por la Northwestern University, en Estados Unidos, encontró que dejar de comer y reducir la exposición a la luz durante las tres horas previas a dormir podría generar beneficios significativos para la salud.
Los resultados, publicados en la revista científica Arteriosclerosis, Thrombosis, and Vascular Biology, mostraron que adultos de mediana edad y mayores con riesgo elevado de padecer enfermedades cardiometabólicas experimentaron mejoras medibles al adoptar este hábito.
Beneficios para el corazón y el metabolismo
Según los investigadores, esta práctica permitió observar mejoras en distintos marcadores cardíacos y metabólicos tanto durante el sueño como al día siguiente.
La doctora Daniela Grimaldi, autora principal del trabajo, explicó que sincronizar el período de ayuno con los ciclos naturales de sueño y vigilia ayuda a mejorar la coordinación entre el corazón, el metabolismo y el descanso, tres sistemas que trabajan de manera conjunta para proteger la salud cardiovascular.
Por su parte, la doctora Phyllis Zee, directora del Centro de Medicina Circadiana y del Sueño de la universidad, destacó que no solo es importante la cantidad y calidad de los alimentos consumidos, sino también el horario en que se ingieren respecto del momento de dormir.
Los especialistas consideran que combinar la alimentación con restricción horaria y el descanso nocturno podría convertirse en una estrategia accesible y no farmacológica para mejorar la salud, especialmente en personas de mediana edad y adultos mayores.
Menor presión arterial y mejor control del azúcar en sangre
Uno de los hallazgos más relevantes fue que los participantes que dejaron de comer tres horas antes de acostarse y realizaron un ayuno nocturno de entre 13 y 16 horas registraron una reducción del 3,5% en la presión arterial nocturna y una disminución del 5% en la frecuencia cardíaca.
Además, presentaron un patrón cardiovascular más saludable, caracterizado por valores más elevados durante el día —cuando el cuerpo está activo— y una disminución durante la noche, cuando se encuentra en reposo.
Los beneficios también se observaron en el metabolismo de la glucosa. El estudio reveló que los participantes mejoraron el control del azúcar en sangre y mostraron una respuesta más eficiente del páncreas para liberar insulina, lo que favorece niveles de glucosa más estables a lo largo del día.
Para los investigadores, estos resultados refuerzan la idea de que evitar las comidas cercanas a la hora de dormir puede convertirse en una herramienta simple pero efectiva para mejorar la salud cardiovascular y metabólica.











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