La FIFA le puede quitar los puntos a Argentina: anoche jugó con un extraterrestre

OPINIÓN Por Carlos Zimerman

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Por Carlos Zimerman

No fue un partido normal. De ninguna manera.

Lo que ocurrió anoche sobre el césped obliga a abrir un expediente que seguramente recorrerá los pasillos de la FIFA, de la ONU, de la NASA y quizá también de alguna agencia interplanetaria que todavía desconocemos. Porque la Selección Argentina presentó entre sus filas a un jugador que, a esta altura, difícilmente pueda ser catalogado como un simple ser humano.

Su nombre figura en la planilla como Lionel Andrés Messi, pero cada vez son más las pruebas que indican que estamos frente a un visitante de otro planeta.

No existe otra explicación racional.

A pocos días de cumplir los 39 años, cuando cualquier futbolista mortal ya está contando anécdotas de vestuario o jugando partidos homenaje, Messi continúa haciendo cosas que desafían toda lógica deportiva, física y biológica.

Anoche volvió a ocurrir.

Mientras el resto de los futbolistas parecían moverse dentro de los límites normales de un partido de fútbol, él jugaba otro deporte. Uno que sólo existe en su cabeza y en algún rincón desconocido del universo.

Cada control, cada pase, cada gambeta y cada intervención parecían ejecutados con información que los demás jugadores todavía no habían recibido. Como si estuviera varios segundos adelantado al resto de la humanidad.

Por eso surge una pregunta inevitable.

¿Puede una selección competir en igualdad de condiciones cuando tiene en sus filas a un extraterrestre?

La FIFA debería investigarlo.

Porque lo de Lionel Messi ya no puede explicarse mediante entrenamientos, talento o experiencia. Eso quedó atrás hace muchos años. Lo suyo pertenece a otra dimensión.

Estamos hablando de un futbolista que disputa su sexto Mundial. Un jugador que lleva más de dos décadas maravillando al planeta y que, lejos de apagarse, sigue escribiendo capítulos que parecen imposibles incluso para la ciencia ficción.

Lo extraordinario es que el tiempo, ese rival que siempre termina ganando, parece haber decidido rendirse ante él.

Mientras otros envejecen, Messi sigue reinventándose.

Mientras otros recuerdan glorias pasadas, él continúa fabricándolas.

Mientras otros se despiden, él sigue haciendo historia.

Y eso fue exactamente lo que sucedió anoche.

Millones de argentinos celebraron otra actuación inolvidable del capitán. Pero la felicidad no quedó encerrada dentro de las fronteras nacionales.

Porque hace tiempo que Messi dejó de pertenecer únicamente a Argentina.

Pertenece al fútbol.

Pertenece al deporte.

Pertenece al patrimonio emocional de la humanidad.

En cada rincón del planeta hay alguien que se detiene a verlo jugar aunque vista otra camiseta, aunque hable otro idioma o aunque haya nacido a miles de kilómetros de Rosario.

Porque cuando juega Lionel Messi, el mundo entero mira.

Y cuando hace cosas como las de anoche, el mundo entero sonríe.

Tal vez algún día aparezcan documentos secretos que confirmen lo que millones sospechan desde hace años. Tal vez descubramos que una nave espacial aterrizó en Rosario décadas atrás y dejó entre nosotros a un niño destinado a cambiar para siempre la historia del fútbol.

Hasta que eso ocurra, la versión oficial seguirá diciendo que es argentino, rosarino y futbolista.

Pero después de lo que vimos anoche, cada vez cuesta más creerla.

Porque los seres humanos simplemente no hacen las cosas que hace Lionel Andrés Messi.

Los extraterrestres, quizás sí.

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