El gobierno de las buenas noticias que nadie escucha

OPINIÓN Ricardo ZIMERMAN

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Por RICARDO ZIMERMAN

x: @RicGusZim1

Hay un fenómeno curioso en la política. A veces los gobiernos fracasan porque no tienen resultados para mostrar. Otras veces los tienen, pero no logran que nadie los mire. La diferencia parece menor. No lo es. Porque en política la realidad no alcanza con existir: necesita ser percibida.

La administración de Javier Milei atraviesa precisamente ese dilema. Mientras los indicadores económicos ofrecen argumentos para el optimismo oficial, la conversación pública se desplaza hacia otro lugar. Y cuando eso ocurre durante semanas, incluso durante meses, deja de ser un problema de coyuntura para convertirse en un problema político.

El Gobierno exhibe números que hace un año parecían improbables. La inflación desacelera. El riesgo país perfora pisos que durante mucho tiempo parecieron inalcanzables. Los mercados internacionales observan con menos desconfianza a la Argentina. El equipo económico siente que está obteniendo la validación que buscaba. Sin embargo, el clima político no refleja ese estado de ánimo.

La explicación no está únicamente en la oposición ni en los medios ni en las redes sociales. Está, sobre todo, en una dificultad creciente para controlar la agenda.

Desde hace meses, la Casa Rosada parece dividida entre dos velocidades. Una es la del Ministerio de Economía, que avanza con un relato coherente, indicadores concretos y una hoja de ruta reconocible. La otra es la del resto de la estructura gubernamental, donde la gestión parece haberse vuelto más silenciosa, más defensiva y, en algunos casos, casi invisible.

La política tiene una regla elemental: cuando un gobierno no genera noticias propias, termina administrando las noticias ajenas.

Y eso es exactamente lo que parece estar ocurriendo.

El caso que involucra a Manuel Adorni terminó funcionando como una gigantesca aspiradora de atención pública. Lo llamativo no es solamente la intensidad del fenómeno. Los escándalos suelen tener intensidad. Lo verdaderamente extraño es su duración.

La mayoría de las controversias políticas siguen una curva conocida. Estallan, alcanzan un pico y luego se diluyen. La sociedad se cansa. Los medios encuentran otro tema. Las redes migran hacia una nueva indignación.

Aquí ocurrió algo distinto.

La polémica atravesó meses enteros sin desaparecer del radar. Cambió de forma, cambió de protagonistas secundarios, cambió de capítulos, pero nunca perdió completamente centralidad. Cada vez que parecía agotarse, reaparecía un nuevo elemento que la devolvía al centro de la conversación.

Para cualquier gobierno, ese escenario resulta especialmente incómodo. Porque obliga a convivir con una especie de ruido permanente que contamina incluso los anuncios positivos.

La consecuencia es visible. Cada iniciativa oficial parece quedar atrapada bajo una montaña de comentarios vinculados al mismo tema. Los anuncios existen. Pero son eclipsados.

En la Casa Rosada comenzaron a advertirlo hace tiempo. Por eso se multiplican los intentos de instalar medidas de gestión que permitan recuperar iniciativa política. El problema es que la comunicación de gobierno funciona como una bicicleta: necesita movimiento constante. Cuando se detiene, pierde equilibrio.

Durante los primeros meses de gestión, el oficialismo construyó gran parte de su fortaleza sobre una narrativa de combate permanente. Había enemigos visibles, disputas abiertas y un liderazgo presidencial que monopolizaba la atención pública.

Pero gobernar requiere otra etapa.

Llega un momento en que la épica del conflicto necesita complementarse con la narrativa de la gestión. Y allí aparecen las dificultades.

Algunos funcionarios admiten en privado algo que rara vez reconocen en público: existen áreas enteras del Estado donde cuesta encontrar novedades de impacto. No porque no trabajen. Sino porque la producción política y comunicacional parece haberse concentrado en pocos sectores.

El resultado es una paradoja inquietante. El Gobierno que llegó prometiendo dinamitar la vieja política corre el riesgo de quedar atrapado en uno de los problemas más tradicionales de la política argentina: la desconexión entre los logros de gestión y la percepción social.

La cuestión se vuelve más delicada porque el oficialismo considera que los resultados económicos constituyen la base de su legitimidad futura. Si esos resultados no ocupan el centro de la escena, el esfuerzo realizado pierde parte de su rendimiento político.

Por eso no sorprende la irritación que existe en algunos despachos económicos. Observan que los datos que ellos consideran históricos terminan relegados por episodios que, desde su perspectiva, tienen menor relevancia estructural.

Es una frustración comprensible. Pero también revela una verdad incómoda: las sociedades no consumen información según la importancia que le asignan los gobiernos. Consumen aquello que despierta interés, emoción o controversia.

Y en ese terreno la economía suele jugar en desventaja.

Un índice de inflación que baja genera alivio. Un escándalo genera conversación.

Un dato financiero produce análisis. Una polémica produce viralización.

La política moderna se mueve dentro de esa lógica.

La pregunta de fondo es si el Gobierno conseguirá revertirla. Porque una cosa es atravesar una etapa de ruido comunicacional. Otra muy distinta es permitir que ese ruido se transforme en el marco permanente desde el cual se interpreta toda la gestión.

Milei llegó al poder demostrando una enorme capacidad para dominar la conversación pública. Esa fue una de sus principales fortalezas. Hoy enfrenta un desafío diferente: lograr que la conversación vuelva a girar alrededor de aquello que considera sus éxitos y no de aquello que percibe como sus problemas.

La economía le ofrece argumentos. La política todavía no encuentra la manera de convertirlos en protagonismo.

Y mientras esa distancia persista, el Gobierno seguirá conviviendo con una contradicción cada vez más visible: celebrar números que mejoran mientras observa cómo la atención pública se dirige hacia otra parte.

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