Inflación en baja, alimentos en alza: la tensión persistente en el bolsillo

ECONOMÍA Agencia de Noticias del Interior
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  • La inflación de diciembre fue del 2,8% y el acumulado anual cerró en 31,5%, el menor en ocho años.
  • Fue el octavo mes consecutivo sin bajas mensuales y el nivel más alto desde abril.
  • Los alimentos siguen siendo el rubro más inestable y sensible para los hogares.
  • En enero, las verduras y los aceites lideraron las subas semanales.
  • En diciembre, frutas y carnes registraron aumentos de dos dígitos.
  • Pese a la desaceleración general, la volatilidad de los precios cotidianos persiste.

La inflación de diciembre cerró en 2,8% y dejó una foto ambigua del escenario económico. Por un lado, el acumulado de 2025 alcanzó el 31,5%, el nivel más bajo de los últimos ocho años y un dato que confirma la desaceleración del proceso inflacionario. Por otro, el último mes del año mostró la cifra mensual más elevada desde abril y marcó el octavo mes consecutivo sin retrocesos en el índice general. En ese contexto, hay un factor que se mantiene como el principal foco de preocupación: el comportamiento de los alimentos, el rubro que más impacto tiene en la vida cotidiana de los hogares.

Los relevamientos privados de enero ratifican esa dinámica. Según la consultora LCG, entre el 7 y el 14 de enero la inflación semanal de Alimentos y Bebidas fue del 0,5%. El dato, aunque moderado, refleja una fuerte dispersión interna. Las verduras explicaron el 36% del aumento semanal, con una suba promedio del 2,1%, mientras que los aceites treparon 1,9%. En sentido contrario, bebidas y lácteos mostraron bajas que amortiguaron el índice y restaron cerca de 0,7 puntos porcentuales a la inflación mensual proyectada.

Eco Go, en tanto, registró una variación algo más elevada para el mismo período, con un incremento semanal del 0,8%. Aun así, coincidió en identificar a las verduras frescas y congeladas como el principal motor de las subas, con alzas cercanas al 7%, seguidas por aceites y grasas (3,75%), la papa (3%) y las carnes, que avanzaron un 0,5%. La diferencia entre las mediciones no altera el diagnóstico común: los precios de los alimentos siguen mostrando movimientos bruscos y desiguales, con picos concentrados en productos sensibles.

Ese comportamiento contrasta con el cierre de diciembre, un mes atravesado por factores estacionales. En ese período, los alimentos y bebidas aumentaron 3,1%, por encima del promedio general, impulsados especialmente por la carne, que registró fuertes incrementos en las semanas previas a las fiestas de fin de año. De mantenerse la tendencia observada en enero, las proyecciones privadas anticipan una inflación mensual algo superior al 2% —Eco Go estima un 2,3%—, lo que implicaría una continuidad en la desaceleración, aunque sin una baja nominal clara.

El detalle de los precios de diciembre expone con nitidez esa tensión. Entre los productos que más aumentaron se destacaron frutas, verduras y cortes de carne. El limón encabezó la lista con una suba del 31,2%, seguido por la manzana deliciosa (+16,4%) y el asado (+13,5%). También mostraron incrementos relevantes el cuadril (+10,4%), la nalga (+9,9%), la naranja (+9,7%), el zapallo anco (+9,4%) y la carne picada común (+7,6%). Incluso productos básicos como el pan de mesa (+6,3%) y las hamburguesas congeladas (+4,6%) reflejaron aumentos significativos.

Al mismo tiempo, diciembre dejó caídas pronunciadas en algunos alimentos, sobre todo en verduras. El tomate redondo registró una baja del 33,7%, la cebolla retrocedió 3% y la papa cayó 1,1%. También hubo descensos en productos elaborados como el jamón cocido (-2,5%), la manteca (-0,6%) y el queso sardo (-0,1%). Estas bajas, sin embargo, no alcanzaron para compensar el impacto de los aumentos en los productos de mayor peso en la canasta básica.

El panorama que surge de estos datos es claro: la inflación general muestra señales de control y menor ritmo, pero la volatilidad en alimentos sigue siendo el principal desafío. Mientras los indicadores macroeconómicos celebran la desaceleración, el bolsillo cotidiano continúa expuesto a subas impredecibles, especialmente en productos frescos y carnes. Esa brecha entre los promedios y la experiencia diaria explica por qué, aun con índices más bajos, la percepción social de la inflación sigue siendo elevada.

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