Mercosur–Unión Europea: un acuerdo histórico que redefine el comercio y abre un nuevo escenario para la Argentina

ECONOMÍA Agencia de Noticias del Interior
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  • Reduce o elimina aranceles sobre cerca del 90% del comercio bilateral.
  • Crea un mercado de más de 720 millones de consumidores con alto poder adquisitivo.
  • Beneficia especialmente al agronegocio del Mercosur y a la industria europea.
  • Abre oportunidades para productos clave de la canasta exportadora argentina.
  • Plantea desafíos para sectores industriales sensibles frente a la competencia externa.
  • Puede impulsar nuevas inversiones europeas en la Argentina y la región.

Después de más de veinte años de negociaciones intermitentes, avances parciales y retrocesos condicionados por cambios políticos a ambos lados del Atlántico, el Mercosur y la Unión Europea firmaron finalmente el acuerdo de libre comercio que promete modificar de manera estructural el vínculo entre ambos bloques. El entendimiento fue rubricado en Asunción, en un acto cargado de simbolismo, y marca un punto de inflexión para una región sudamericana históricamente caracterizada por su bajo nivel de inserción internacional.

El pacto establece la reducción o eliminación gradual de aranceles sobre cerca del 90% de las exportaciones entre ambas regiones, además de reglas comunes para el comercio de servicios, mecanismos de resolución de controversias más flexibles y la posibilidad de aplicar salvaguardas bilaterales ante distorsiones de precios. En términos macroeconómicos, configura una zona de libre comercio que abarca a más de 720 millones de consumidores y un producto bruto combinado superior a los 24 billones de dólares.

Desde el lado del Mercosur, el acuerdo aparece como una oportunidad estratégica para reposicionar al bloque en un escenario global atravesado por la disputa comercial entre Estados Unidos y China. Para Europa, en tanto, representa una vía para garantizar el acceso estable a materias primas y alimentos, al tiempo que amplía mercados para su industria, especialmente la automotriz, la farmacéutica y la tecnológica.

La votación interna en la Unión Europea reflejó tensiones previsibles. Mientras 21 países respaldaron el tratado, Francia, Polonia, Austria, Hungría e Irlanda votaron en contra, preocupados por el impacto que la apertura podría tener sobre sus sectores agrícolas. Aun así, el respaldo mayoritario permitió avanzar con una iniciativa largamente postergada.

Los beneficios no serán homogéneos. En el Mercosur, el agronegocio aparece como el principal ganador. Salvo excepciones puntuales —como algunas cuotas de carne vacuna y aviar, azúcar y etanol—, la mayor parte de los productos agrícolas accederá al mercado europeo con arancel cero. Para países como la Argentina, esto implica una oportunidad inédita de expansión exportadora en un mercado de alto poder adquisitivo.

Del lado europeo, el sector automotriz es uno de los más favorecidos: el arancel del 35% que hoy grava a los vehículos importados desde ese bloque será eliminado de manera gradual. También se beneficiarán la maquinaria industrial, los electrodomésticos, el sector textil y las farmacéuticas. Esa apertura, sin embargo, genera inquietud en ramas sensibles de la industria argentina, como el calzado, el textil y la producción automotriz, que deberán enfrentar una competencia más intensa.

Especialistas en comercio internacional destacan la magnitud del mercado europeo. Se trata del mayor importador mundial de bienes y servicios, con compras externas que representan alrededor del 40% de su propio producto. En ese contexto, el acuerdo no sólo facilita el intercambio comercial, sino que también mejora las condiciones para atraer inversiones, dado que la experiencia internacional muestra que los capitales tienden a dirigirse hacia economías más abiertas y previsibles.

Para la Argentina, las oportunidades se concentran en el complejo agroindustrial. La baja de aranceles a la soja y sus derivados podría potenciar exportaciones de harina, pellets y aceite, hoy con una presencia marginal en Europa. También se abren expectativas para productos que prácticamente no accedían a ese mercado, como los porotos de soja, el biodiesel, el sorgo y, en menor medida, el maíz, aunque en este último caso la estrategia de Brasil será determinante.

El acuerdo también beneficia a las economías regionales. Arroz, miel, ajo, carnes, lácteos y cereales figuran entre los productos que podrían ampliar su participación en el comercio bilateral. A esto se suma un dato clave: la Unión Europea ya es el principal origen de la inversión extranjera directa en la Argentina, con cerca del 40% del stock total. La consolidación del tratado podría profundizar ese vínculo y acelerar nuevas inversiones productivas.

Más allá de los plazos y de los desafíos sectoriales, el acuerdo Mercosur–Unión Europea representa un cambio de paradigma. Para el bloque sudamericano, implica la posibilidad de dejar atrás un modelo de baja integración externa y avanzar hacia una inserción internacional más activa, en un mundo cada vez más fragmentado y competitivo.

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